Mea culpa

Cuánto me gustaría escuchar de la boca de un ministro, un diputado, y por supuesto, del presidente “la culpa ha sido mía”.

Si se va la luz, la culpa es de una iguana, no de la falta de mantenimiento. Cuando la morgue se llena de víctimas del hampa, la culpa  es de nosotros que somos paranoicos y tenemos una sensación de inseguridad, no de las condiciones en las que trabaja una policía con sueldos miserables. Si el pueblo sale a la calle a exigir sus derechos, la culpa es de medios de comunicación terroristas que los impulsan a protestar, no del hambre que pasan a diario.

Si en las universidades hay disturbios, la culpa es de los profesores que son imperialistas, no de la falta de recursos ni mucho menos de los pistoleros infiltrados del partido  de gobierno. Si en las cárceles hay fiestas y mafias dignas de una película, la culpa es… De nadie, eso no pasa en las cárceles, eso es puro chisme, las cárceles son paraísos, por eso los reos se amotinan y mueren calcinados sin que nadie haga nada.

Si a un inocente lo encarcelan, la culpa es suya por haber expresado su opinión y no coincidir con la que al gobierno le conviene, la culpa no es de instituciones que no conocen el significado de la palabra independencia y creen que la Constitución es un librito pequeño para llevar en el bolsillo. Si los presos políticos ven evaporarse su vida tras las rejas sin que se tomen en cuenta las mínimas medidas humanitarias en caso de enfermedad, la culpa es de ellos por faltar al gobierno, la culpa no es de los jueces que con patrañas hicieron lo que les mandaron desde arriba.

Si ocurre una desgracia, la culpa es de un rayo, un palo de agua, un saboteador, pero nunca del que tiene la responsabilidad de evitarla, lo importante es que el show continúe.  Si una madre de familia y una niña mueren acribilladas por la Guardia Nacional, la culpa es de un “error” de decenas de balas, la culpa es de la señora por haber salido a la calle y de la niña por haber nacido, pero no del asesino que les disparó, ni del cómplice que lo puso en la calle a cuidar nada.

Si no hay harina de maíz la culpa es de nosotros que comemos mucho, si falta el papel sanitario, también es nuestra porque deberíamos limpiarnos con poco, la culpa es nuestra porque nos gusta hacer quedar mal al gobierno, la culpa no es del absurdo control de cambio que arruina a la empresa privada, ni de la falta de producción de las que una vez nacionalizadas han tenido que  cerrar.

Si alguien sufre un mal incurable, la culpa es de la CIA que le inoculó la enfermedad,  no de su estilo de vida, ni de la mala suerte. Si alguien lucha por su vida y  muere en un hospital que se está cayendo, la culpa es de los presidentes de 1958 a 1998,  no del gobierno que ha vendido el barril de petróleo al precio más caro de la historia y desapareció los reales. La culpa es del paciente por estar en la Lista Tascón en lugar de ser “revolucionario” para darse el lujo de tener un cheque en blanco y pagar a los mejores médicos del mundo en La Habana.

Si millones de personas protestan por un fraude electoral, la culpa es nuestra porque no sabemos perder, no de una institución con el 4F amarrado en el brazo, ni tampoco de un sistema de verificación a medida. Si se descubren hechos de corrupción, la culpa es el MOSSAD que se ha pasado años preparando un montaje, la culpa no es de los implicados que ni siquiera se investigan.

Si un hombre armado de valentía se enfrenta al aparato del Estado compuesto de tanto descaro como de petrodólares, y deja al descubierto toda la ineficiencia, la hipocresía, la demagogia y la corrupción,  la culpa es de los judíos, los extranjeros, los homosexuales, la clase media,  del imperio, de Los Simpson… En fin,  de otros.

Si un ignorante llega al poder a punta de dedo en lugar constitucionalmente,  la culpa es nuestra porque no respetamos la última voluntad de “el supremo intergaláctico eterno”, la culpa no es de los alcahuetes de turno. Si un país deja de ser democrático para convertirse en un parapeto, la culpa es de quien denuncia, no de quienes vienen de todas partes a celebrar y a llevarse su parte. Si un periodista es amenazado, despedido, sancionado con el cierre de su medio o incluso encarcelado, la culpa es suya por no repetir lo que dice el burro, el cerdo o el pájaro, la culpa no es de la guerra sin cuartel contra la libertad de expresión.

