Día 23: Lo peor de cada uno

 

 

En el tiempo que llevo aquí no debería quedar algo capaz de sorprenderme, pero lo hay. Me resisto a pensar que esto de ahora es mi país, que esta es la gente que siempre ha estado aquí. Me avergüenza saber que compartí calles, playas, aire con estos buitres que proliferan por todas partes.

Dicen que las circunstancias difíciles son las que muestran el verdadero yo de las personas. Están quienes tienen un espíritu inquebrantable y no permiten que lo que ocurre alrededor corrompa sus valores. Están quienes ceden ante la necesidad y, para no morir de hambre, con vergüenza se ven haciendo lo que jamás pensaron. Pero también están los que siempre estuvieron al acecho, tan ocupados envidiando los logros ajenos que nunca se dedicaron a conseguir los propios. Tan ocupados con su resentimiento contra el que estudió una carrera, compró una casa o  montó un negocio, que jamás les pasó por la cabeza que las carreras, las casas o los negocios se sudan, se consiguen a base de constancia, sacrificio, entusiasmo.

En los últimos días he visto pandas de ladrones saquear licorerías, como si robar en grupo fuera menos robo, como si el alcohol saciara el hambre. He recibido llamadas telefónicas de una enfermera de un hospital público ofreciéndome varias dosis de un medicamento que se robó y por el que pide dinero (no tiene importancia la cantidad). También la de una mujer a la que le sobraron medicinas donadas por una fundación que ayuda a quien lo requiere, y en lugar de devolverlas, las vende porque “algo tiene que sacar”. He visto gente aprovecharse de la enfermedad de terceros incluso haciéndose pasar por primos del afectado y así sacar dinero de donaciones que jamás llegan a quien las necesita. He visto a niños vender papelitos de colores e ir subiendo el precio a medida que esperan un descuido del potencial cliente para llevarse la cartera, los papelitos y hasta la arepa que les brindan. No han faltado los taxistas que duplican la tarifa cuando saben que el servicio tiene como destino una clínica privada. He visto cajeras que cobran casi el doble en la cuenta alegando que la carta vista por el cliente es vieja y los precios han cambiado. He visto comerciantes que cobran a sus vecinos el 15% de comisión por utilizar el punto de venta para cobrar, pero pretenden que les presten pan cuando se les acaba el que tenían para vender perros calientes.

He visto tantas cosas que no puedo enumerarlas todas, pero sobre todo, he visto que el chavismo ha sacado lo peor de cada quien, ha convertido este país en un país de carroñeros miserables a los que no les importa matar a alguien con tal de obtener algo gratis, porque esto es lo que aprendieron de este régimen de ladrones: tener todo lo que quieren regalado, y si no hay, entonces robarlo, no importa a quién, no importa cómo. El chavismo es una forma de vida, la de los vividores, los vagos, los resentidos, los sinvergüenzas, los asesinos, los narcotraficantes, los corruptos… El chavismo es el origen de la descomposición social de un país que jamás imaginamos. Un país que no reconozco, que me da vergüenza, un país que está en guerra contra el que no quiere revolcarse en ese chiquero. Una Venezuela demasiado distante de la que llevo en la sangre. Estos zamuros ni volviendo a nacer podrían ser guacamayas.

Queda mucha gente honesta, incapaz de jugar con las penurias propias o ajenas, llena de ganas de luchar por un país decente, llena de ganas de trabajar, dispuesta a reconstruir todo lo que estos narcotraficantes han destrozado, pero comienza a preocuparme que el régimen nos mate y los vecinos se coman los restos mientras en República Dominicana algunos se bajan los pantalones y el resto del mundo mira hacia otro lado para luego darse golpes de pecho y, por supuesto, sea demasiado tarde.

Foto:

Nathalie Sayago

 

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

View more posts from this author
One thought on “Día 23: Lo peor de cada uno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *