Venezuela no es racista

 

Yo nací en un país multicolor… Y no, no escribe ningún personaje animado, escribe una venezolana. Nací en una Venezuela con una impresionante mezcla de razas, con una incalculable cantidad de tonos de piel. Con abuelos, bisabuelos y/o padres europeos que un día se cruzaron en el camino de alguna criolla de buen corazón y ojos aguarapaos, mujeres con ritmo en las caderas, pecho discreto, pelo negro como el petróleo y labios con sabor a ese dulcito en el que se convierte nuestro cacao. Somos hijos de pieles doradas por el sol o los fogones, tenemos sangre esclava, y también de caciques de los de verdad que ya estaban aquí cuando todavía muchos pensaban que la tierra era plana. ¿Somos una raza? ¡Boh! Yo lo único que sé es que somos venezolanos.

Los venezolanos somos sobre todo gente con alegría de vivir, gente que con cualquier excusa se reúne con los amigos para compartir cuatro palos y “lo que haya” hervido en una olla con cilantro, gente capaz de sacarle el chiste hasta a las situaciones más difíciles; gente sin complejos… No sé si crueles a la hora de poner un apodo, eso es mejor preguntárselo a algún “chichón de piso” pero sí muy honestos.  Digo todo esto porque me resulta ajeno, absurdo y ridículo encontrar en algunos lugares públicos el siguiente escrito: “Toda persona tiene derecho a la protección y el respeto de su honor, dignidad, moral y reputación, sin discriminación de su origen étnico, origen nacional o rasgos del fenotipo.  Se prohíbe todo acto de discriminación racial, fascismo, endorracismo y de xenofobia, que tenga por objeto limitar o menoscabar el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos y libertades de la persona o grupo de personas”.  ¿Por qué me resulta raro, absurdo y ridículo? Porque estamos hablando de una ley creada por un “Instituto Nacional Contra la Discriminación Racial” en un país donde hasta que comenzó a sembrarse odio y confrontación en los discursos del gobierno, nadie pensaba en fascismo, por ejemplo… Endorracismo,  y eso con qué se come?

¿De verdad necesitamos en Venezuela una ley que contemple cosas que están ya en  nuestra recontraviolada Constitución? ¿Tenemos un problema de racismo en Venezuela? ¿Este problema es tan grave que ha sido necesario crear un instituto para solucionarlo y una ley para regularlo? ¡No!

En la Venezuela en la que nací y crecí, no vivían “afrodescencientes” “majunches” pitiyankies”  “fascistas” “imperialistas” “escuálidos” “drogadictos” “sifrinitos” “maricones” “patas en el suelo” “oligarcas” “criminales” “imbéciles” “desgraciados” “enfermos”, en fin,  vocabulario común del chavismo para referirse a los que no son de su agrado o creerse políticamente correctos, sí, ellos políticamente correctos (no se rían).  La Venezuela en la que nací y crecí  estaba llena de negros, catiras, gallegos, portus, musiús, chinos, chamos, panas, gringos, goajiros, llaneros, orientales, maracuchos, gochos,  corianos con “i” porque son de Coro, no de Corea, etc. No recuerdo nunca que alguien haya usado ninguno de estos términos para discriminar a nadie, pero sí para identificarlos; y recuerdo al musiú (que podía ser de cualquier parte del mundo) orgulloso de que le llamaran así, sigo llamando “chaval” al único amigo que seguía teniendo acento gallego aunque llevara toda su vida en Valencia,  sigo llamando “negra” a no sé cuántas amigas que tienen la piel de ébano o canela, y ninguna se ha sentido ofendida nunca, obviamente porque nunca he querido hacerlo. No recuerdo a ningún goajiro ofendido porque el mercado donde vendían se llamara “mercado de los goajiros”, nunca escuché ante un “hola chino” que el chino dijera que no le gustaba que lo llamaran así. No recuerdo al portu de la panadería hacerse el loco ante un “epa portu,  un conleche, por favor”. El gocho que vendía helados estaba atento al grito de “gochoooooo” porque sabía que eso significaba un montón de chamitos locos por comprar.  El árabe daba igual si era sirio o libanés, sabías de sobra que era ese chamo bello de pestañas largas y sonrisa cautivadora que vendía cosas en el centro, y entre todos los árabes y todos los negocios, siempre se sabía a cual te estabas refiriendo… El señor del abasto cuando ibas a comprar algo y eran casi las 6pm, te pedía que le dijeras a su hijo que estaba jugando  en la cancha que regresara a casa.  “Dile al peruano que se venga”…

Cuando llegaban las cortas tardes navideñas decías en tu casa que ibas a estar con el chino, el negro, la catira, el chileno y el gocho en la casa del portu, en la del maracucho que hizo sancocho,  en la del nonno de Leonardo que había hecho una spaghettata, o donde el gallego porque su mamá nos había invitado a comer paella.

Nadie era insultado por el origen, el acento, el color de piel, tampoco por el partido en el que militaba, el equipo de béisbol que seguía, el color de la franela que usaba, ni la religión que profesaba. Nunca necesitamos una ley especial que nos protegiera de la discriminación en ningún sentido ni en ninguna parte, porque hasta los porteros de discoteca dejaban de serlo cuando se ponían necios y la gente dejaba de ir en lugar de “jalar mecate” para entrar.  Estúpidos e ignorantes que se creyeran más que los demás siempre hubo, hay y por desgracia siempre habrán en cualquier parte del mundo; pero en esa Venezuela donde yo nací nadie se atrevía a insultar a otro con argumentos racistas o xenófobos, ni siquiera homófobos porque él único que quedaba mal es el que insultaba. Es cierto que sigue siendo un país donde no todo el mundo ha aprendido que cada uno es libre de meterse en la cama con quien quiera sin importar si el sexo es opuesto o no, es cierto que como en muchas otras partes del mundo, muchas personas extraordinariamente inteligentes y talentosas siguen viviendo encerrados en armarios por temor a la persecución, y aunque el problema no es como para crear un instituto, sí que es cierto que en esta ley se intenta proteger contra discriminaciones que no existían y no contra las reales.

