La primera cita

La primera cita es una página en blanco que no sabe lo que se va a escribir en ella.

Cuando eres adolescente los nervios son los protagonistas y vencer la timidez es el gran reto. Cualquier gesto cariñoso se convierte en motivo de rubor, el mínimo roce nos abre la puerta a un camino que nunca hemos recorrido. Pero cuando eres adulto -especialmente cuando hace rato abandonaste la veintena- ese camino lo has recorrido varias, muchas veces, incluso es posible que ya hayas pagado peaje en iglesias, prefecturas, maternidades y juzgados.

El dejar de ser un novato no le quita el encanto a ese primer encuentro. Aunque la experiencia y la filosofía de vida te tengan sin expectativas para evitar decepciones innecesarias, es innegable que la curiosidad te ronda. Porque nuestras primeras citas no son como antes (encerronas de amigos, juego de la botellita, encuentros “casuales” en la cafetería de la Universidad, gritos en medio de conciertos, teléfonos apuntados en servilletas de barra y demás ocurrencias). Nuestras primeras citas se trabajan con tiempo, algunas con mucha antelación. Hay que hacer coincidir agendas llenas de trabajo, reuniones, asuntos legales, clases de yoga, custodias compartidas, y hasta consultas médicas… Sí, no se hagan los locos, todos sabemos que hemos dejado de ser unos chamos el día en que solitos vamos al médico y solitos nos tomamos los remedios. Ya aprendimos de ese error típico de salir por primera vez con alguien y en lugar de intentar conocerle, quedarnos callados mínimo hora y media comiendo cotufas frente a una pantalla gigante. Nosotros nos organizamos para cenar, y si la cosa va bien, la cena se prolonga a una larga sobremesa que te lleva luego de copas por la ciudad.

Si la cita es en la casa de uno de los dos, significa que por lo menos uno es o se considera bueno en los fogones y eso es material para otro post.

Muchas cosas han cambiado, otras siguen igual. Las mujeres no esperamos en casa a que vengan a recogernos, vamos conduciendo con nuestros vertiginosos tacones (a una primera cita NUNCA se va sin tacones) hasta el estacionamiento más cercano al sitio, tenemos fondos suficientes para pagar nuestra cuenta y la del “otro” en el caso que nos salga con un “lo mío es… y lo tuyo…” (Sí, esos especímenes existen). No nos hacemos problemas en tomar la iniciativa y tampoco nos rompemos la cabeza pensando “va a pensar que soy esto o lo otro”, lo que no significa que esto se haya convertido en un “ron pal que quiera, ron pa’ to’ el mundo”. No tenemos hora de llegada, nadie nos obliga a nada. Nos rebelamos contra muchas cosas, pero nos sigue gustando que nos abran la puerta, nos recojan el abrigo, abran la silla, y se levanten cuando nos levantamos. Lo de ir juntas al baño es un monstruo contra el que seguimos luchando… Paciencia…

Ellos si son listos y bien educados nunca soltarán un “lo mío es… y lo tuyo…”. Tampoco llegarán tarde, no se presentarán con la camiseta dos tallas más pequeña de la que realmente deben usar, irán con su camisa bien planchada, esa que escogieron al salir de la ducha de pájaro (5 minutos máximo) que es lo que ha permitido una larga jornada laboral, y preferirán la muerte antes que los zapatos sucios. No improvisarán lugares desconocidos sino que habrán reservado cuidadosamente respetando lo poco que saben que gusta a la invitada, o por lo menos se quitarán preocupaciones visitando un lugar de confianza para no quedar mal. Nada de cosas raras, la sencillez es lo mejor.  Deben ser ellos los que impresionen, no los platos. Beberán lo “normal” para acompañar la comida, no abusarán del digestivo, e independientemente de si van manejando o no tampoco se excederán con las copas de después porque tienen claro que no salieron a caerse a palos con los amigos, están en una primera cita y la nota es otra.

Es ahí, en el “después” cuando comienza la parte difícil, ya han entrado en confianza -el arma de doble filo de la que depende que la cita se prolongue, se repita o muera al nacer-. El éxito está garantizado si se presentan tal y como son, sin agresividad, sin invadir, sin chantajear, sin interrogatorios, sin milongas, sin promesas, sin planes que incluyen hijos y jubilación, sin dar nada por hecho, en fin, sin meter la pata. Recuerda que la primera impresión es la que cuenta, no lo eches a perder.

Mantén la calma, es la primera cita, estamos entre adultos, no sueltes todos los perros al ataque, demuestra interés sin perder los papeles, sigue el ritmo que te marcan. Entiende que a nadie le gusta sentirse invadido,  que no te juegas la vida, sólo una segunda ocasión. Un paso y luego otro, así se camina. ¿Quién sabe si esta es una noche de la que te vas a acordar siempre con una sonrisa? En serio, deja que todo fluya y no lo eches a perder.

Ya es otro día, estás en tu casa, y como te dije ya, esto no es un “ron pa’ to’ el mundo” por lo tanto, es probable que cada uno haya dormido solo… O no… En todo caso, tú hombre inteligente, no olvides reportarte, esa es la guinda de la torta (si no la pusiste, claro). Si tu caso es el segundo, entonces discúlpate, discúlpate bien, con una señora disculpa, pero no te sorprendas si te reciben con un portazo.

La primera cita ha pasado (si no están desayunando juntos, digo). ¿Salió bien? Ánimo. Si murió al nacer, gira la página y sin drama mira la flamante hoja en blanco que tienes al frente… Esta tampoco sabe lo que le espera…

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “La primera cita
  1. samuel

    En respuesta a este post, no se puede, ni se debe abundar mucho;porque como dicen,
    la lengua es castigo del cuerpo. Pero lo que si es bien cierto, es que la primera cita ca
    da quien la acomoda de acuerdo al interès que genere la otra persona. Todo se desintegra o se engrandece de pronto con una sola expresiòn y hasta se refuerza con una fragancia. El èxito o el fracaso de una primera cita depende en muchisimos casos de
    las cosas mas sencillas. Insisto que un gesto, lo puede definir todo. ¡La energía que cada
    quien desprenda son las armas que libran la gran batalla!. Concluyo expresandote, que eres genial. Nunca dejes de contar, al menos a mí, lo que pasa por tu mente. ¡Un beso, mas grande que tu sonrisa, desde la distancia!. ¡Que tengas unos dias mucho muy felices!

     
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