Viajar al futuro

A pesar de la gente buena que allí vive, evito ir a Cuba a toda costa, y en los últimos años la cosa me había funcionado.  No tengo nada en contra de ese país caribeño, pero tampoco puedo esconder que su dictadura me parece vomitiva. Sin embargo, esta vez no tuve opción y volví.

La primera vez que estuve en La Habana tuve la misma sensación que la mayoría de sus visitantes… Viajar al pasado. Carros grandotes de los años cincuenta, electrodomésticos de 1900blanco y negro, casas coloniales con fachadas que se caen, silencio y miradas furtivas, desconfianza, internet intermitente y desesperadamente lento. En fin, todo eso que los curiosos admiran precisamente porque tienen la seguridad de un billete de regreso a la libertad y la fortuna de no dejar allí nada más que lo gastado bebiendo ron y comprando puros.

Porque la verdadera Cuba no es esa de las postales Varadero, tampoco la de las piscinas de los hoteles de lujo, ni ese país donde todo el mundo es feliz con una revolución absurda que los reprime, controla, encarcela, amenaza o los mata. La verdadera Cuba es la que persigue a Yoani Sánchez quien como puede describe la realidad de una forma admirable y obviamente mucho mejor que yo en estas líneas. La verdadera Cuba es esa de la que muchos huyen prefiriendo ser alimento de tiburones que permanecer en ella, la que te recibe en un aeropuerto que parece la entrada a una cárcel, con malas caras vestidas de verde que te miran dejándote claro que “calladito estás más guapo”. Esa en cuyas calles los más jóvenes se ven sometidos a vender su cuerpo al mejor postor que suele ser un viejo decrépito con suficientes fondos para darse un “homenaje” durante unos días a cambio de una lavadora o unos kilos de leche. Cuba es esa de los mercados cayéndose con la carne entera rodeada de moscas porque la gente no tiene dinero suficiente para comprarla.

Sin embargo, esta vez no sentí que viajaba al pasado, esta vez estaba viajando al futuro y eso me daba escalofrío. La Habana que vi la semana pasada es una ciudad mucho más moderna y limpia que antes. Claro, se nota la diferencia de los bolívares que han abandonado nuestros hospitales y universidades para mudarse a la cuna del “Coma-andante”, y no hablo del supremo intergaláctico, sino del de siempre.

Viajé al futuro caminando por las calles de La Habana como si se tratara de un calvario, viendo con tristeza e impotencia a las muchachitas de atractiva piel canela que terminarán siendo presa de viejos verdes con pasaporte extranjero. Sentí lástima por los seis aguacates que estaban a la venta en un tarantín del mercado y por las mujeres que deseaban que los comprara todos para venderme una bolsa por un peso.  Me acordé de Venezuela y vi a mi país en ese espejo.

Sentí rabia al recordar las carreras para comprar harina, la escasez de papel sanitario, las madres de muchos de nosotros marcadas como prisioneras de Auschwitz para comprar una bandeja de pollo o un litro de aceite. Pensé en que a mi rico, inmenso, desgraciado y despiadadamente saqueado país le espera la miseria, el racionamiento, la represión, el atraso, y la ridícula admiración de europeos resentidos a los que “la revolución” les parece el camino y una maravillosa forma de vida, pues todo lo viven desde sus casas donde beben frente a la chimenea ediciones especiales de ron, o peor aún, admiran la miseria ajena haciendo uso de una imaginación muy selectiva desde la espectacular habitación de un hotel de lujo con playa privada a lo largo de la isla.

Viajé al futuro y sentí terror de que nuestras niñas se conviertan en las nuevas jineteras del mundo, terror de tener que pagarle a un aprovechado para que le haga llegar comida, ropa o medicamentos a mi familia, terror de que estos saqueadores terminen de alcanzar su objetivo de convertir a Venezuela en una versión de Cuba, y no precisamente para acumular medallas olímpicas.

Terminé mi viaje abordando mi avión, deseando que la democracia o la muerte  (honestamente ya me da igual) terminen con el yugo que azota a los cubanos y también saquen de una vez a los que desde hace catorce años están aferrados al poder venezolano.

Mi avión despegó con mucha esperanza y poca paciencia… Destino: un  futuro diferente… La libertad.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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2 thoughts on “Viajar al futuro
  1. samuel

    De nuevo recibe mi gesto de admiraciòn por la manera como describes esta otra experiencia, que aunque personalmente me agobia y me ubica en ese suspenso combinado con terror y tristeza, espero como muchos que jamàs nos alcance. Aunque con ello estè siendo optimista por la experiencia que hemos vivido en estos ultimos quince años. La periodista Maria Elena Lavaud, en su libro, LA HABANA SIN TACONES, nos sumerge en ese mar de tristezas que el principal protagonista de esta descomposiciòn que vivimos, se atreviò a llamar, » el mar de la felicidad». Siempre has sido tan elocuente en cada una de tus publicaciones y aun así, particularmente me atrae «escucharte» una y otra vez. Nunca dejes de contarnos tus vivencias. Esta vez, es una alerta!. Mañana puede ser la descripciòn de la alegría,la belleza y la emociòn bajo tu òptica tan especial e interesante!. Dios te cuide, te proteja y alimente mas tu ingenio e inteligencia!

     
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  2. Francesco

    Grandioso pero lapidario!!!! Ojalá y estas reflexiones no se quedaran solo en un blog, sino compartirlas con otros. Gracias y Dios le bendiga

     
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