Adictos

Todo comienza con una pequeña transgresión, una travesura que nos hace recordar cuando de niños escondíamos los lapicitos con los que rayábamos las paredes. El problema está en lo adictivo de este tipo de acciones, y por más razones que busquemos para justificarnos, la verdad es que toda adicción es peligrosa.

Somos adictos y la mayoría de las veces ni siquiera lo reconocemos. Adictos al cigarrillo, al chocolate, al trabajo, a las causas perdidas, a la telebasura, a los amores imposibles, al alcohol, al gimnasio, a las drogas, a las redes sociales, a procrastinar, a las compras inútiles, a los carbohidratos, a los móviles… Todos tenemos una debilidad, y por mucha integridad que haya en nuestra conciencia, todos nos levantamos un día con el alma un poco menos cara que el resto.

No siempre nuestras adicciones son ilegales, pero eso no les quita su verdadero efecto: crear dependencia. Nos engañamos al principio creyendo eso de “una vez al año no hace daño”, creando la excepción para confirmar la regla, sucumbiendo a la ingenuidad del “yo me controlo”. Las emociones y las sensaciones nos atrapan, pero llegado el momento nos damos cuenta de que a pesar del daño que nos pueda hacer, no somos capaces de renunciar a nuestra travesura favorita, y es allí cuando “comienza Cristo a padecer”.

Las adicciones hacen daño porque son ellas las que terminan por controlarnos a nosotros, y la razón se convierte en un campo de batalla del que podríamos salir con los pies por delante si no espabilamos a tiempo.

“Poder decir adiós es crecer” cantaba mi porteño favorito, y es eso lo que toca hacer con las adicciones: dejar de estirar ese placer que muchas veces nos arrastra por un camino que no queremos recorrer, y lo peor, arrastra a quienes más queremos. Olvidar las excusas como “una última vez y ya”, “el  1º de enero”, “mañana lo dejo”, para finalmente decidirnos por el “hasta aquí” y el “se acabó lo que se daba”, apretar los dientes, alejarnos de la tentación mientras aún nos tiemblen las piernas, y si es necesario pedir ayuda para conseguirlo. Luego, cuando hayamos superado el periodo de abstinencia y seamos lo suficientemente fuertes para decir que no, ya estaremos listos para pararnos frente a esa que ya no nos controla.

Nada termina hasta que se termina, por eso la fecha más especial para dejar un vicio es el día en el que lo miras a los ojos para decirle: se acabó. Y aunque sea mucho más difícil de lo aparente, en esto no hay imposibles porque el tiempo lo cura todo.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “Adictos
  1. Irek

    Hola Yedzenia, Me ha gustado tu publicación.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo.
    Tenemos demasiadas adicciones y cada vez más. Muchas veces ni paramos por un momento para darnos cuenta de eso…
    Pues lo bonito y lo mejor sería aprender a elegir las «adicciones sanas» y buenas, quitando las tóxicas…
    Fácil no es me imagino, yo tengo la suerte de poder decir que no tengo ninguna que me controle a mi, al menos por el momento…y desde luego ninguna que sea tóxica…

     
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