Etiqueta: Venezuela

En el mundo

IMG_1786

Seguro sigues llevando la cuenta de los años que llevas sin ver a tu familia o a tus amigos. ¿Desde cuándo no tropiezas con el verde de la montaña que te saludaba cada mañana, no ves una pareja de guacamayas jugando con el viento o un grupo de niños volando papagayos? ¿Desde cuándo no te tomas un guayoyo en compañía, no pruebas un sancocho, ni te comes un aguacate del tamaño de un melón? ¿Cuándo fue la última vez que caminaste por las calles de tu ciudad sin sufrir algún tipo de abuso, algún atropello, algún temor? La última vez que caminaste por diversión para ir a la casa de un amigo, jugar Carnaval o comerte algo sabroso, ¿cuándo fue?

Para algunos hace décadas, para otros poquito, pero más de lo que les gustaría. Otros ni siquiera han podido vivir alguna de esas cosas porque mucho más allá del lugar donde estamos, dentro o fuera de Venezuela todos tenemos un dolor que nos acompaña así como el luto de perder a un ser amado: comienzas de cero porque la vida sigue y hay que vivirla. Te ríes, comes, trabajas, te enamoras… Mas el dolor sigue ahí, acompañándote siempre y manifestándose cada día de una forma distinta: a veces te trae algún recuerdo a la mente con el que se te escapa una sonrisa o una lágrima, otras es una simple frase que te anima, una canción que cantas a todo pulmón, una cara que te confunde, una melena que te ilusiona, un sueño que te despista cuando al despertar ves dónde estás. Entonces suspiras y te mueves rapidito para que el día se te pase manteniendo magistralmente el equilibrio entre la rutina del deber y la nostalgia del querer sin que se te agüe el guarapo. Ya tienes la piel curtida de ausencias y distancias, los ojos cuadraditos de tanta pantalla para seguir “viendo” mientras la electricidad lo permita.

IMG_1787

Han sido miles de días, algunos que sentimos eternos por el peso que llevábamos a cuestas y otros que pasaron a la misma velocidad de las estrellas que iluminan la mirada pero casi no dan tiempo a pedir un deseo. Días en los que dimos las gracias o lloramos amargamente por las decisiones tomadas, irse, quedarse, volver, soltar… Jornadas agotadoras llenas de impotencia ante tanta injusticia, brutalidad y desgracia, pero que al mismo tiempo hicieron callo y nos han hecho más fuertes, más resistentes, más creativos.

IMG_1788

A pesar de las repetidas decepciones, siempre hemos encontrado una vía para seguir luchando por todo lo que merecemos como país, como seres humanos. Tampoco es que hayamos estado pidiendo nada extraordinario, simplemente libertad. Libertad. Hemos estado luchando para que los venezolanos puedan comer sin tener que rebuscar en la basura, trabajar sin que el puesto sea un chantaje o la pensión sea una limosna, curarse sin tener que vender muebles para comprar medicinas, protestar sin jugarse la vida, estudiar sin ser adoctrinados, vivir sin ser amenazados, enterrar a nuestros difuntos sin que el servicio funerario sea pagado con una colecta. Hemos estado luchando para que al presionar un interruptor la luz se encienda, al abrir un grifo salga agua y que sea limpia, para que repostar combustible sea tan sencillo como ir a la gasolinera sin haber acampado en el carro para no perder el número en la cola.

Y sí, han hecho trampa muchas veces, han cambiado a su anotojo las reglas del juego, no han tenido reparos en agredirnos de formas que sólo pasan por la mente de asesinos, pero ya no son tan fuertes, ya no son tantos. La dictadura en muchos aspectos no es la misma y nosotros tampoco.

IMG_1785

Estamos viendo cómo fracasan con vergonzosa evidencia los bajísimos e innumerables intentos del chavismo por ocultar su debilidad, división y su instinto asesino. Muchos de los otrora «amigos» le han dado la espalda. Los ojos de actores politicos y medios de comunicación están puestos en Venezuela. Están puestos en nosotros y nuestra capacidad para sobreponernos ante la adversidad, armarnos de valor y seguir luchando hasta el final. Porque por más pequeña que sea puerta a la libertad, aquí estamos dispuestos a abrirla y, si la derribamos con una abrumadora avalancha de votos, la haremos tan grande como grande es el país que merecemos y que con los brazos abiertos espera a los millones de hijos que salieron un día con el corazón hecho pedazos en la mochila y sin más zapatos que la voluntad de salir adelante.

Mañana 28 de julio de 2024 tenemos elecciones. Vamos a votar sin odio pero con la memoria fresca, con fe. Vamos a ayudar en lo que podamos, a defender nuestros votos y nuestro futuro, porque tenemos derecho a vivir en democracia, nos lo debemos a nosotros mismos y se lo debemos a Venezuela. Vamos a empezar de cero con una nueva cuenta, la de todo aquello que podremos volver a hacer sin represalias, en paz, en libertad.

Mañana será un día histórico, vamos a celebrar que este país no se rinde y está preparado para la libertad.

Vota y ganaremos. Lo celebraremos con Edmundo y en todo el mundo.

Foto de cabecera: Getty.

Ilustración bandera: Camila de la Fuente

Foto papagayo: @gfuenmayor

Tarjetón electoral: CNE.

