Ya no…

Ya no te mira a los ojos porque teme perderse en ellos. No te dirige la palabra para evitar que se le escape un “te quiero”. Tampoco permite que te le acerques porque no sabe si podrá resistirse al calor de tus brazos.

Ya no te llama por teléfono porque al igual que en las partituras los silencios son tan importantes como las notas. Ha dejado de contarte sus sueños con la esperanza de que se cumplan. Los caballos salvajes que corrían en su pecho al escuchar tu voz, ahora pasan los días pastando. Ya no se levanta cada mañana pensando en el beso que te dará y brinda en soledad por la nostalgia y la amnesia.

En las despedidas disimula la sonrisa, y cuando te alejas ata sus pensamientos para que no se vayan contigo. Tu recuerdo no llena sus sábanas impidiéndole pasar las noches en vela, y las flores que recogió una vez han perdido el color esperando que vuelva la primavera.

Ya no duerme imaginando que tus manos acarician su pelo, ni abre la puerta deseando que seas tú para cambiarte el “hola” por un sinfín de caricias. Ha dejado de escribirte porque ya no espera que le respondas.

Ya no dejas la luz de ilusión que se mantenía encendida hasta que volviera a verte.

No se lo has preguntado y tampoco te lo dirá. Ninguno de los dos sabe y tampoco parecen querer saber si tanta frialdad se debe a que ya no te quiere o a que no te quiere querer. Total, ¿cuál sería la diferencia?

 

 

Foto: web

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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