Día 4: La humillante fortuna

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Es mediodía y a pesar de ser domingo hay cierto movimiento en las calles. Al margen de una avenida puede verse un hipermercado en el que algunas personas llevan horas haciendo fila, pero no para comprar en un rato, lo cual ya es profundamente injusto, sino para que cuando mañana los portadores de una cédula de identidad terminada en los números ocho o nueve aumenten sus posibilidades de encontrar la mayor cantidad de productos disponibles a precios regulados, pero igualmente inalcanzables para muchos. Eso si tienen suerte, porque la fortuna de ser humillados pasa por cuatro fases:

Primera: hacer cola a la intemperie desde casi veinticuatro horas antes de la apertura del día que están autorizados a comprar porque arbitrariamente alguien así lo decidió.

Segunda: ser divididos tres grandes grupos en los cuales se realiza un sorteo para seleccionar cuáles de los asistentes puede entrar al supermercado, pues no hay para todos.

Tercera: si superaron el filtro del sorteo, encontrarse con estanterías que no estén vacías y haya por lo menos una de las cosas que buscan (leche, harina de maíz, aceite…)

Cuarto: sentirse felices porque no perdieron el tiempo invertido en la cola, pero sabiendo que el próximo lunes, probablemente tendrán que volver a casa cansados, con hambre y las manos vacías.

Ya son las seis de la tarde, ha caído el sol y la cola es visiblemente más larga. Hay unas trescientas personas, muchas siguen el orden de la fila acostadas, otras forman grupitos donde conversan sin descuidar la mochila que dejaron para marcar territorio. Ninguno sabe quién será el flamante ganador del permiso para comprar una limitada cantidad y variedad de comida. Y como dice la canción: “algo grande o algo pequeño, el ganador se lo lleva todo”… También la humillación.

Foto:

Gaínza

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “Día 4: La humillante fortuna
  1. Gustavo León

    Tristemente es así. Esto debe ser contado una y mil veces, de modo que el mundo entero sepa lo que ocurre, incluyendo a aquellos cándidos izquierdistas defensores de esta mal llamada Revolución, quienes sin tener idea alguna de lo que pasa puertas adentro defienden a ultranza y con pasmosa facilidad todo lo que aquí acontece.

     
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