Pa’ lante es pa’ allá

A veces recibes un golpe duro y tratas de seguir a pesar de ir cojeando por el dolor. Te cuesta, pero ahí vas tratando de erguirte poco a poco sin saber que un par de pasos más adelante te espera otro mazazo que te dejará sin aliento. Te duele tanto y tan profundamente que no te quedan fuerzas para seguir, ni siquiera para llorar.

Llega un momento en el que casi te acostumbras al dolor, no se trata de agarrarle el gustico (no lo tiene) sino de ir cojeando de la pierna derecha, sujetarte el costado izquierdo, caminar como Quasimodo y aunque sea de vez en cuando levantar la mirada para ver lo empinado que es el campo minado que te espera sin considerar que llevas una enorme piedra atada a tu quebrantada espalda.

El pecho duele, respirar duele, querer duele, continuar duele… Todo te duele. De pronto provoca mandarlo todo al carajo, dar media vuelta y rodar por la bajadita -“sigan sin mí, me quedo aquí”-. Pero no es esa tu naturaleza, tu instinto guerrero y la misma cojera te impiden dar marcha atrás. La “señora” que vive dentro de ti y sabe levantar la ceja mucho más que tú, te mira de reojo y desafiante te pregunta: “¿Eso es todo, ya está?”. Respondes que sí, que el lastre es muy pesado y a estas alturas nadie te quita lo bailado, pero vacilas y sigues haciendo un esfuerzo indescriptible, aguantando el dolor con la presión en el pecho y viendo por dónde pisar.

Dicen que la vida jamás te carga con más peso del que puedes soportar, y  tal vez sea un ejemplo este verano gris en el que el sol más espléndido del mundo no ha brillado para muchos, pero aún así ha salido cada día.  Algunos dicen que solo puedes con todo, pero se equivocan, a veces es necesario que alguien te ayude con la carga. Puede que la ayuda llegue sola o que no te quede ni voz para pedirla… Es entonces en el momento más oscuro en el que el cansancio no te deja hablar y el dolor no te deja ver bien, cuando tu mirada se cruza con otra y finalmente todo sale. Tu ángel guardián (que es tuyo porque tiene algo de mundano y viste de negro) te estrecha entre sus enormes brazos, te quita por completo el peso de encima y por fin te libera.

Todo tiene fin, los problemas se resuelven, los dolores se alivian, los abrazos dulces se diluyen. «Todo» es la clave, y todo pasa…

Oh dulce ángel guardián, no soy tan buena como para que me cuides el día entero todos los días, pero tampoco hace falta, basta con que de vez en cuando aparezcas, liberes mi espalda y me desnudes el alma.

Gracias a ese ángel de mirada celestial y cuerpo terrenal la “señora” ya no me mira de reojo porque sabe que cojeando por un lado o por los dos voy a continuar el camino, y aunque el sol siga quemando en lugar de brillar, el terreno se vuelva pantanoso o las minas compliquen la escalada obligándome a recalcular mil veces la ruta , no voy a abandonar.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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2 thoughts on “Pa’ lante es pa’ allá
  1. samuel

    Esa expresiòn del poeta Antonio Machado, tu Angel guardiàn, la constancia y todo lo demas que aporta fortaleza a los que triunfan han marcado la vida de la gente genial en este planeta. A ti, te incluyo en ese grupo porque cada vez que escribes y particularmente a mi, me das la oportunidad de «escucharte», aprecio en ti esa humanidad y esa persona que vive a la velocidad y con la energía que exigen estos tiempos. Para que completes esa expresiòn muy nuestra con la que titulas este post, se me ocurre agregarle otra de las nuestras: » Pa’lante es que brinca el sapo aunque le puyen los ojos» ¡Que Dios y tu àngel guardiàn te protejan!

     
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  2. Maryi Guevara

    Wow ahorita precisamente estoy pasando una situación muy difícil que hasta llegue al punto de pensar que había tocado fondo, pero después de leerlo siento que tengo fuerzas para seguir adelante, cuando lo leía sentí que era directamente para mi ahora se que Dios no me desamparara y siento más seguridad en mi misma.

     
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