Antes de volar…

Hay gente que  cuando  está en un lugar donde sabe que habrá personal a su servicio se confunde y cree que tendrá sirvientes. Pasa en los restaurantes, tiendas, cines, y por supuesto en los aviones.

Esos maleducados que suben a bordo sin responder los “buenos días”,  sin mirar a los ojos,  parece que se ponen de acuerdo para viajar en verano y los puentes, incluso parece que deciden juntos el destino donde pasarán sus vacaciones haciendo gala de su prepotencia y descortesía desmedida. Esos que creen que tienen mayordomo con frac y todo son la muestra más evidente no sólo de que nunca han tenido uno, sino de que nunca lo tendrán. Tocan el timbre y al atenderlos no saben qué pedir, dan órdenes, gritan, te agarran por detrás, te tiran de la falda, interrumpen mientras estás atendiendo a otro, silban para llamar la atención, chasquean los dedos, en fin… Todo menos decir “señorita”, “joven”, “disculpe”.  Sueltan la maleta en el suelo porque no pueden con ella, se sientan y pretenden que se las subas tú… Cambian los pañales de los bebés en los asientos y te llaman para que vayas a recogerlos, sueltan el producto de sus mareos y quieren entregarte la bolsita… Insultan cuando se les llama la atención y pretenden quitarte autoridad con la excusa de que estás allí para aguantarlos y ponerles la Coca Cola.

Señor pasajero maleducado, no se equivoque, nosotras no somos muñequitas a las que se les puede meter mano, tampoco somos niñeras, limpiadoras ni portaequipajes. Estamos en el avión que lo transporta a sus merecidas vacaciones especialmente para salvar su vida y la del resto de los pasajeros en caso de una emergencia que esperamos nunca ocurra; lo de los refrescos es parte de nuestro trabajo, pero es secundario. Si le decimos que no suba los pies a determinados lugares, es porque no son escabeles sino elementos muy delicados que nos serán útiles para salir en tiempo récord si fuera necesario, y sería lamentable que su vida, la nuestra y la del resto de los pasajeros se viera afectada porque usted y muchos inconscientes hicieron caso omiso a nuestras explicaciones.

Si le decimos que apague el móvil, el ordenador y cuanto aparatito electrónico lo entretenga, no es porque nos divierta ver cómo lo apaga, sino porque es NECESARIO, y por apagado se entiende TOTALMENTE APAGADO, ¿no me entendió? Repito: TOTALMENTE APAGADO, no en “modo avión”, ni en “le saco la tarjeta”, ni me hago el sueco y pongo el protector de pantalla, ni me lo guardo en el bolsillo, ni la azafata es tonta y apenas se vaya lo vuelvo a encender… Si le decimos que mantenga el cinturón abrochado mientras la señal esté encendida, es por su bien y porque sabemos cómo se pulverizan los huesos ante un trancazo durante una turbulencia o un frenado repentino, pero si usted insiste en sentirse como “Harry el sucio”, suéltelo, pasee y viva la emocionante sensación de estar “al margen de la ley”, supongo que eso le disparará las endorfinas si tiene la suerte de no llevarse un golpe.  Si le decimos que no fume, no es porque nos preocupen sus pulmones (ya bastante tenemos con los propios) se lo decimos porque volamos sobre toneladas de combustible y ese cigarrillo que a usted no le importa encender en el baño puede ser la mecha que active esa bomba. ¿De verdad quiere que todos empezando por usted terminemos así? ¿De verdad tiene ganas de pasarse los próximos años trabajando para pagar una multa que ronda los cuarenta y cinco mil euros?

Si cree que tratando como esclavos a las personas (que le repito, están a su servicio pero no son sus sirvientes) hace algo divertido, créame, no es así. Piense un poquito antes de decir cualquier barbaridad. Las personas que sirven refrescos en un bar o en un avión no son precisamente ignorantes. En el caso que nos ocupa, usted está hablando con abogados, periodistas, fotógrafos, internacionalistas, politólogos, maestros, fisioterapeutas, historiadores, empresarios, artistas plásticos, artesanos, enólogos, economistas… Los que hablan menos manejan dos idiomas, otros son políglotas, y a diferencia de todos esos trabajos que se hacen por necesidad cuando uno no practica lo que estudió, éste es uno de los que se hace por vocación, porque nos gusta conocer gente, nos gusta tratarles bien, porque tenemos un hígado que genera paciencia, y cuando parece que ya no tenemos más, resulta que siempre encontramos una reserva. En resumen, no intente humillarnos porque le servimos, pues no es motivo de vergüenza, no nos trate como ignorantes,  piense que muchos hemos estudiado incluso más que usted; y aunque no lo hubiéramos hecho, eso no nos quita el derecho a ser respetados.

Nos gusta ser parte de un bonito recuerdo, ser una de esas experiencias que pueda contar cuando regrese. Hacemos lo que está en nuestras manos para que usted se sienta bien, le dejamos nuestra ensalada si usted es vegetariano y olvidó notificarlo a la compañía, le prestamos para  llenar las planillas de inmigración el único bolígrafo que tenemos aunque estemos casi seguros de que sólo una de cada veinte veces regresará a nuestras manos, le cambiamos de sitio si no le gusta el que le tocó, le escuchamos su vida y milagros si vemos que se siente solo y tiene ganas de hablar, le recomendamos el mejor regalo que puede hacer en lugar de dejarlo comprar a ciegas. Le ponemos la manta si se quedó dormido sin ella,  encendemos la lucecita para que pueda leer mejor, le ayudamos en lo que podemos, pero no abuse.  Es nuestro trabajo, es verdad, pero esas atenciones “extras” seguro marcan la diferencia entre una compañía aérea y otra… Porque no todo es dinero y eso lo sabemos todos.

Entendemos que para usted un avión sea un territorio desconocido y eso lo ponga a la defensiva, entendemos que los aeropuertos lo agobien, los despegues lo pongan nervioso, los espacios pequeños lo vuelvan agresivo. Pero eso no le da derecho a gritar, ofender, agredir, y hasta montar pataletas propias de niños malcriados. Durante las próximas horas, todos tendremos que convivir en un espacio pequeñito del que afortunada o desafortunadamente no podemos irnos cuando nos apetezca. Así que relájese y asuma las limitaciones de tiempo y espacio que tenemos.

Fíjese bien en  cómo  deja el baño cada vez que lo usa, y eso seguramente le responda porqué lo encuentra como lo encuentra. No cuestione las instrucciones  que se le dan, si tiene dudas pregunte, siempre será por su propia seguridad. Piense por un minuto que esa muchacha que está en el pasillo caminando de un lado para otro podría ser usted, su madre, su hermana, su hija… ¿De verdad las trataría así? ¿Le gustaría que alguien le hiciera fotos sin su permiso? Entienda que en los aviones, como en los supermercados, zapaterías, bibliotecas, bares y demás, trabajan seres humanos, no máquinas.  Y si es usted el educado que se encuentra con algún auxiliar de vuelo tosco o grosero (que los hay, por desgracia) quéjese, notifíquelo a otro compañero, hable con el  jefe de cabina y si es preciso, con el comandante, pero no baje de nivel, el resto de nosotros se lo agradecerá.

Una última cosa, a pesar de que a bordo se cobran muchas cosas afortunadamente las sonrisas, los “buenos días”, “por favor” y “gracias” siguen siendo gratuitos; por eso los damos y recibimos con mucho gusto.

Bienvenido a bordo y feliz vuelo.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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