Pa’ lante es pa’ allá

 

A veces recibes un golpe duro y tratas de seguir a pesar de ir cojeando por el dolor. Te cuesta, pero ahí vas tratando de erguirte poco a poco sin saber que un par de pasos más adelante te espera otro mazazo que te dejará sin aliento. Te duele tanto y tan profundamente que no te quedan fuerzas para seguir, ni siquiera para llorar.

Llega un momento en el que casi te acostumbras al dolor, no se trata de agarrarle el gustico (no lo tiene) sino de ir cojeando de la pierna derecha, sujetarte el costado izquierdo, caminar como Quasimodo y aunque sea de vez en cuando levantar la mirada para ver lo empinado que es el campo minado que te espera sin considerar que llevas una enorme piedra atada a tu quebrantada espalda.

El pecho duele, respirar duele, querer duele, continuar duele… Todo te duele. De pronto provoca mandarlo todo al carajo, dar media vuelta y rodar por la bajadita -“sigan sin mí, me quedo aquí”-. Pero no es esa tu naturaleza, tu instinto guerrero y la misma cojera te impiden dar marcha atrás. La “señora” que vive dentro de ti y sabe levantar la ceja mucho más que tú, te mira de reojo y desafiante te pregunta: “¿Eso es todo, ya está?”. Respondes que sí, que el lastre es muy pesado y a estas alturas nadie te quita lo bailado, pero vacilas y sigues haciendo un esfuerzo indescriptible, aguantando el dolor con la presión en el pecho y viendo por dónde pisar.

Dicen que la vida jamás te carga con más peso del que puedes soportar, y  tal vez sea un ejemplo este verano gris en el que el sol más espléndido del mundo no ha brillado para muchos, pero aún así ha salido cada día.  Algunos dicen que solo puedes con todo, pero se equivocan, a veces es necesario que alguien te ayude con la carga. Puede que la ayuda llegue sola o que no te quede ni voz para pedirla… Es entonces en el momento más oscuro en el que el cansancio no te deja hablar y el dolor no te deja ver bien, cuando tu mirada se cruza con otra y finalmente todo sale. Tu ángel guardián (que es tuyo porque tiene algo de mundano y viste de negro) te estrecha entre sus enormes brazos, te quita por completo el peso de encima y por fin te libera.

Todo tiene fin, los problemas se resuelven, los dolores se alivian, los abrazos dulces se diluyen. “Todo” es la clave, y todo pasa…

Oh dulce ángel guardián, no soy tan buena como para que me cuides el día entero todos los días, pero tampoco hace falta, basta con que de vez en cuando aparezcas, liberes mi espalda y me desnudes el alma.

Gracias a ese ángel de mirada celestial y cuerpo terrenal la “señora” ya no me mira de reojo porque sabe que cojeando por un lado o por los dos voy a continuar el camino, y aunque el sol siga quemando en lugar de brillar, el terreno se vuelva pantanoso o las minas compliquen la escalada obligándome a recalcular mil veces la ruta , no voy a abandonar.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

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Cerati, me equivoqué

 

Anoche cuando me vencía el sueño aparecías tú con tu mirada seductora y tu enigmática sonrisa. Yo quería quedarme durmiendo para seguir viéndote y olvidar la realidad que me despertaba por la presión de muchas lágrimas atascadas en el pecho. Alguna rebelde se escapa a ratos, pero las demás siguen allí acumulándose mientras yo sigo sin saber cuándo van a estallar.

Soy una egoísta y esta vez tengo las pruebas. Yo que en algún momento hasta deseé que te fueras de una vez, ahora no soporto saber que ha ocurrido de verdad. Buenos Aires ahora no sólo se ve, sino que es más susceptible porque su león más guerrero, su más divino porteño decidió quedarse a mirarla desde lo más alto.

 Te pedí que me llevaras con vos, pero no me hiciste caso, y te entiendo, allí donde estás hay lugar para pocos.

Desde hace un par de meses tengo un hueco que no he sido capaz de llenar con tus canciones a las que cada vez les subía más el volumen para no escuchar mis miedos. Desde ayer el hueco es más grande, y sé que será imposible llenarlo. Ahora te escucho sin miedos que ahuyentar, te escucho y nada más.

Hermoso, me equivoqué en todo, al desear que te fueras, al desear que volvieras, al desear lo que tal vez tú ya no deseabas. Creí que estaba preparada, que sería más fácil, que lo tenía asumido. Ningún esquema me sirve, ninguna palabra me consuela. Me equivoqué en todo, ni estaba lista, ni lo tenía asumido, ni es nada fácil. Contra toda racionalidad creí que algún día todos podríamos saber qué era eso que tanto te entretenía en tu sueño. ¿A quién quise engañar? Cuando uno ama, por más que lo intente no es racional.

 

Después de una larga siesta decidiste que era mejor seguir durmiendo, estabas cansado de tanto hacer… Te fuiste para que dejáramos de esperarte, y no sé cómo hacer para poder ir a buscarte.

Yo que siempre he dicho que no tengo corazón aquí sigo sintiendo el pecho apretado. Supongo que son sentimientos buscando escapar a falta de un lugar donde poder alojarse. ¿Dónde meto todo eso Gustavo Adrián? ¿Te lo llevo para que te lo lleves? En mi cuerpo hay un tsunami de tristeza porque se apagó esa pequeña lucecita que yo no miraba para no reconocer que estaba encendida, esa lucecita que se llamaba esperanza. Me tocará buscarte entre la multitud desde donde verás cuánto nos diste a tantos. Hermoso monstruo, no lo podés imaginar.

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Donde estoy hoy el sol brilla más que nunca pero no hay sombra que besar, todo es gris. Los colores santos y también los paganos te acompañan en tu viaje, cuando llegues a destino mándame alguno (mejor si es el de tus ojos).

Hoy es uno de esos días en los que odio la distancia, ni siquiera puedo ir a despedirte. A lo mejor la misma distancia me está compensando con tiempo porque ambos saben que lo necesito.

Creí que había crecido y sabía decir adiós, creí que podría hacerlo, pero en eso querido Gustavo Cerati, en eso también me equivoqué.

 

 

Fotos: cerati.com, web y La Nación.

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Las huellas de la revolución

 

Cuando nacimos una de las primeras cosas que nos hicieron fue empatucarnos de tinta los pies y plantar nuestras huellas en un cartoncito. Qué bonito, ya éramos parte del mundo. Años después cuando nos sacaron la cédula fue el turno de nuestras manos, nos empatucaron de tinta los dedos y nos dieron un cartoncito con un número que se supone nos metía en la cuenta de ciudadanos con derechos, y como éramos chiquitos, pocos deberes. Con la mayoría de edad uno de nuestros derechos era ir a votar, en la experiencia no podía faltar la empatucadita de tinta indeleble para estampar la huella en el cuaderno.

