El fracaso de la razón

Somos humanos, seres llenos de defectos, pasiones, debilidades y sueños. Somos y queremos ser buenos, por eso cada día nos levantamos con la más firme intención de convertirnos en mejores personas. Nos esforzamos por actuar bien, por respetar las reglas, por no hacer nada indebido, nada por lo que puedan llevarnos a juicio, nada de lo que podamos arrepentirnos.

Nos alejamos de las tentaciones por miedo a perder el control y luego no tener la fortaleza suficiente para soltarles la mano y seguir por la “senda del bien”. Pero no siempre esa senda es como la queremos ni como la habíamos imaginado. Con los años se torna aburrida, pesada, incluso hostil. Sin embargo no la abandonamos, y no por falta de ganas, sino porque “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Y si siempre hemos sido ovejas blancas ni siquiera imaginamos las consecuencias de lo que podría causar teñir de negro nuestra lana. Ni siquiera imaginamos que a lo mejor no pasa nada.

Somos esclavos de nuestros temores hasta que un día nos cansamos de ser perfectos, de respetarlo todo, de hacer lo que debemos… Un día algo pasa por nuestra cabeza, un ángel se cruza en nuestro camino y como si se tratara del hechizo de un hada nos cegamos, o más bien abrimos realmente los ojos. Se activan nuestros sentidos, esos que sin darnos cuenta estaban aletargados por la rutina. Ampliamos nuestro campo visual, nos ponemos cuadrafónicos, se nos pone la carne de gallina, saboreamos mejor el vino y el olor a piel nos estremece. Ese es el día que decidimos vivir, vivir de verdad, vivir lo que queremos y no lo que debemos, hacer lo que se nos antoja y no lo que se espera que hagamos. Un día descubrimos que somos capaces de cosas que escapaban a nuestra imaginación. Ese día le damos un descanso a nuestro lado Beatle y dejamos libre al Rolling Stone que llevamos dentro, el mismo que llevaba tiempo dándonos patadas para que lo dejáramos salir.

Ese diablillo que llevaba meses, tal vez años empujándonos para dar ese beso que no nos atrevíamos, a comernos ese bombón que tanto nos apetecía, tocar esa seda que tanto nos atraía, oler esa orquídea cuyo perfume nos fascinaba, y subirle el volumen al disco que hará de banda sonora al recorrido que haremos pisando un poco el acelerador, pero sólo un poco porque no queremos llegar pronto a nuestro destino desconocido, ya hemos entendido que lo más divertido será el camino.

Así que  por fin nos dejamos llevar, nos abandonamos al deseo, a los sueños, a los “¿y por qué no?”,  a los “porque me da la gana”, “me lo merezco”,  “lo estoy disfrutando”,  “¡qué suerte tengo!”, a los «¿cómo he podido perder tanto tiempo?», a los «ya estamos aquí», «¿me voy o me quedo? me quedo!!!!», a los “ahora o nunca”…  Dejamos de pensar en condicional y activamos el presente, el aquí y el ahora. Estamos justamente en el lugar que queremos, como queremos, con quien queremos y porque queremos. Somos felices, no hace falta nada más. ¿A quién le importa por cuánto tiempo?

Es entonces cuando le damos prioridad a lo que realmente la merece, alzamos la copa, nos mordemos los labios, y mientras nos perdemos en otra mirada brindamos por el fracaso de la razón…

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

View more posts from this author
One thought on “El fracaso de la razón
  1. samuel

    Tal cual son nuestras vidas!. Justo eso es lo que pensamos en nuestros momentos de reflexiòn. Eres genial!. Lo expresas todo con la magnitud que se merece cada ocasiòn que nos da la vida. Hace falta siempre, alguien como tù que nos active tantas verdades que uno va dejando pasar sin saborearlas para convertirlas en experiencia. ¡Nunca pares de escribir porque me hace mucha falta escucharte!

     
    Reply

Responder a samuel Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *