19 de octubre, 2014
Usted no puede imaginarlo
Le trataré de “usted” para marcar aún más la distancia, porque siento tanto desprecio que tutearle significaría acercarle a mí, y yo con usted no quiero ningún tipo de acercamiento. Incluso hablarle de lejos no evita la profunda repugnancia que me lleva a dedicarle estas líneas. No obstante, Óscar Morales, no espere que lo llame “señor”, pues su acto lo aleja de toda la dignidad necesaria para semejante trato.
Ensucio mi blog con su nombre porque si no suelto todo lo que llevo dentro, es probable que no consiga conciliar el sueño o termine teniendo pesadillas con un mundo lleno de gente con el cerebro podrido como el suyo y sin el más mínimo vestigio de humanidad.
Óscar Morales, usted no sabe lo que es recibir esa terrible noticia, no sabe lo que es pasar la noche entera en una silla dura o en el suelo velando el sueño y calmando los quejidos de un ser querido. Usted no puede imaginar lo que es perder un amigo por culpa del maldito cáncer, no sabe lo que es ver cómo una vida se va apagando poco a poco, cómo languidece la mirada, o cómo se esconde el terror con una sonrisa tranquilizadora para padres o hijos. Usted nunca ha tenido que ir a buscar un turbante bonito para una amiga, y mucho menos la ha ayudado a acomodarse la peluca.

Usted Óscar Morales, no puede imaginar la angustia que se siente en cada despedida porque podría ser la última vez que escuche la voz de ese valiente que con un abrazo asegura que seguirá estando al día siguiente. Usted ignora la amargura de las lágrimas cuando una biopsia da positivo o el médico dice “vamos a intentar otro tratamiento”. Usted no sabe lo que son las náuseas, los vómitos, los eructos, ni mucho menos la soledad que vive una persona que renuncia a ver a sus seres queridos porque se avergüenza de los efectos secundarios de la quimioterapia. Usted no ha visto de cerca las llagas en la boca de alguien desesperado por dar un beso.
Usted no sabe lo que es ponerse una mascarilla y hablar poquito para que todos tengan su oportunidad de saludar, tampoco sabe lo que es dar un abrazo con la mirada porque los dolores no permiten uno de verdad. Usted no sabe lo que es quitarle los puntos negros del rostro, o hacerle la manicura a alguien que ya no puede hablar pero que con una lágrima agradece que aún en las peores circunstancias se le mantenga bonita.
Usted, indecente Óscar Morales no sabe lo que es cargar con un cuerpo ligero porque sólo lo componen un puñado de huesos cubiertos de piel. Usted no sabe lo que es buscar esperanza hasta debajo de las papeleras de un hospital. Usted no ha escuchado nunca gritos de dolor, ni los estertores de la muerte que inmisericorde arranca de este mundo a personas que sólo por el asqueroso acto que usted ha cometido durante años, merecían más que usted seguir estando aquí.

Usted no puede imaginar lo que es peregrinar por farmacias buscando un medicamento, o lo que es peor, no tener con qué comprarlo y pedir en la calle. Tampoco ha tenido que hacer eventos para recaudar los fondos necesarios para costear un tratamiento. Usted ignora lo que es oír a alguien mendigar morfina para poder descansar. Usted no sabe lo que es tener que preparar de repente un funeral porque cuando todo parecía ir bien un sacudón torció el destino. Usted desconoce el grosor del nudo que se hace en la garganta cuando hay que darle la fatal noticia a un niño. Usted no sabe a qué huelen los repartos de Oncología o la habitación de un enfermo terminal.
Usted miserable Óscar Morales nunca ha tenido que prometer a una amiga cuidar de sus hijos si llegara a faltar, tampoco ha visto a un hombre subir dos plantas con una sola pierna para poder seguir durmiendo junto a su mujer. Usted jamás ha tenido que dejarlo todo para cuidar a un ser querido. Tampoco sabe lo que es dejar de lado el agnosticismo para rezar porque es lo único que el amor de su vida pide hacer por su madre.
Usted no sabe lo que es ser esclavo de las medicinas, los horarios y los experimentos. Usted jamás ha visto agitarse un pañuelo desde la ventana de un hospital.
Usted no tiene la capacidad para sentir y mucho menos para entender el dolor que recorre el alma cuando alguien después de mucho luchar, pierde la batalla. Usted no sabe lo que es maldecir sin parar por lo injusta que es la vida.
Estoy convencida de que usted no tiene ni la más remota idea de lo que en realidad es el cáncer, qué significa, el dolor que trae y el daño que hace. Porque si a lo largo de los años que lleva vivo hubiera tenido aunque fuera de lejos a un paciente de cáncer, le aseguro que jamás se habría atrevido a jugar con esto, ni siquiera por un día, mucho menos para obtener un beneficio económico durante cinco años.
Usted, Óscar Morales, de hoy en adelante va a vivir con la zozobra de la realidad, la terrible realidad que no le deseo pero que desgraciadamente las estadísticas de esta enfermedad le harán conocer algún día. Y no quisiera estar en los zapatos de sus familiares o amigos, porque en el mundo no hay hueco lo suficientemente profundo para esconder la cabeza por la infinita vergüenza que deben sentir gracias a su vomitiva avaricia.
Y no crea que devolviendo el dinero o incluso entrando a prisión disimulará el hedor del traje de miseria que lleva puesto. No se lo quitará nunca, aunque supongo que en cinco años le habrá agarrado el gusto. Y tampoco se preocupe por los enfermos de cáncer, ellos necesitan de personas de verdad, seres humanos que los respeten, los cuiden y los quieran, pero no me molestaré en explicarle lo que esto significa porque como todo lo demás, esto usted no puede imaginarlo.
Un ex concejal de Izquierda Unida en Elche simula un cáncer 5 años para cobrar una pensión
Foto y artículo: El Mundo.
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