 

Salvo en el caso de los delincuentes, en pocas oportunidades íbamos a tener la necesidad de dejar nuestro sello de caracol en alguna parte. Y precisamente por la irresponsabilidad de muchos que se fueron a la playa, se quedaron viendo televisión en su casa o abusaron de su poder, diferentes procesos electorales dieron como resultado la República Bolivariana de lo Inverosímil, la misma que no demuestra adónde han ido a parar nuestros votos, pero que pretende hacernos creer que un kilo de harina de maíz dura un mes. En resumen, por la flojera de muchos, la insensatez de otros y la corrupción de muchos más, ahora tenemos un régimen que a punta de lujos no hace más que despilfarrar nuestro dinero, y como si fuera poco se cree con derecho a ir dándonos lecciones sobre cuántas arepas podemos comernos al día –como si nos las regalaran–.

Así pues el país más rico del mundo se convierte en un novedoso campo de concentración donde la gente trabaja duramente para ganar una miseria, se muere de mengua en los hospitales, es mutilada a falta de antibióticos, cumple el toque de queda impuesto por el hampa, se reserva el derecho a abrir la boca para no ser encarcelado, torturado o asesinado, y de paso, peregrina por los cuatro puntos cardinales buscando medicinas y alimentos evitando acercarse a unas fronteras cada vez más infranqueables debido al alambre de púas de la morosidad del Estado que ha ahuyentado a la mayoría de las aerolíneas que antes abundaban en nuestros aeropuertos, y al control horario impuesto por contrabandistas que simulan combatir a sus compinches. Confines que al ser cruzados demostrarían la facilidad de pagar con chapas antes que con nuestra moneda.

Según el régimen de Maduro la fórmula mágica para controlar la vergonzosa escasez que reina en el país es controlar lo que comemos igual que el tirano Castro hace con los cubanos, pero en plan moderno. Es decir, en lugar de solucionar el problema de la escasez en el país, el régimen derrochador pretende esconder las telarañas y los carteles de NO HAY –lo que más abunda en supermercados y farmacias– con máquinas captahuellas que en un año sin elecciones no harán más que aumentar los beneficios del enchufado que en su día también se llenó los bolsillos al ponerlas en los aeropuertos.

 

Venezolanos que quieran comer, pasen por aquí y posen su dedito… Es en este momento cuando me pongo bipolar porque no sé si partirme de risa o cortarme las venas. En un país en el que se va la luz a cada rato y todos los días, me quiere explicar el Comandante en Jefe de este DESASTRE, de dónde piensa sacar el soporte eléctrico para mantener encendidas esas máquinas. ¿Acaso el comandante supremo intergaláctico va a hacer el milagro de mantenerlas operativas encendiendo desde el más allá el dedo como E.T? ¿Vamos a seguir generando desempleo porque los supermercados siguen pelados y el control de lo que se compra o no lo llevan unos energúmenos uniformados de verde o rojo que primero se apartan lo que quieren para ellos? ¿Por qué para comprar harina uno tiene que comprar primero lo que a los supermercados bolivarianos se les antoje? ¿Por qué hay que tener carnet del partido de esta cuerda de incompetentes para poder llevar a casa un kilo de azúcar?  Unos peroles que no son capaces de funcionar correctamente en un proceso electoral, qué van a servir para estar en la línea de cajas de un establecimiento comercial.  Si son tan efectivos los controles ¿por qué no los utilizan para saber quién saca dólares de las arcas del Estado para rumbeárselos?

Utilizarán máquinas para controlarnos porque para el régimen todos los venezolanos (rodillita en tierra o no) somos culpables de cualquier cosa aunque no tenga cómo demostrarlo. Considerando que todos somos iguales, si ya nos catalogan de delincuentes por querer comprar a la vez harina de maíz y mantequilla, supongo que también Maduro y su combo son culpables de que tengamos que hacer cola para conseguirlo. Si para comprar un paquete de pañales tenemos que justificar con una Partida de Nacimiento la existencia de nuestro hijo, ¿dónde están los papelitos que justifican los 125 mil barriles de petróleo refinado que diariamente son regalados a Cuba?

 

Solamente me gustaría saber una cosita más ¿la maquinita estará programada para que podamos hacer “la señal de costumbre”? Es para ir limándonos las uñas porque creo que la del dedo medio es la única huella dactilar que los venezolanos estamos dispuestos a mostrarle a este régimen sinvergüenza.

Este injustificable racionamiento, además de una humillación para el país es una excusa más para seguir exprimiendo el dinero de la nación y repartirlo entre los amigotes de este despropósito sin precedentes.  Me gustaría llenarme los pies de tinta para plantar la huella de la soberana patada que se merece este régimen, pero como no hay jabón ni mucho menos agua en muchos hogares venezolanos, no quisiera generar más frustración entre quienes no podrían hacerlo.

Espero que después de tanto alboroto Venezuela no termine acostumbrándose a pasar por su particular y modernísima cartilla de racionamiento, así como cedió al “se robaron las elecciones”, a las colas, al NO HAY, y a pagar por el derecho a respirar allí donde todo apesta a putrefacción del siglo XXI. No quisiera que la sangre derramada por tantos venezolanos y los días de encierro y torturas que padecen los presos políticos terminen por perderse en una cola de lamentos y resignación. No quisiera que siguiéramos en este letargo infinito para que al final nos quede un país descuartizado como los cuerpos que “el hombre nuevo” ha puesto macabramente de moda en el país, porque esa responsabilidad sí que es indeleble de verdad.

A los que siguen pensando en el “Uh-Ah” y en el “no vale, no creo”, les recuerdo que las únicas huellas que esta “revolución” ha dejado en el país son las de la corrupción, la inseguridad, el fracaso y la miseria. No esperen a que una versión criolla del “ARBEIT MACHT FREI” sustituya al “BIENVENIDOS A VENEZUELA”. Piensen cuando les digan “ponga su dedo allí”  y no esperen a que la muerte se convierta en la forma más rápida de escapar de este yugo para reaccionar.

 Imágenes: Web, noticiascentro.com, el periodicovenezolano.com y Reuters.

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El sacrificio de Mary Gaby

 

Estos días no hemos parado de criticar el nombramiento de la hija del difunto intergaláctico como embajadora alterna ante la ONU, y creo que deberíamos ser un poquito agradecidos y reconocer que es la persona más indicada para representar a este régimen en una organización tan importante.

¿Quién más apropiada que María Gabriela Chávez para representar a un país sometido a los delirios de un presidente que ni siquiera sabe conjugar correctamente en castellano? ¿Acaso otra persona podría representar mejor esta Venezuela donde las instituciones están infestadas de hermanos, hijos, sobrinos, maridos, barraganas, primos y cuanto parentesco sirva para enchufar “donde hay” a quien conviene?

Mary Gaby ha demostrado de sobra su capacidad para resolver conflictos. Con solo abrir la boca es capaz de conseguir que echen de un restaurante a quien le diga lo que en este país “democrático” no debe. Su infinita ecuanimidad para soportar críticas es propia de los más experimentados miembros del cuerpo diplomático de cualquier nación, no son pocas las respuestas educadas y hasta cariñosas a sus detractores en las redes sociales.

Su brillante carrera como “Comunicadora Social” egresada de una universidad que le montó su papá porque en las de verdad no la admitieron (por racismo y clasismo, claro, no por expediente académico) es conocida por trabajar en los innumerables medios de comunicación públicos de este país donde todo el que quiere un programita aunque sea para recortar y pegar cartulinas, lo tiene.  Ella será de las pocas que utilice el traductor solo por no hacerle un feo a la Organización, pues es público y notorio que ha dedicado su vida a estudiar idiomas. Así lo demuestran sus innumerables viajes alrededor del mundo predicando la palabra del Socialismo del siglo XXI.

Como buena diplomática, sabe codearse con todo tipo de gente. Especialmente dictadores y faranduleros. Nosotros solamente la vemos con famosos porque nos gusta criticar, y porque ella cuida mucho la humildad de la gente del pueblo que prefiere llevar una vida discreta propia de los ideales socialistas. Algunas veces hasta ha tenido que pasar el amargo trago de asistir a algún concierto de artistas de fama internacional y puramente capitalistas, pero lo ha hecho por nosotros, para que nos demos cuenta de lo malos que son esos espectáculos y apreciemos más la cultura venezolana.

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Conoce perfectamente las penas de los venezolanos, esquiva huecos en las autopistas  –en autobús, porque no tiene carro –  hace su cola, pide número para cuando llegue la leche, vive rodeada de linternas porque en La Casona también se va a luz, y hasta tiene tatuada la firma de su padre (en la chequera, que ahí no duele) y por supuesto, hasta la gripe se la trata en los hospitales públicos.

¡Pobre muchacha! ¿Qué habrá hecho para que la castiguen así? Hay que ser despiadados, pudiendo mandarla a La Habana con el abuelo Fidel, o a Moscú para aprender de Putin, incluso a China. Bueno a China mejor no porque allí se siembra mucho arroz, y a Argentina menos, porque allí el arroz se quema… En fin, no nos desviemos, por qué castigarla mandándola a vivir a Nueva York donde por buenos que sean los hospitales no hay médicos de Barrio Adentro y mucho menos cirujanos plásticos capaces de retocarle el pecho o la nariz como a ella le gusta. ¿Por qué tanta maldad, por qué no mandarla a Ginebra?

¿Acaso no entienden la angustia que infinita de tener que vivir en la Gran Manzana esperando que después de preparar sus carpeticas marrones para pedir cupo CADIVI le liquiden algún día los dolaritos como hace tiempo esperan los estudiantes? ¿De qué va a vivir mientras? Pobre Mary Gaby, ir a parar a una ciudad llena de desalmados donde no habrá venezolano honesto capaz de darle alojamiento mientras le llegan los churupos. Porque como en el imperio sólo viven bichos malos y hediondos a azufre, es probable que sea ella el primer problema que la Delegación Venezolana incluya en el orden del día a los representantes ante las Naciones Unidas.

Incluso con sus amplios conocimientos de marxismo adquiridos paseando por Cuba como parte de su “especialización en Estudios Internacionales”, y sus dotes de paciencia, solidaridad y “amor del pueblo”, no puedo imaginar lo difícil que podría ser para una militante socialista que odia el imperialismo yanqui tener que vivir en Nueva York rodeada de todas esas tiendas de lujo donde supura el capitalismo más salvaje.

Cómo hará Mary Gaby para soportar vivir en Manhattan, un lugar que es de todo menos chévere. ¿Cómo hará para comunicarse si no encuentra WiFi gratis como en Sabana Grande? La pobre se verá obligada a deshacerse de su vergatario para utilizar uno de esos asquerosos teléfonos con una manzanita mordida. Aunque, supongo que le pegará una foto del “gigante” en el logo para sentir que sigue utilizando su telefonito socialista. Algunos ya lo han hecho tapando con una imagen de Gramsci la manzana de la tableta para luego sin problemas despotricar contra el imperio y el capitalismo (como debe ser).

Pobre muchacha, se nos va a morir de aburrimiento cuando mientras le retoquen el alisado japonés no escuche a las peluqueras hablándole de lo maravilloso que era el gigante supremo intergaláctico que les prometió una casita de la Misión Vivienda que siguen esperando. ¿Se imaginan el aburrimiento por vivir en una ciudad donde no hay que preocuparse por los robos, la escasez, ni por amanecer flotando sin cabeza en El Guaire? Cuánta nostalgia sentirá al mirar el horroroso y pestilente Hudson navegable y sin basura…

Debemos agradecerle a Mary Gaby el sacrificio que hace. Ella que es huérfana de profesión (porque otro oficio no se le conoce) y mártir por vocación, ahora tendrá que trabajar “de verdad” porque el destino, el nepotismo y la inmunidad diplomática así lo han decidido. Tendrá que sentarse allí ante la ONU donde puede que con suerte hasta un día la dejen hablar de Derechos Humanos y por fin logre demostrar todos sus conocimientos. Ella sabe mucho de eso, su padre como el principal violador de los derechos de los venezolanos, y el régimen de Maduro (que no se queda atrás) le deben haber dado un cursito exprés,  igual que el de Diplomacia y Derecho Internacional –que supongo ya está haciendo aunque sea online– . Además, en Cuba ve ejemplos cada vez que visita a su abuelo Fidel (que no debe estar tan contento como Cilia con el nombramiento).

Vete tranquila, nosotros los que somos huérfanos, viudas o hemos perdido a algún otro ser querido pero no nos ha dolido tanto como para sacarle provecho a su memoria, honraremos tu sacrificio deseando que regreses a tu patria grande a vivir como mereces y más pronto de lo que imaginas.

¡Gracias Mary Gaby!

Fotos: Reuters.

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La otra Venezuela

 

Ya sabemos que el país está dividido entre mil y una características que el régimen decidió ponernos dejándonos más llenos de etiquetas que camionetica de pasajeros. Son tantas que me da mucha flojera enumerarlas. Como sea, lo más relevante de esa división es que parecen existir –más bien coexistir– dos Venezuelas. Según las etiquetas que nos pusieron estamos (queramos o no) a un lado o al otro, y algunos – los  más raros – están padeciendo las desgracias de una pero alabando las maravillas de la otra, la Venezuela donde no viven.

Un amigo al que me conviene más leer porque cuando me habla me encojo y dejo de escucharlo para poder jugar en sus largas y oscuras pestañas, me escribió esto: “De cualquier modo, en este país es imposible escapar de las orillas. Ni siquiera uno tiene que decidir dónde ubicarse, te ubican ellos (con fulano, con el periódico tal, a la derecha…).”  Y con esa perla que en un dulce parpadeo me hizo recuperar mi tamaño y me trajo de vuelta a la realidad, pensé en la otra Venezuela. Esa de la que el régimen habla, a la que sus seguidores defienden, pero que yo no veo por ninguna parte.