En definitiva cuando un país navega entre heces,  la culpa es nuestra porque no terminamos de indignarnos y no nos entregamos a luchar contra esta cuerda de enchufados miserables que siguen chupándonos la sangre y el petróleo. La culpa es nuestra por todas aquellas veces que salimos a una marcha bailando como si se tratara de una comparsa, por todas aquellas veces que fuimos a la playa y no a votar, por todas aquellas veces que dejamos que un uniforme analfabeta nos quitara la quincena, por todas aquellas veces que decidimos pagar para no hacer la cola, pagar para que nos sacaran rápido el pasaporte, la licencia, el RIF, el papel del registro, de la alcaldía, pagar para que nos pegaran el cable de la luz al poste, el de la televisión,  pagarle al contador para que declarara menos. La culpa es nuestra por todas aquellas veces que nos quitaron derechos y nos acostumbramos, por todas aquéllas veces  que nos comimos una luz, adelantamos por la derecha,  ignoramos el paso de peatones, estacionamos donde nos dio la gana, tiramos la basura por la ventana, nos hicimos los locos frente a un abuso y no defendimos a nuestro vecino.

Estoy hablando en plural porque de una u otra manera todos estamos en el mismo paquete, y por desgracia el paquete incluye a los honestos y a los que no lo son, a los vivos criollos y a los pendejos,  a los flojos y a los trabajadores. A los que pagamos y a los que nunca lo hicimos. Todos estamos en el mismo barco, VENEZUELA, y con esto  quiero animar a todos a que asumamos nuestras responsabilidades, nuestras culpas, espabilemos y acabemos ya con este circo de mala muerte que tenemos por gobierno, hagamos lo que sea necesario y no nos calemos más aplaudir ni al show ni a sus payasos. Que no esperemos más que asuman ningún tipo de responsabilidad porque lo único que están dispuestos a defender (así sea a punta de fusiles) son los miles de millones que nos han saqueado. No esperemos un “mea culpa” de su parte, y sigamos sin detenernos hasta que un tribunal internacional cumpla con su deber y por fin los declare CULPABLES.

Hagámoslo ya antes de que tengamos que decirle a nuestros hijos un día que existió un gran país llamado Venezuela, pero que ya no existe por nuestra culpa.

 

 

 

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “Mea culpa
  1. samuel

    Cuando uno se siente indefenso, desprotegido desde todo punto de vista, piensa lo mismo que tù. Sòlo que tù has desarrollado una capacidad de elocuencia que hasta podríamos nombrarte ministro con apenas un discurso. Porque no hace falta mas. Lo has dicho todo. Y es que no podemos ocultar esa verdad tan grande, que a veces hasta nos averguenza mostrar la cara ante el mundo. Todo lo que refieres forma parte de nuestra arrechera diaria para una gran mayoria. Tanto así, que arrechera ya es sinònimo de estrès en este pais. Sin dudas, que todos somos culpables. Todos somos complices de esta apatía perenne, de una abulia constante que nos mantiene adormecidos cual perezosos ante esta debacle sin fin. Quienes apreciamos tal situaciòn ya estamos envejeciendo y vivimos una etapa saturada de temores por la gran interrogante de si podremos referirles a las nuevas generaciones de la existencia de ese gran pais llamado Venezuela o si quienes hoy defienden este proceso, se adueñaràn del privilegio de contarlo al revès. Son esos personajes, que cuando comenzò esta pesadilla apenas contaban con diez, quince o veinte años y hoy ya tienen veinticinco, treinta y treinta y cinco. Ellos no han conocido nada diferente a lo que hoy vivimos y son agentes contaminantes de lo poco que queda de ese pais que una vez proyectò tanto progreso y nos llenò de gran orgullo en todas partes del planeta. Con esto, no quiero solapar nuestra responsabilidad, porque de que ello estè sucediendo, todos somos culpables porque nos dejamos arrebatar la sencillez, la humildad y la dignidad obsecados por la abundancia. Aquellos políticos de entonces, nos convirtieron en ciegos de una realidad que estos secuaces aprovecharon, y hoy dia es su mayor capital, su mejor activo politico. La ignorancia de tantos, les permite jugar con la esperanza de muchos. Hasta cuàndo serà efectiva esa estrategia?. Hay varios ejemplos en el mundo y conocemos su final. Roguemos porque el final de esta cruel historia que hoy se gesta, estè cerca. Si es así, esperaremos anhelantes tu regreso, pero para que te quedes!.Y ojalà estè yo, para escuchar de cerca tantas vivencias y anècdotas tuyas. Compartir contigo, siempre es una gratisima experiencia. Y bajo este sol, con la caricia de esta brisa y nuestra gracia venezolana, muchisimo mas!. Te felicito una vez mas, por hecernos sentir la realidad que vivimos, estando tan lejos. Es que esta gente, ha sido tan malèfica que nos ha hecho perder la capacidad del asombro y todo sigue pasando, ¡COMO SI NADA!. Dios te cuide!

     
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