16 de agosto, 2013
Borrón y cuenta nueva
Hemos perdido la cuenta de los lunes que hemos comenzado una dieta, de los gimnasios a los que hemos ido tres veces a pesar de haber pagado todo el año. Hemos cambiado casa, trabajo, restaurante favorito, look, compañía telefónica… Hemos roto relaciones y promesas de año nuevo una y otra vez. Hemos comenzado desde cero mil veces, pero la más difícil es esa de comenzar desde cero por dentro…
Una mudanza es un gran ejemplo; todo comienza con asumir que ya no puedes, debes o quieres seguir donde estás, buscas el lugar apropiado y te estrellas repetidamente cuando la realidad te demuestra que nada es como en la foto. Así que eso que iniciaste con la ilusión de una nueva vida en tu vida puede convertirse en un infierno que te obliga a preguntarte por qué someterte a esta tortura de andar besando sapos si ya tienes tu pequeño palacio; y es allí cuando el fantasma de la costumbre comienza a sonreírte para que vuelvas a tu zona de confort y te dejes de tonterías. Pero la fortaleza y la decisión no te abandonan y te hacen repetir el “pa’lante es pa’allá” como un mantra. De modo que dedicas horas a leer anuncios, inspeccionar fotos, concertar citas, subir y bajar escaleras, desfilar por verdaderas mazmorras en las que no vivirías aunque te pagaran por hacerlo, o por palacios que no puedes permitirte.
La búsqueda se convierte en una tarea pesada y monopoliza las conversaciones con tus amigos, pues cada uno tiene su propia y espeluznante experiencia. Un día el destino te pone frente al anuncio justo, el cansancio te había hecho dejar de buscar y tomártelo con calma, dar paso a las vacaciones, la vida social y todas esas cosas que habías abandonado por ese proyecto de vida nueva que tenías en la cabeza… El destino, quién sino!
Antes de la búsqueda ya habías comenzado a prepararte para que al momento de encontrar tu nuevo refugio la cosa no te pillara desprevenida, cajas, cajitas y cajotas (no menos de cincuenta porque los zapatos y los libros ocupan mucho espacio). Maletas van y vienen, rollos de plástico de bolitas que ya no recuerdas si debes poner hacia adentro o hacia afuera, camisetas que ya ni recordabas que tenías, y tonterías que no sabes por qué siguen pululando por allí… ¿Pero de dónde salen tantas cosas? ¿No se supone que tenía esto adelantado? Eso te pasa por creer que nunca se tienen suficientes libros y zapatos. Tus cajas son un purgatorio.
Las vidas nuevas son una versión de la Divina Comedia, y el purgatorio es eso que ni es chicha ni es limonada, son esas cosas que van al juicio final donde tú juegas a ser Dios y decides lo que se que se salva y lo que no… ¡Qué difícil! ¿Cómo no sentir piedad? Es mejor no pensarlo mucho…
Sellas a los salvados con cinta de embalar, y a los que siguen esperando, también (porque en esto del juicio final no eres del todo eficiente). Miras a tu alrededor… ¡Qué grande es esta casa! ¡Y qué bonita! ¡Cuántas veces vi amanecer, llover y nevar por esa ventana! ¡Cuántas visitas durmieron en esta cama! ¡Cuántas risas y cuánto llanto han escuchado estas paredes! ¡Cuánta desnudez se asomó por ese espejo! Das el paso, caminas con tus recuerdos, libros, discos, zapatos y vinos a cuestas (bien embalados a prueba de golpes) la ilusión se apodera de ti no sin antes concederle a la nostalgia un último arrebato… Cierras la puerta y te vas sin mirar atrás…
Sonríes, una nueva vida comienza… ¡El paraíso! Puedes hacer lo que quieras, eres libre, libre para todo, incluso para equivocarte una vez más si se te antoja… Sonríes, tu vida tiene una nueva vida… Otra vez, borrón y cuenta nueva… Pa’lante es pa’ allá!!!
Tienes el don de la constancia!. Por eso eres especial!. Por eso es que tienes la virtud de enriquecer tu paso por esta vida con esas vivencias que lejos de ser tediosas y monòtonas, son eso, enriquecedoras. Todo ello, es lo que ha generado en ti, esa pasiòn cuando escribes, cuando cuentas algo. Nunca te rindes, siempre estás allí, contra todas las dificultades. Lo importane es vencerlas aunque sea dando tumbos. En cualquier momento aparece esa persona agradable que llena de empatía el lugar nuevo, y sientes que la felicidad esta presente. Porque la felcidad, no es constante, esta hecha de momentos. Allí, donde acabas de lllegar, habràn momentos divinos!. Ojalà pudiera tener el honor de degustar uno de esos buenos vinos que por algo, los protejes tanto!. Algùn pasaje agradable te depararàn. Tal cual como lo expresas, Pa’lante es pa’llà!. No te detengas!. Recuerda nuestro colòquio: «CHIVO QUE SE DEVUELVE SE ESNUCA». Estàs hecha para lo que vives y para lo que viene!. Dios te cuide!
Quise escribir: Proteges.La emociòn me aborda siempre cuando te leo(escucho)!
Hola Yessi, yo sé lo que es eso. Mi vida ha sido un constante cambio de lugar. Aún soy víctima de mi último error al venir a vivir aquí cuando ya tenía mi vida hecha en la ciudad jardín. He perdido mucho desde entonces y lo peor es que ahora ya no es posible el retorno pues allá tampoco es lo que era. Definitivamente mi futuro debe ser fuera de aquí. Espero que tanto tú como todos encontremos un lugar donde la verdadera felicidad sea posible, sin prisas, presiones, inseguridades callejeras, contaminación política, ni mal humor. «La sabiduría de la simplicidad», cuanta razón tenía el pequeño habitante del asteroide B 612. Un beso grande para ti.