En la otra Venezuela no falta comida, no hay hampa, el Guaire es navegable, no hay presos políticos, el transporte público funciona, la policía no es corrupta, los hospitales están a todo dar, el agua cristalina sale de los grifos con una potencia envidiable, la luz nunca se va, las calles no tienen huecos, las universidades tienen recursos, la justicia se ciñe a la Constitución, la industria produce, el turismo tiene los hoteles completos, los sueldos alcanzan, no hay desempleo, los chamos juegan en la calle, el alumbrado público es copiado por la Champs-Élysées. Los gobernantes son hombres preparados y sobre todo, muy honestos, las farmacias tienen de todo, los médicos no pasan trabajo, los periodistas pueden decir lo que les parece, los medios de comunicación públicos son de todos, la burocracia se ha reducido a su más mínima expresión, se respetan los Derechos Humanos, y un sinfín de maravillas más.

La otra Venezuela tiene solamente un problema, el ser ingenua y generosa como María la del Barrio. Dicen que la Venezuela de la cuarta, la de antes (la de siempre) es la villana de la novela, la odia, se mete con ella,  se junta con el imperio para complotar en su contra porque siente envidia de su belleza y no quiere que se quede con el millonario protagonista (Petróleo Alejandro). Dicen que la de la cuarta es una vieja rencorosa que no soporta los quince años de juventud de la otra Venezuela, no le gusta ver que todo es una nota, que todo es “cheverito”, que viva contenta bailando calipso en plan “El Callao tonight, Guasipati tomorrow night”. En fin, le da envidia que tengan patria, tanta que hasta la regalen a tajadas entre sus amigos y todo el que les caiga bien.

Me pregunto: ¿Dónde está el agujero negro por el que se entra a ese mundo paralelo que es la otra Venezuela? ¿Bastará con la cédula? Digo, porque el pasaporte no me lo han entregado. ¿Estará al final de algún arcoíris de los que se forman en el Ávila o los cerros valencianos? ¿Habrá que agarrarse duro a una chalana, navegar pacientemente y dejarse llevar río abajo por el Salto Ángel? ¿Será un mundo submarino como el de Bob Esponja y me toca buscar debajo de Cayo Pelón? ¿La puerta de entrada a la otra Venezuela quedará allá donde nace el Relámpago del Catatumbo?

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A falta de vuelos al extranjero y viendo que todo es tan “cheverito”, a lo mejor todo el mundo está dejando el pelero para vivir en esa otra Venezuela. Nosotros los pendejos que hacemos cola, vivimos rodeados de malandros, no encontramos remedios, vamos de funeral en funeral (si hay urnas, claro) pasamos roncha para los pañales, nos echamos poquito desodorante, rendimos el champú con agua, el pollo lo vemos por televisión y nos han robado hasta la forma de caminar, deberíamos irnos para allá. He estado viendo Venezolana de Televisión y de pana que ese país es un paraíso. ¿Quién quiere vivir en este desastre donde la inflación nos come, la inseguridad nos diezma y la lucha por vivir parece una mezcla de Los Gritos del Silencio y Mad Max? –Perdón por no usar cine moderno, pero yo soy mayorcita, ya saben –.

Si alguno de los habitantes de la otra Venezuela me está leyendo, le pido por favor que nos diga dónde está la puerta. Donde comen dos comen tres, y supongo que la infinita generosidad del millonario Petróleo Alejandro no tendrá problemas en hacernos el regalito de permitirnos vivir como viven allí sus gobernantes, amigos, y su estrella más internacional, el chamo Cheverito.

No es por nada malo, los que estamos en esta Venezuela que ya no es de la Cuarta República sino de cuarta categoría tirando más bien a décima, queremos mucho a nuestro país, pero también tenemos ganas de vivir en paz, así como viven en esa Venezuela de ensueño donde todo es chévere. Tenemos ganas de irnos de parranda y cantarle a nuestras madres “Ahí viene la cabra mocha…”.  Si la otra Venezuela de verdad existe y no es un parapeto más hecho con cartulina y pega de barrita como nos tiene acostumbrados el régimen que conocemos, hágannos la segunda de abrirnos la puerta y nos vamos todos para allá.

 

 

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Destino: El paraíso

 

Revisar tus papeles, reponer el neceser, confirmar que tienes por lo menos tres bolígrafos, recogerte el pelo en un moño, llenarte de máscara las pestañas, ponerte las perlas después del reloj, pintarte los labios, anudarte el pañuelo, ajustarte la falda, abotonarte la chaqueta, subirte a los tacones, agarrar tu maleta, volver a mirar tus papeles, guiñarte el ojo frente al espejo, dejar los problemas en el cajón de las llaves, cruzar el umbral de la puerta rumbo a tu próximo destino, y ponerte en MODO AVIÓN.

Esta vez podría ser una isla del Caribe, una ciudad cosmopolita o un lugar perdido que no figuraba en tu mapa de pendientes. Tu destino podría comenzar con un interminable embarque bajo el inclemente sol de agosto o una gélida madrugada de enero. Podría complicarse con retrasos imprevistos, o ir como la seda. Sudarás a chorros, se te congelará la nariz, o cambiarás de colores ante el comentario de un pasajero.

Te sentarás en tu sitio y por millonésima vez repasarás lo que debes hacer para salvar al mayor número de personas en la menor cantidad de tiempo posible. Sabes que te juegas la vida en cada despegue, en cada aterrizaje… Y en crucero también… No lo piensas mucho, no quieres pensar en lo que sufrirían tus padres, tu pareja, tus amigos o tus hijos. Tienes asumidos los riesgos de tu vocación pero te repites a ti misma: a mis amigos no, a mis compañeros no. Si acaso a mí, aunque mejor a ninguno.

En ese tubo de acero con alas caminarás más que un perdido. Con tu pesado carro irás de arriba a abajo y siempre cargada de infinita paciencia y una sonrisa. Entre una carrera y otra encontrarás un vasito lleno de agua, de café con espumita,  o de chocolates de colores para recuperar energía. Pero esta vez será diferente, esta vez no te los habrá puesto él.

Cargarás pesados cajones y esta vez él no aparecerá de la nada para ayudarte con una sola mano. Tendrás una charla amena, pero ya no será sobre palabras raras en ruso… Sentirás su presencia, te girarás en el galley porque te parecerá haberlo visto con ese tamañote donde no cabe su corazón, con esa espalda capaz de soportar el peso del mundo entero si con eso ayuda a un amigo,  con esos brazos siempre abiertos cuando la tristeza azotaba o la alegría ameritaba una celebración… Sentirás al ruso rondando por allí aunque ya no tengas la suerte de disfrutar de su compañía.  Te llenarás de valor, retocarás tu maquillaje y de nuevo saldrás al pasillo sonriendo como la última vez que se vieron. Pensarás que lo tienes cerca porque estás volando, mas no tan alto como él.

Tu ruso favorito sin saberlo tomó un vuelo con destino al paraíso. Le gustaba volar, y tú que también lo has hecho te preguntas a quién no.  Eres una mujer afortunada, una aeromoza afortunada, tanto como quienes tuvieron el gusto de conocerle, aprender de él, de contar con su amistad.

