Cómplice

No

 

Durante los últimos días no he podido evitar las náuseas ante la noticia de que una mujer denunciaba a un político por ofrecerle un puesto de trabajo a cambio de sexo. No es raro que la repulsión y la indignación se apoderen de quien lee algo así, lo que me molesta es haber sentido casi lo mismo por el acosador que por la “víctima”.  Como mujer he intentado ser lo más empática posible, pero he comprobado que la empatía, igual que la paciencia, tiene un límite. A lo mejor la mía es muy limitada, no lo sé. Lo cierto es que en este caso la vergüenza de género no me permite disculpar la actitud de la denunciante, es por esto que le diré algunas cosas:

No señora, usted no es una víctima como la niña que hace más de dos décadas perdió un año escolar en un colegio religioso por denunciar al profesor que pedía felaciones a las alumnas vírgenes a cambio de aprobar Física.  Usted no es una víctima como la señora que pasaba las noches limpiando y vendiendo cigarrillos o chucherías en el baño de una discoteca para poder alimentar a sus hijos. Usted no es una víctima como la mujer que haciendo arepas y jalea de mango ganaba para dar de comer a su familia. Tampoco es como esas señoras que pasan largas jornadas planchando ajeno y semanas comiendo pasta con sardinas porque no pueden permitirse más. Todas ellas tuvieron la misma oportunidad que usted: venderse al primer buitre que les ofrecía el camino fácil a cambio de prostituirse, o apretar los dientes y no tener nunca en la conciencia que lo alcanzado fuera producto de sudar sábanas en algún hotel –da igual si caro o de mala muerte–.

Usted pudo decir que no, pero prefirió hacer un trato con un delincuente, confiar en alguien que no tiene en cuenta la cualificación de los candidatos a un puesto de trabajo, sino la capacidad para darle placer sexual a su ruin y ofensiva existencia.  ¿Y por qué lo sabemos? Porque el roñoso rompió el trato, la dejó esperando como a novia de pueblo, no cumplió. Así que sea honesta por lo menos esta vez, usted no está denunciando el acoso sexual al que accedió, usted está denunciando que no le pagaron la tarifa correspondiente. Porque de haber sido contratada en el lugar que le ofrecieron, la denuncia jamás habría llegado a ninguna fiscalía. Usted denunció a su cómplice porque la dejó sin su parte del botín, no por la vergonzosa propuesta que le hizo. Y por mujeres como usted, dispuestas a venderse por un contrato de trabajo, un ascenso, una matrícula de honor, un cargo político o cualquier otra cosa con la que crean poder darse por bien pagadas, es que cerdos como el que usted ha denunciado siguen haciendo de las suyas dondequiera que van.

Las que aceptan y callan, las que denuncian por no haber sido compensadas, las que no ceden pero tampoco denuncian, todas son cómplices de seres nauseabundos que no se limitan a un solo ámbito de la sociedad. A estos aborrecibles seres se les puede ver en alguna universidad pidiendo a las alumnas que le acompañen a casa para encontrar un trabajo traspapelado que saben haber evaluado como “aprobado” pero –qué casualidad– no recuerdan con cuánto. También se les puede ver en las entrevistas de trabajo que pretenden hacer en reservados comiendo marisco y bebiendo espumante, en bromas de mal gusto que no esconden la verdadera intención, y un sinfín de escenarios más.

Desgraciadamente nunca vamos a saber cuánta gente como usted ha sido cómplice de un acto tan bajo como este. Pero lo más preocupante es que nunca vamos a saber el número exacto de mujeres –y de hombres–  que son acosados con la promesa de obtener algo de su interés o necesidad. Cada vez parece más complicado descubrir el nivel de presión al que se ven sometidas millones de personas por parte de indecentes que aprovechan su posición de poder para intentar beneficiarse sexualmente. Y cada vez vemos que por gente como usted se ve perjudicada la credibilidad de personas honestas que deciden denunciar estos hechos y luchar contra todo lo que se interponga para demostrar la corrupción de abusadores y de quienes les protegen haciendo la vista gorda.

Comprendo perfectamente que se sienta estafada, me parece estupendo que haya denunciado, y considerando que pretendía conseguir trabajo por un tipo de capacidades que no se ponen en un currículum, entiendo que usted no haya tenido la inteligencia suficiente para darse cuenta de que le estaban tomando el pelo. Da mucha lástima que se tenga tan poca estima como para creer que el sexo es el mejor medio que puede utilizar para firmar un contrato de trabajo, pero háganos un favor al resto de las mujeres: no se haga la víctima, porque aunque lo sea, usted sobre todo es cómplice.

Fotos:

Web

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

View more posts from this author
One thought on “Cómplice

Responder a Angeles Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *