¿Felicidad suprema?

Crear un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo es la falta de respeto más grande que se le puede manifestar a un país que semana tras semana va menguando a punta de balas y miseria.

Mi sensibilidad estomacal se ve comprometida ante la repugnancia que me produce el cinismo de lo único “supremo” que tiene el gobierno venezolano, y es la SUPREMA IGNORANCIA de Nicolás Maduro. Y como parece que muchos han olvidado lo que es la felicidad (la simple, y la suprema) al tiempo que creen que pueden encontrarla a precio de saldo o todavía peor, saqueando una tienda de electrodomésticos, les voy a recordar queridos venezolanos lo que es la felicidad suprema, la de verdad.

La felicidad es esa que sientes cuando te levantas temprano por la mañana y mientras te haces una arepa para desayunar ves cómo el sol se asoma por tu ventana. Felicidad es salir de tu casa con tus chamos y dejarlos en un colegio donde sabes que van a aprender Historia de verdad en lugar de ser adoctrinados. Felicidad es  caminar por las calles de tu ciudad sin temor a que una bala te detenga en el camino. Llegar por la noche a casa y saber que todos tus seres queridos llegaron bien, sin ser atracados, matraqueados, amenazados, secuestrados, insultados ni discriminados, es felicidad. Enfermarse y saber que te pueden atender en un hospital con recursos suficientes, encontrar medicinas en la farmacia, comprar la leche que te gusta, la pasta, el queso, la carne, el pollo que te gusta, beber el jugo que te gusta, usar el papel sanitario que te gusta, es felicidad… Ya sé que suena tonto, pero ante tanta escasez, muchos hemos sentido “felicidad” al poder llevar a nuestras casas algo tan simple como una pastilla de jabón.

Porque la felicidad  para un venezolano ahora se basa en poder sobrevivir y las cosas bonitas de la vida ocupan un segundo plano, no porque no queramos ser felices, sino porque estamos demasiado ocupados intentando ganarle la batalla al hampa y a esta dictadura disfrazada. La felicidad del venezolano es comer lo que consigue, salir ileso del transporte público, que la cola para cualquier cosa sea lo más corta posible, no caerle mal a ningún uniformado de verde o de rojo, ir por la autopista sin que un bloque o un hueco pongan fin a su ruta, no perder lo que guarda en la nevera por una falla eléctrica, no decir nada que no le guste al gobierno, y especialmente no tener que ir nuevamente a una morgue a reconocer el cadáver  de un ser querido.

Atrás quedaron los años en los que para nosotros, los “hermanos de la espuma, de las garzas, de las rosas y del sol” – como dice el “Alma llanera” – vivíamos (a pesar de los problemas) la verdadera felicidad…

Que levante la mano quien nunca haya jugado béisbol en su calle con chapitas y el palo de una pala, quien no se haya ido caminando al colegio o al trabajo esquivando entre risas el sol o la lluvia, que me digan los aprovechados si son más felices ahora con una tele de plasma de lo que lo fueron cuando no la necesitaban porque se podían pasar la tarde jugando baloncesto en la cancha del mismo barrio en el que siguen viviendo y todo el mundo a las 6 de la tarde ya está bajo llave.

Salir en bicicleta y compartirla con el que no tenía (un ratico tú y otro yo) o sentarse durante el recreo a tomar el “vaso de leche escolar” con un  paquete de Sorbeticos era felicidad y lo demás es cuento.

¿Quién no sintió felicidad cuando consiguió su primer trabajo por lo que sabía y no por el color de la franela que llevaba puesta?  ¿Quién no fue feliz al saber que todos sus amigos estaban  “a pata e’ mingo”?

Señores, FELICIDAD suprema, infinita e inexplicable es esa que sientes cuando el amor de tu vida te besa mientras sujeta tu  rostro entre sus manos; esa que te recibe con el brillo en los ojos y un juguete en la mano cuando llegas a casa; esa que te echa la bendición antes de acostarse.

La suprema felicidad  no necesita de plasma, tabletas, Wi-Fi, ni milongas revolucionarias. Y por si no se han dado cuenta tampoco de lo que es una milonga revolucionaria, pues sepan que es esa cantaleta absurda y contradictoria como el socialismo del siglo XXI, el mismo que odia al imperio pero tiene twitter, le vende petróleo, le compra aparatos high tech, sale de viaje en aviones privados, autoriza al pueblo a robar adelantando la Navidad para que luego esté muy ocupado intentando poner en funcionamiento el nuevo perol con cables, los mismos cables que terminarán masticando cuando no haya comida que comprar o robar, ni empresarios dispuestos a seguirle el juego a este supremo arroz con mango en el que estamos metidos.

Yo quiero volver a tener un país que me garantice seguridad, libertad, educación, justicia, sanidad, empleo, estabilidad, y ya de mi felicidad simple, suprema, fugaz o permanente me encargo yo… Porque no quiero que me regalen nada, y espejismos mucho menos.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “¿Felicidad suprema?
  1. Francesco

    Verdaderamente la felicito. Lástima que sus comentarios no lleguen -tal vez- a mas personas que de verdad necesitan urgentemente alimentar su alma

     
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