Tu ruso favorito una madrugada triste se convirtió en el más bonito de los polvos cósmicos, el cometario, ese que genera las lluvias de estrellas que se ven de cerca cuando atraviesas el Atlántico. Estrellas fugaces que se hacen dueñas de deseos que muchos esperan ver realizados.

Lo que yo deseo en este momento ya no es posible, tendré que adaptarme a las circunstancias. Deseo volver a volar contigo, así que intentaré aliviar este dolor con la esperanza de que alguna vez cuando me mueva con mi carro por el pasillo, sin pensarlo mire por la ventana y allí estés tú, sentadito en un ala sonriéndome mientras juegas con las nubes.

 

Rafa,  mi ruso favorito, nos vemos en el paraíso…

 

 

A Rafael Gasanaliev y a todos los que un día salieron de casa en modo avión y nunca regresaron.

 

Fotos: Gasanaliev y Gaínza.

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La incoherencia de los hipócritas

 

En el país con refranes para todo tipo de situaciones  – sin importar lo macabras que éstas sean – desde hace quince años vemos cómo la Ley del Embudo se ha convertido en el patrón de muchos hipócritas a los que les duele sólo lo que les conviene.

En Venezuela ocurre un asesinato cada veinte minutos, sí, leyeron bien, CADA VEINTE MINUTOS. Esos son al año más de 25000 seres humanos, casi el doble de habitantes de Jaca (España). Una cifra que en muertos equivaldría a declarar camposanto toda Cortona o Salsomaggiore Terme (Italia), incluso acabar dos veces con Malibú (EEUU), El Hierro (España) o casi tres con Formentera (España). Aquí cada quien  podrá usar su propio ejemplo según lo que tenga más cerca.

Que uno pertenezca a un determinado pedacito de tierra  no significa que tenga que hacerse el loco con lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, se supone que en esta pelota estamos para ayudarnos entre todos, aunque muchos todavía no lo han entendido. El caso es que los venezolanos no podemos ser claridad para la calle y oscuridad para la casa. Es decir, no podemos ir de espléndidos cortándonos las venas por lo que ocurre allá donde el diablo batió la gorra mientras nos hacemos los pendejos con el hedor de la sangre putrefacta que corre por nuestras calles.

Aquí no tiene importancia si pienso que a Israel se le está yendo la mano respondiendo a los ataques de una organización terrorista que utiliza a un pueblo como escudo humano, y a la que parece hay que tenerle piedad porque utiliza lo que el tráfico de armas le permite (por supuesto pretendiendo que no les respondan con la más avanzada tecnología bélica). Esta plomamentazón tiene que acabar porque un solo muerto es demasiado independientemente del punto del mapa donde duerme, de si le reza a Yahveh, Alá, Jesús, o como yo, no le reza a nadie.

Sin embargo, no escribo esto para caerle encima a quien ha decidido ponerse a un lado u otro del conflicto, escribo esto porque no soporto más la incoherencia y la hipocresía de esos venezolanos que la semana pasada tuvieron el tupé de salir a la calle a exigirle al mundo que cesen los ataques contra el pueblo palestino, pero se metieron la lengua en el fondo de sus bolsillos cuando el régimen de Maduro respaldó a su amigote Bashar al-Assad, el señor ese que también mata niños que juega garrote y le da con todo a los palestinos en Siria. ¿Qué pasa, acaso esos palestinos son de goma? ¿Es que los palestinos duelen solamente cuando son víctimas de quienes no son panitas del que manda en la tierra del ultrajado Simón? ¿Cómo es la vaina entonces? El pueblo palestino es oprimido pero si lo hace uno que nos cae bien, no importa. Esa es la filosofía de los hipócritas venezolanos que piden para los demás lo que no piden para su propia gente.

¿Cuándo salieron los militantes o dirigentes del PSUV a la calle para exigirle a Hugo Rafael que le pusiera un parao’ a la delincuencia que revienta las morgues venezolanas cada fin de semana? ¿Cuándo le han pedido a Nicolás que acabe con el hampa? Si lo han hecho, me pregunto si fue antes o después de la fiesta con orquesta y todo ofrecida en Miraflores para los “círculos de la paz”, la paz que llega pistola en mano, claro. ¿Cuándo el Gobierno Bolivariano se ha tomado el trabajo de pedirle a su embajador que, como país miembro del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Venezuela gestione la celebración de una sesión especial de este órgano, con carácter de urgencia para tratar la grave, masiva y sistemática violación de los derechos humanos de la población venezolana? ¿Lo hicieron con los sirios?

Me parece respetable que defiendan lo que mejor les parezca, pero tengan la decencia de ser COHERENTES. No se den golpes de pecho contra Israel mientras le pelan el diente a Al-Assad, no se rasguen las vestiduras por las muertes injustas generadas por misiles como si los baleados cada día en nuestras calles no valieran nada. No me vengan con solidaridad con los palestinos sólo cuando les conviene. Tengan la decencia defender causas justas de verdad, y no de convertirlas en tales a golpe de veleta. Si están con los palestinos ya están tardando en montar la protesta correspondiente contra Siria.

En definitiva, nadie va a tomarse en serio la solidaridad de un país que no se ocupa de quienes día a día padecen grandes desgracias producto de la irresponsabilidad y desidia de sus gobernantes. Poner el nombre de Venezuela en una protesta contra “la opresión en Palestina” no los va a convertir en humanistas ni mucho menos, simplemente va a demostrar lo soberanamente hipócritas que son. Adelante, enróllense el pañuelito al cuello, salgan a protestar por los bombardeos en Gaza, les garantizo que un misil no les va a caer. Y aunque espero que no pasen a formar parte de los 25000 muertos de este año (ni de los próximos) no les puedo garantizar que se salven del plomazo de un malandro. Cada veinte minutos gira la ruleta, y en Venezuela todos salimos de casa sabiendo que con el hampa al igual que con el Kino  “hoy te puede tocar a ti”.

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Lo que pienso de Pablo

 

Será que me estoy poniendo vieja o que he vivido mucho, no sé. Lo único claro para mí es que hay caminos por los que ya he transitado, cuentos que no me como y finales que ya conozco.

No voy a ser yo quien agarre a mi profesor de Geografía Política (sí, Pablo Iglesias me dio clases) como diana. Pongo las manos por delante diciendo que a mí “Pablito” – como le dicen algunos en la Facultad – no me cae mal, es más, me cae bien. Esto no es una cuestión personal. Y no hablo de su ideología, ni de la hazaña que pretenden lapidar los que se creían con el coroto “atado y bien atado”. Hablo de mi profesor;  ese con un programa bien estudiado y definido con un sistema de evaluación objetivo, una metodología correcta que no aburre, una madurez admirable para aceptar críticas,  una cercanía lo suficientemente amplia para romper –sin  generar abusos– la barrera del “yo profesor aquí y tú alumno allí”, y la decencia de reconocer el esfuerzo de quien trabaja una asignatura estudiando y no lamiéndole los pies al que evalúa (cosa que a algunos les gusta muchísimo).