Para mí todo esto se resume a que desde 1999 Venezuela ha sido dinamitada con un discurso violento, de odio y confrontación que ha sido tierra fértil para que surgiera la terrible semilla del racismo, la xenofobia, la homofobia; la persecución absurda y despiadada contra el “diferente”, contra todo aquél que el gobierno ha señalado como apátrida, en fin, contra cualquier disidente.

Yo la única discriminación que desgraciadamente tengo que ver ahora en mi país, es la facilidad con la que los hijos del difunto de Sabaneta se mueven por el mundo con dinero que ha salido de nuestras riquezas y por supuesto, abanicos de dólares sin preparar ni una carpetica de CADIVI. Veo cómo  cuando llega al país un venezolano conocido por su oposición al gobierno, es maltratado y humillado incluso en el mismo aeropuerto; veo cómo todo el mundo hace su cola, pero ésta no vale nada si llega el enchufado de turno con su camiseta roja, su gorra del 4F y pasa de largo porque a él no le toca hacerla.  Veo discriminación cuando en un proceso electoral se echan de los centros de votación  a punta de fusil a los testigos de otros partidos políticos. Veo discriminación cuando se me cierra el canal de televisión que veo porque al gobierno no le gusta. También veo discriminación cuando el único argumento para conseguir votos es que el candidato opositor es judío, burgués y homosexual.  Veo discriminación contra todo el que aparece en la Lista Tascón, cuando a un funcionario se le amenaza con despedirlo o directamente se le despide por haber votado por una opción política diferente a la que ahora fraudulentamente preside Venezuela. Veo discriminación cuando los médicos venezolanos son ninguneados ante profesionales con menos preparación,  importados sin necesidad y ganando sueldos más altos.

Hay discriminación en Venezuela cuando al pueblo se le dice que no importa si no tiene comida porque tiene patria, mientras los ministros revolucionarios se encierran en los restaurantes más caros del país y del extranjero para ponerse morados a punta de whisky y caviar… Discriminación hay cuando un enfermo de cáncer se permite los mejores médicos del mundo pagados por nosotros para intentar salvar su vida, mientras sus presos políticos mueren poco a poco encerrados, padeciendo un acoso a veces hasta más despiadado que la misma enfermedad.

Discriminación es que los profesores universitarios reciban un sueldo miserable mientras hay tarifados por el mundo dando clases con argumentos como “hasta que llegó Chávez a la presidencia, en la Universidad Central de Venezuela no estudiaba gente de color” (no se lleven las manos a la cabeza, eso dicen algunos). Discriminación es que se paralicen las calles de Caracas porque hay que encunetarse si es necesario para que pase un carro oficial con sus respectivos enchufados. Discriminación es que no existan voces opositoras en los medios de comunicación del Estado.

Yo no quiero decirle a mis amigos “epa afrodescendiente, cuándo vienes pa´que nos comamos unas cachapas?”. Yo quiero seguir diciéndoles, negros, catires,  panas; y que nadie pretenda hacerme pagar una multa porque considere que estoy insultando a un tercero que ni conoce.

Señores, estamos hablando de Venezuela, la tierra de la gente amable y hospitalaria que siempre ofrece lo mejor de lo poco que tiene. No estamos hablando de esa parte de España que hasta que conoció la crisis maltrataba  a los “sudacas” recriminándoles que no se quedaran en sus países. Nosotros no somos nazis, no tenemos que perseguir judíos; no somos del Ku Klux Klan para andar maltratando a nuestros hermanos, no somos nadie para maltratar a los demás; y tampoco podemos seguir permitiendo que nos maltraten a nosotros o nos laven el cerebro con argumentos que nos son ajenos y lejanos para seguir dividiéndonos como nunca lo estuvimos.

Estoy convencida de que el Instituto Nacional Contra la Discriminación Racial  y la Ley Orgánica de la que he hablado son una fuente más para que enchufados inútiles sigan chupando dinero e inventando excusas para justificar el sueldo. Y si no es así, quiero ver cuántas multas se han impuesto a Chávez, Maduro, Cabello, Varela, Silva y demás personajes de este macabro gobierno que desde que llegó al poder no ha parado de insultar, ofender, perseguir, sembrar odio y discriminar a todo el mundo.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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3 thoughts on “Venezuela no es racista
  1. nelson sarmiento

    que buenoooooooo! porfa esto me gustaria que saliera publicado en el carabobe#o o en el notitarde, esto deberia ser leido por muuuuuuuucha gente aqui en venezuela!

     
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  2. Luis Perez

    Muy buen escrito, importante difundirlo en vista que es un viaje en el gentilicio del pueblo VENEZOLANO y como dijo RENNY OTTOLINA presenta Batalla de Carabobo » van quedando los cuerpos de quienes PERDIENDOLO todo , supieron GANARNOSLO TODO» y «caen para no volverse a levantar, en estos hombres soldados desconocidos descansa una DEUDA DE GRATITUD»

     
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