Manhattan vs Ciudad Gótica

La culpa de todo la tiene ella…

Manhattan llegó a mi vida en forma de dos miniaturas doradas que reposaban en un rincón de la casa de mi abuela. Un Empire State y una Estatua de la Libertad que no superaban los 5cm de altura pero que llamaban mi atención como si se tratara de los reales. Obviamente el amor infinito que me despertaba esa fascinante mujer demasiado cosmopolita, demasiado independiente y demasiado valiente para su tiempo me marcó para siempre, y uno de sus sellos no es mi debilidad por las perlas, sino Manhattan.

Nueva York no, Manhattan es el centro del mundo, lo intuyes, lo sueñas, lo sabes aunque no lo dices, lo sientes cuando estás aterrizando en el JFK,  lo crees cuando desde la ventanilla de tu taxi amarillo te estremeces viendo esos rascacielos que ya conoces, y lo vives intensamente cuando por fin pones pie en ella.

Da igual que haga un frío polar, el viento sople fuerte, el calor asfixie, o la lluvia ataque… Nada te detiene cuando estás en Manhattan. Estás en La Gran Manzana y cualquier estación es buena para disfrutarla… La frescura de la primavera, los colores del otoño, la desnudez del verano y las nevadas de invierno. Todo siempre tiene su encanto porque como decía mi vieja sabia, “a esa manzana no se le puede dar un mordisco, hay que comérsela entera”.

Y es que yo he tenido antojo de La Gran Manzana desde que era niña, y uno de esos antojos era ir vestida de aeromoza. Probablemente porque ambos sueños me acompañaban desde entonces.

La primera vez (como todas) nunca se olvida… Y quién podría olvidar su primera vez en Manhattan cuando como siempre, le ocurre algo especial. ¿Quién podría olvidar una ciudad que tiene bajo la piel? Aun intentándolo, Woody o Frankie no lo permitirían. ¿Quién podría mirar al cielo sin esperar que una luz amarillenta llame a Batman?

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Mi primera vez se resume en un viaje desastroso que incluye pérdida de maleta, horas de espera y el encierro (uniformada y todo) en una jaulita de cristal donde fui interrogada casi hasta sobre los aliños que le pongo a las lentejas. Un caos que concluyó maravillosamente gracias a la infinita paciencia de una amiga y al milagroso encuentro con un fan de la buena mesa que decidió compensarme con chuletón y vino en el Smith & Wollensky.

Las demás han incluido billetes de 100$ en la acera, 39º de fiebre, perlas, paseos infinitos, recuerdos de cuando no he estado allí, maletas que no cierran, tarjetas de crédito exprimidas  y cajas de Fruti Lupis (Froot Loops). Pero la más extraordinaria ha sido la de hace unos días cuando en medio de una agitada mañana de compras por fin viví mi propia película…

Éramos cuatro y dos nos quedamos en la sucursal de un banco a desbloquear la tarjeta de crédito y cambiar dinero, pues eran las once de la mañana y ya nos habíamos fundido el efectivo y el palo a la VISA había disparado las alarmas. Las otras dos cruzaron la calle para seguir las compras (no se puede perder tiempo). Mientras mi amiga desbloqueaba su tarjeta, yo me senté en un confortable banco cerca de la puerta. De pronto, un hombre de unos 50 años, bastante aporreado por la vida y con una pinta de no querer hacer amigos entró con un trolley y muy mala cara. Nuestras miradas se cruzaron, pero no porque hubo flechazo sino porque su actitud agresiva me hizo pensar en esos locos que entran a un lugar a caerle a plomo a todo el mundo, esos que lamentablemente vemos en las noticias. Cuando comenzó a ponerse los guantes algo me dijo “pega la carrera”.  Me hice la sueca y entré a la oficina donde mi amiga daba los datos del día en el que conoció a su novio y demás preguntas que la identificaban para desbloquear la tarjeta. No le dije nada y me dediqué a calcular si ambas cabíamos debajo del escritorio (por si acaso).

Pasaron pocos minutos, no volví a mirar atrás y simplemente esperé a ver lo que encontraríamos al salir… Silencio y soledad… No había nadie en las oficinas adyacentes, nadie en las taquillas, sólo estaba un chico como pajarito en grama y nosotras.  El loco de la maleta ya no estaba, había asaltado el banco en tiempo récord y nosotras ni nos dimos cuenta. De pronto, el caos, el nerviosismo, y el encierro.  Siempre decimos que los gringos son unos exagerados y nos reímos de los despliegues policiales en las películas, pero cuando estás en una situación como esa te das cuenta de que no es montaje de Hollywood, en verdad es así. Tres patrullas, un furgón, casi una docena de policías, detectives pintorescos como el Teniente Columbo, con corbatas que hacen sangrar los ojos, libretita de notas y frases lapidarias como “si no eres testigo, eres cómplice”…  Más de hora y media encerradas sin poder hablar con nadie. Era todo tan surrealista que sólo esperaba que apareciera Batman en todo el esplendor de su 1.90m de estatura. Porque Batman mide 1.90m, no? Si es más bajito, entonces me vale el Joker.

Después de contarlo todo, rellenar papeles, hacer declaraciones, y pestañearle al detective “Jefe del Equipo de Negociación con Rehenes” para que me dejara ir, mi viaje continuó, mi VISA volvió a ver cómo se quedaba sin plumas, hice una nueva amiga y regresé a casa con el delicioso sabor de una jugosa manzana que pronto volveré a comerme… Aunque no me acompañe Batman…

 

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Imagen Chrysler Building: Yedzenia Gaínza.

Imagen Batseñal: Web.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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2 thoughts on “Manhattan vs Ciudad Gótica
  1. samuel

    Jajajajajajaja!!!. Te felicito guapa!. Al mismo tiempo te envidio!. Cuando uno pisa suelo «newyorkino», està atento de toparse con una escena como la tuya. Ahora justamente quisiera vivir una. Es que uno quiere enterarse de todo en esta gran ciudad. Es por ello quizà que uno quiere quedarse a vivir aqui el resto de la vida. Porque aquí, pasa de todo. La primera vez que vine, me asombraba todo. Hasta el humo de las alcantarillas me hacía expresar: » mira, como en las películas». Hoy la vida me ha premiado con el privilegio de venir con la frecuencia que desee y cada vez, me envuelve mas su magia. Sè que hay ciudades hermosas en el resto del mundo, pero estoy seguro que ninguna tiene el encanto de New York. Sus sirenas, su tràfico, su lugares gastronòmicos,su Central Park, Su bullicio, la expresiòn de sus visitantes, su nocturnidad y hasta su feo metro. Todo es un espectàculo aquí en New York. Esta ciudad es tan màgica, que hasta quienes habitan aquí, no lo han vivido todo. Creo que a esta manzana, no nay que darle un sòlo mordisco, ni comersela toda. Hay que lamerla mucho!. Comèrsela si,pero a mordisquitos mejor para disfrutarla con detalles, si es que la vida te da tiempo. New York es como tù, espectante y seductora con tan sòlo «escucharte». Un beso mas grande que tus deseos, desde la distancia!. Dios te cuide!

     
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