En la vida universitaria uno encuentra de todo, desde prepotentes que creen que sus estudiantes se chupan el dedo y necesitan de un “gurú” que cobra derechos de autor, hasta señores profesores que te retan cada día enseñándote de verdad sin vender propaganda. Cada uno hijo de su padre, y pensando en los primeros muchos dirían que especialmente “de su madre”.  Hasta aquí voy a responder a la pregunta que muchos me han hecho sabiendo qué  he estado asistiendo –cuando el trabajo me lo permite– a clases con esa merecidamente llamada élite de estudiantes de Relaciones Internacionales que se pasea discretamente por el Campus de Somosaguas, el mismo lugar que en ocasiones ha sido escenario de hechos con los que a más de uno se nos cae la cara de vergüenza.

Es probable que muchos de los que comparten mis ideas y la lucha que cada día tanto lejos como “a pata e´ mingo” libro por mi querida y saqueada  Venezuela me caigan encima por decir esto, pero al César lo que es del César, Pablo ha sido un buen profesor y aunque no voté por él ni apruebo su relación con el régimen venezolano, eso no puedo negarlo.  Dicho esto, me toca hablar de la otra cara.

En España hay muchísima gente a la que nos produce más asco ver a través de un plasma el pelo teñido de Rajoy y su barba llena de canas que la melena de Pablo en una tertulia. A muchísima gente que compra calcetines en los supermercados, que sólo va de compras en las rebajas y que no come percebes en Navidad, le es mucho más simpático y cercano el muchacho de camisa blanca enrollada “a la italiana” si va formalito, o camiseta y jeans iguales a los que muchos llevan puestos en la cola del paro. A mucha gente harta de tanta corrupción le seduce la idea de que sangre joven renueve las instituciones de este país. El problema es que no es oro todo lo que brilla…

Creo que Pablo está vendiendo una moto que yo no quise comprarle a otro cuando la inexperiencia podía justificar caer en la trampa. Hay cosas en su programa que me recuerdan a esa mañana de 1998 en la que dije a mis padres “si ese tipo gana yo me voy del país”… El programa de su partido habla de cosas que se pueden poner en práctica en la infinitamente rica república bolibananera en la que Chávez fundó su reino y de la que salí huyendo bajo la incrédula y triste mirada de mis viejos poco tiempo después de esas elecciones de las que todavía estamos pagando las consecuencias. Porque en las colas que rodean los supermercados o los cadáveres baleados en el suelo de morgues que no dan para más, puede verse el resultado de la Revolución Bolivariana.

Creo que es conveniente decirle a todos esos que se están cebando con “el tipo de la coleta” que abran los ojos y sean menos viscerales. A Pablo le acompaña gente con un ego que se alimenta de la confrontación y de los ataques (especialmente de los ridículos). A su partido le favorece que se unan en su contra todos esos periodistas lametones que nos revuelven el estómago, todos esos políticos con un rabo de paja tan difícil de ocultar que se notaría menos si llevaran un cartelito de “corrupto” colgado a modo de letra escarlata, y especialmente todos esos que van de sabios pero que no tienen ni lejanamente los conocimientos de Politología que se adquieren en Somosaguas y más allá.

Entre todo el pelo que Pablo se recoge con una gomita, no hay ni uno solo de tonto. No lo subestimen, tampoco subestimen a la gente que con él trabaja. Podemos es un partido donde hay mucha gente preparada, no serán ellos los que nos hagan bajar la cabeza escuchándoles hablarle al mundo de una “relaxing cup de café con leche”. Hay gente profundamente honesta y con ganas de trabajar duro para contribuir a tener un país mejor, gente que vale mucho, que enriquecería a cualquier partido político y que no está dispuesta a que le vuelvan a engañar. Entre ellos, hay una muchacha a la que conozco bien (la única por la que meto la mano) trabajando de sol a sol y muy atenta a esos que no le gustan en el partido. Una amiga con la que no me voy a pelear por política.  Pero es igualmente cierto que en las filas del partido hay demagogos de esos que se llenan la boca diciendo cosas como que “hasta la llegada Chávez al poder los negros no podían estudiar en las universidades venezolanas” –por nombrar una de las mentiras más absurdas y bochornosas que he escuchado en mi vida–.  No es broma, en Podemos también hay gente a la que le gusta hablar pendejadas,  que no admite la diferencia de opiniones, se toma las objeciones como ataques personales, y que ante la desnudez de sus mentiras optan por jugar las tan desgastadas carticas del fascismo, capitalismo, burguesía, y ese etcétera en el que algunos se  sienten cómodos moviéndose para pescar la mayor cantidad de aplausos fáciles posibles.

Hace justo un par de semanas Luis Carlos Díaz, un joven y reconocido periodista venezolano dijo en twitter: “Hola, España. En política venimos del futuro. Toda mala prensa que hagáis de Podemos se os va a revertir”.  Debo agregar que el futuro del que venimos es vergonzoso, lamentable y miserable, como poco. Créannos, ese no es el camino. Lapidar a Pablo Iglesias gratuitamente no es lo que hace falta para que a Podemos se le caiga la máscara  igual que se le ha caído a muchos más. Déjenlos hablar, dejen que les crezcan los enanos, dejen que tengan que aclarar una y otra vez cada metida de pata, que se los coma la realidad cuando vean que la chequera no tiene fondos. Dejen que la moto pare de echar humo y no arranque, que los numerosos militantes y votantes que realmente valen la pena comiencen a pedir explicaciones y prefieran dejarla tirada antes que llevarla en hombros.

Es inútil atacarles gratuitamente. Y a los votantes les pido por favor que se vean en el espejo de la ingenuidad de un país que creyó que la salida de la corrupción reinante pasaba por firmarle a un lobo disfrazado de cordero un cheque en blanco del banco de los petrodólares infinitos. Porque si se les ha olvidado –y perdón porque sé que me estoy repitiendo con esto–  antes de que destrocen las Canarias, recuerden que España  no tiene ese banco con bóvedas repletas de un inmenso barril sin fondo lleno de petróleo. Recuerden que un país no progresa con habichuelas mágicas en forma de Constituyentes a medida, ni con culpar al capitalismo o al imperio, tampoco de modelos que han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Tengan mucho cuidado, no caminen a ciegas detrás de nadie, no vayan a volverse locos creyendo que controlar los medios de comunicación va a servir sólo para lo que les dicen y les conviene. Y por favor, por lo que más quieran estén alertas, ni se les ocurra abrirle la puerta a la violencia venga de donde venga,  tener una pistola bajo la almohada no los va a convertir en ciudadanos más libres o autosuficientes, lo más seguro es que el día que quieran usarla, sean ustedes los primeros en tragarse las balas. Hablo en serio, no le abran la puerta a la violencia, nosotros en quince años no hemos podido cerrarla. No crean que exagero, ni caigan en el “esto no va a pasar aquí, España no es Venezuela”. Nosotros ya dijimos lo mismo hace muchos años: “esto no va  a pasar aquí, Venezuela no es Cuba”… Millones de venezolanos votaron pensando en castigar sin saber que esos votos terminarían por castigarnos a todos. No defiendo el bipartidismo, mucho menos la corrupción, simplemente remuevo mucho la cabeza cuando veo que alguien quiere vendarme los ojos.

Que haya gente preparada para relevar a tanto dinosaurio político es necesario para el progreso de un país, pero también es necesario estar atentos y no dejarse deslumbrar por la melodía de un moderno flautista de Hamelín que puede hacer mucho daño independientemente de la ideología. Ningún partido es perfecto y ningún candidato un Mesías. Si Pablo y sus votantes asumen que España no está para experimentar revoluciones fracasadas y caducas financiadas con un dinero que aquí no hay, es probable que le dé un giro importante a su proyecto, un giro que los lleve lejos de la decepción que representa para muchos indignados el fenómeno italiano encabezado por Beppe Grillo, un monstruo mediático que no ha parado de pelearse con el mundo y poco ha conseguido. Pero para eso hace falta por su parte que pare ya de hablar de “la casta”,  y sobran por parte de la prensa fanática los ataques absurdos y exagerados que simplemente le están haciendo el gran favor de pagarle la mejor campaña publicitaria de la historia política española.

Ah, otra cosa, expropiar es robar.

 

Gracias Óscar Yánes, dondequiera que estés…

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Querida Beatriz Montañez:

Debo decir que a mi edad pocas cosas me sorprenden, pero eso no significa que me agraden. Desde que te vi hace años en El Intermedio me pareció que eras una mujer inteligente, cosa que valoro mucho más porque no soporto a los que creen que con ser guapa es suficiente.

Cuando Pablo Iglesias dijo que iba al programa en el que ahora estás, le dije que yo lo había visto una vez y que se amarrara los pantalones. Nunca supe qué pasó, no lo vi pero espero que la entrevista fuera más allá de las tonterías que salvo contadas excepciones caracterizan a esa cadena que de no ser por el puntico en relieve para guiarme en la oscuridad, ya habría desaparecido del mando de mi televisor.

Esta mañana una amiga y periodista venezolana colgó el momento en que el SEÑOR Bertín Osborne hizo gala  de su condición de “venezolano de corazón”, de sentido común y de un gran respeto por los que pasamos o tenemos una familia que padece esa democracia que desconoces y que por desgracia no supiste defender, pues a medida que hablabas caías en eso que los venezolanos llamamos “un arroz con mango” que ni tú misma entendías. La insistencia sin mayores datos hizo mucho por dejar en evidencia tu defensa, situación que los venezolanos definimos con una maravillosa frase: “no aclares que oscureces”.

Obviamente eres libre de defender a quien mejor te parezca, y me extraña que desperdiciaras la oportunidad de averiguar con Bertín Osborne, incluso con Pedro Zerolo – ese programa sí lo vi – sobre la verdadera situación de la democracia venezolana.

En esa democracia hay estudiantes encarcelados en retenes que hacen parecer parques infantiles a los de “Encarcelados”, y no están allí por delinquir sino por protestar. Hay periodistas perseguidos, programas de televisión cancelados por presiones del gobierno (pregúntale al presentador Luis Chataing –el afectado más reciente–) o que no han sido emitidos por la autocensura de las cadenas privadas que quedan. En esa democracia ejemplar nuestras madres tienen que hacer horas de cola para comprar comida, peregrinar por supermercados porque donde hay aceite no hay harina, y donde hay harina no hay pollo. En esa democracia admirable este fin de semana entraron a un quirófano y mataron a dos personas. Sí, a un quirófano querida Beatriz.

Yo no te voy a pedir como Bertín Osborne que vayas a Venezuela, porque para eso tendría que pedirte que contrates a un escolta para que no te maten al llegar como hace poco ocurrió a un alemán que llevaba menos de doce horas en Caracas y al que un charco de sangre lo bañaba bajo el cartel de “BIENVENIDOS” en uno de los mejores hoteles de la ciudad.  No vas a ver demasiado porque para saber lo que pasa en Venezuela hace falta mucho más que moverse bajo la obligatoria seguridad que te proporcionaría tu cadena si te mandara a vivir la experiencia.  Tampoco te voy a pedir que vayas porque tendrías que llevarte en la maleta toallitas o papel sanitario porque es posible que el hotel te lo racione porque no hay, también tendrías que llevarte un par de velas para cuando se vaya la luz, y a lo mejor un garrafón de agua por si acaso se va justo cuando te estés lavando tu maravilloso pelo.

En la maleta además tendrías que meter un montón de medicinas como hacemos todos los que vamos porque hace tiempo de este lado del charco hay redes de recolección de medicamentos para ayudar a diabéticos, embarazadas, enfermos de cáncer y un largo etcétera de pacientes que en la farmacia lo único que encuentran es el cartelito de “NO HAY”.  A lo mejor incluso tendrías que hacer espacio por si alguien te pide el favor de llevarle pañales a algún familiar con niños pequeños.

Conozco a Pablo Iglesias y a más gente de su partido, en Venezuela también los conocen y te aseguro que no hace falta que ofrezcas mil euros para encontrar declaraciones. Tira de amigos en los medios, consulta youtube, podrás hacerte un collar con tantas perlas. Es más, los mil euros no los quiero, puedes usarlos comprando aquí harina de maíz, pañales, leche, medicinas, jabón, toallas sanitarias y los mandas a Venezuela a ver si le alegras el día a uno de esos malagradecidos a los que no les basta la patria para llenarse la barriga o darse una ducha.

Sigo  pensando que eres una mujer inteligente, y como tal supongo que después del programa te habrás tomado la molestia de averiguar si es verdad lo que dijo Bertín en su estilo y quedándose corto porque a pesar de su evidente enfado y de que tampoco debió gritar, no iba con ganas de pelear.

Una cosa más, otro día no te lo tomes tan a pecho. No grites, no te vuelvas loca, no pierdas los papeles, porque más allá de tu absurda e indocumentada defensa lo más absurdo fue tu reacción. Querida Beatriz, los que hemos pegado carreras para poder hacer mercado (la compra) los que hemos tenido una 9mm en la sien, los que hemos perdido a familiares y amigos a manos del hampa, los que hemos sido matraqueados por malandros con o sin uniforme, los que tenemos amigos presos, los que hemos recorrido decenas de cajeros para reunir el rescate de un secuestro exprés, los que hemos tenido que abandonar a nuestras familias, los que no tenemos espacio en los medios de comunicación públicos – y vemos censurados los privados– los que elegimos alcaldes que el régimen encarcela y destituye porque sí, en fin, los que llevamos quince años en este calvario padeciendo las maravillas de la democracia de la que hablas somos nosotros, no tú. No te enerves, aprende de Pablo.

Ojalá se acabe pronto ese régimen tan democrático en el que no podrías darte el lujo de despotricar en contra como – con razones de sobra –  siguen haciendo tus ex compañeros, para que cuando recuperemos nuestro país y nuestra libertad puedas darte el lujo de ir a Venezuela y conocer las maravillas que ahora yacen bajo la miseria que nos inunda y la sangre que no para de derramarse. Ese día los mil euros los pondré yo para que te pegues unas mini vacaciones sin miedo a no sobrevivir para contarlo.

Tal vez debería disculparme por no escribirle una carta a Bertín Osborne, pero prefiero encontrármelo un día para darle las gracias… Sólo espero que no sea en la cola para comprar leche.

http://www.telecinco.es/hableconellasentelecinco/programas/t01xp13/Bertin_Osborne-_Beatriz_Montanez_2_1820730021.html

Video: Telecinco

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Cambio de nombre

 

Venezuela hace quince años pasó de ser el morrocoy de la IV República al que el cachicamo de la propaganda, lo accesorio y lo innecesario llamaba “conchúo”, a un reino con heredero, todos los lujos que los petrodólares pueden comprar, y una corte llena de bufones que en lugar de risa dan ganas de llorar.

Este país sometido al régimen de los mediocres se ha convertido en una especie de gran Registro Civil donde cambiar el nombre de las cosas – mientras más ridículo, mejor – parece ser lo más importante para presumir de lo que se carece.

Pasamos de República de Venezuela a República Bolivariana de Venezuela, como si eso nos hiciera más bolivarianos. Nos clavaron una estrella más en la bandera porque parece que nos hacía más venezolanos. Pusieron al caballo de nuestro escudo a correr para otro lado, el pobre iba hacia adelante y lo voltearon en dirección al  barranco. De tener Bolívar pasamos al Bolívar Fuerte, una moneda que de fuerte sólo tiene el mamonazo que se metió con tanta devaluación. Los Ministerios se multiplicaron y se convirtieron en Ministerios del Poder Popular del blablablá. Se preguntarán qué tienen de poder, pues el de robar ¿y de popular? que es una práctica normal. Al Ávila le pusieron un nombre que ni ellos mismos saben pronunciar, como si llamándose Waraira Repano íbamos a quererlo más.

Los reclusos de las cárceles donde se montan fiestas sólo comparables con las del Palacio de Miraflores – especialmente por la calaña de los invitados – pasaron a llamarse “privados de libertad”, como si eso los salvara del hacinamiento o de las carnicerías entre PRANES y les proporcionara dignidad o por lo menos las tres comidas diarias.

Los programas sociales pasaron a llamarse “Misiones” aunque podrían haberlos llamado “CoMisiones” por todo lo que se desaparece antes de llegar a sus destinatarios.

A las protestas las llaman golpismo. A los golpes de Estado que perpetraron ellos los llaman fiestas nacionales. A los asesinos les llaman “colectivos de paz”. A los opositores, terroristas o magnicidas. A la ineptitud, conspiración. Al robo, expropiación. A la represión, orden. A la tortura, trato excesivo. Al gas verde, gas del bueno. A las órdenes para asesinar, ataques fulminantes. A la violación de la Constitución imponiéndonos un presidente lo llaman “última voluntad”. A un parapeto, auditoría.

La persecución ahora se llama justicia. Los chulos, países amigos. A nuestros negros de toda la vida los llaman afrodescendientes, como si para tratarnos entre hermanos tuviéramos que sacar el ADN de nuestros tatarabuelos. Al engaño mayor, Comandante Supremo. A la violencia, sensación. A la disidencia, ataque. A la libertad de expresión, manipulación o matriz de opinión. A la mentira no le han encontrado nombre – especialmente cuando queda al descubierto –. A la escasez, acaparamiento. A la devaluación, SICAD I, II, III y los que hagan falta. A la falta de mantenimiento de las infraestructuras, sabotaje. A la desgracia, show. A los que salen de sus filas y cuentan cómo se reparten el botín, traidores. A la jaladera de mecate, periodismo. Al descaro sin precedentes lo llaman Consejo Nacional Electoral. A la manipulación la llaman Cadena Nacional de Radio y Televisión.  A la habladera de gamelote, trabajar. A las guerras internas las llaman reestructuración de gobierno.

A la corrupción e ineptitud que pudren nuestras instituciones la llaman revolución bolivariana, como si involucrar al pobre Simón los librara de toda sospecha. Asfixiar a la empresa privada tiene el nombre de ofensiva económica. A la regaladera la llaman solidaridad. A los injustificablemente inútiles los llaman Viceministros.  A los que no son capaces de ganar elecciones los nombran Jefes de Gobierno. A las Fuerzas Armadas, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a la Guardia Nacional, Guardia Nacional Bolivariana ¿Para qué? Para que suene más patriótico lamerle las botas al régimen y matar al pueblo  – su nueva misión –.  Al Estado Mérida (ese de los simpáticos muchachitos andinos) ahora lo van llamar Estado Bolivariano de Mérida, como si cambiándole el nombre consiguieran cambiar el carácter de los gochos.

Con la cantidad de muertos que tenemos cada día, me pregunto qué espera el régimen para llamar a nuestras morgues algo como “Llegadero de las Víctimas de la Revolución Bolivariana” o “Depósito de Cadáveres Comandante Supremo Hugo Chávez”. Y pintarlas de rojo (ya saben, el clásico despliegue de ordinariez) ponerles banderas de ocho estrellas, o decorarlas con ojitos de esos que abundan en las calles de Caracas. O de pronto ponerles un mural del corazón del pueblo tan grande como el dolor de las madres que recogen allí los restos de sus hijos. También podrían instalar cámaras de VTV para que transmitan durante las 24 horas lo que allí ocurre y asignarle su respectivo intérprete en lenguaje de signos para que nadie se quede sin saber cómo se desgarran los familiares que no consiguen urnas en las funerarias,  o lo que es peor, que ni siquiera tienen con qué pagar un entierro.  Estoy convencida de que las morgues de este país son las únicas que merecen que se les ponga en letras gigantes el nombre del principal responsable de esta mortandad. Y como el cinismo y el ego de este régimen malandro es tan grande, seguro que hasta se toman la molestia de hacer una inauguración a ritmo de salsa (el réquiem que le gusta dedicarnos).

A los que hacemos cola para comprar comida o ser atendidos en un hospital, a los que mendigamos en las redes sociales para conseguir medicinas, esperamos horas para ver si nos despachan una bombona de gas, nos quedamos sin agua o si nos llega no podemos beberla porque la que corre por nuestras cloacas parece más limpia y huele menos feo. A los que nos movemos con mil ojos esperando que nuestra mirada no tropiece con el cañón de un arma de fuego, mentamos madres cada vez que se va la luz, perdimos a un ser querido a manos de la violencia, o hemos visto a nuestras familias y amigos desparramarse por el mundo.  Sí, a nosotros que antes nos llamábamos y nos llamaban venezolanos, en el mundo también nos cambiaron el nombre. Nos llaman PENDEJOS por habernos dejado montar la pata. Y a juzgar por el camino que llevamos, aunque muchos nos resistimos parece que otros tantos ya se acostumbraron.

Yo por si acaso dejo aquí escrito que me llamo Yedzenia, no vaya a ser que en medio de una patada de ahogado (de las que cada vez son más frecuentes) un día por decreto todas tengamos que llamarnos Rosinés.

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