Continue Reading

No habrá paz para los enchufados

NO HABRÁ CARTEL

Una de las grandes frustraciones de la diáspora venezolana es no poder estar en las calles de nuestro país protestando junto a todos los demás. Es inexplicable el dolor que se siente al ver cómo esta dictadura intenta diezmar a la población a través de formas tan perversas como: dispararle bombas a quemarropa, obligarle a tirarse a la cloaca más grande del país para no morir tiroteada, negarse a abrir un canal humanitario para mitigar la escasez de comida y medicinas, atacar hospitales y viviendas, juzgar civiles en tribunales militares, utilizar las tanquetas como aplanadoras… En fin, una sanguinaria pesadilla.

Es aterrador estar en medio de semejante situación. También es tremendo vivir en cualquier lugar del mundo con la angustia de perder a un ser querido a manos del hampa, o lo que es lo mismo, de la dictadura. Es una tortura no poder tomar el primer vuelo con destino a Caracas para enfrentar allí las feroces cargas de gas, balas y metras con las que violando el derecho internacional, uniformados y paramilitares atacan sin piedad a un pueblo hambriento de alimentos, justicia y democracia.

Aunque no éramos capaces de imaginar tanto sadismo, las acciones de Nicolás Maduro y demás represores han dejado de sorprendernos. Pero como no estamos en los años treinta, tampoco al otro lado del Muro de Berlín (por más que lo parezca), ni mucho menos en la época en la que los petrodólares compraban amigos alrededor del globo, ya no es tan fácil tapar el sol con un dedo. Una de las ventajas de vivir en el siglo XXI es el poder de Internet, la herramienta que rompió la barrera espacio temporal y nos permite saber en tiempo real lo que de verdad está pasando en Venezuela, convirtiendo en insuficiente todo el inútil sistema de medios de comunicación al servicio del tirano.

La propaganda que habla de un gobierno extraordinario, con un sistema de salud envidiable, tan preocupado por la alimentación de sus ciudadanos que les hace llegar cajas de comida a sus casas, un sistema educativo que como churros produce egresados en lo que sea, y que enarbola la bandera de un patriotismo exacerbado en pie de lucha contra un montón de guerras imaginarias declaradas por un imperio que casualmente no ataca a ningún otro país de la región, es la misma que con patriotismo y todo se va al carajo cuando los grandes defensores del chavismo son sorprendidos haciendo la compra en supermercados de Oranjestad o Miami, cuando pasean alegremente por las calles de Madrid, París, Ginebra o Nueva York. Porque las virtudes del chavismo deben vivirlas obligatoriamente millones de venezolanos, especialmente aquellos que hurgan en la basura para engañar al estómago, pero no los hijos de Hugo Chávez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y un sinfín de sinvergüenzas que, salvo el desfalco hecho al tesoro nacional, jamás podrían mantener con guardaespaldas y todo a su prole en países capitalistas tan caros y distantes de la “revolución bonita”.

Demostrando su prepotencia (además de una gran falta de inteligencia) los voceros de la dictadura se permiten dar charlas sobre derechos humanos en lugares tan remotos como Aranjuez, mientras en diferentes regiones del país asesinan uno tras otro a jóvenes manifestantes.  Sabemos que las misiones diplomáticas de Venezuela no son más que sucursales del chavismo destinadas a la propaganda que con ayuda de muchos interesados pagados durante años con dinero público, intentan esconder lo que realmente ocurre en nuestro país. Son innumerables los pasaportes diplomáticos que con el sagrado nombre de nuestra Venezuela han sido utilizados para privilegiar a personas cuyo único “mérito” es ser familiar o amigo de algún miembro del régimen,  y hasta el peluquero de la hija de Hugo Chávez. Tan evidente ha sido la corrupción durante las dos últimas décadas, que los únicos que justificadamente se encuentran en el extranjero, son los dos sobrinos de Nicolás Maduro que están en una cárcel de Nueva York por planificar el traslado de 800Kg de cocaína (sí, ochocientos kilos) en un viaje que, por supuesto, no hicieron en burro.

Es cierto que los hijos no son responsables de los crímenes que cometen sus padres, pero si hacen la vista gorda sabiendo que con el salario de un funcionario público venezolano no se puede pagar una vida de opulencia y despilfarro, dejan de ser inocentes para convertirse en cómplices. Son tantos los “revolucionarios” que gozan de una vida maravillosa en el extranjero mientras los verdaderos dueños del dinero hacen largas colas para poder comer, que es imposible pasar desapercibidos, y más aún cuando no hacen otra cosa que vanagloriarse de los lujos que gozan gracias a los litros de sangre vertida a lo largo y ancho del país. Es por eso que cada día en diferentes puntos del mundo los enchufados son increpados por venezolanos que tuvieron que salir del país que destruyó esa mafia llamada chavismo. Es por eso que suizos, australianos, belgas, etc., se sorprenden al ver en sus tranquilas calles a personas gritando de dolor exigiendo explicaciones a una cuerda de parásitos que sin la menor vergüenza ríen mientras los hogares venezolanos están de luto.

De Venezuela hemos salido alrededor de dos millones de personas, muchos médicos están trabajando de repartidores, ingenieros de taxistas, contadoras como servicio doméstico. Muchos trabajan durante largas jornadas para poder sobrevivir y tener aunque sea 50 dólares con qué comprar comida a la familia que dejaron en Venezuela. Muchos otros tienen empleos mejores y se pueden permitir una vida menos dura, pero eso no calma el dolor de haberlo dejado todo en la tierra que nos vio nacer y donde a pesar de sus imperfecciones éramos felices hasta que un grupo de delincuentes la llevó a la ruina. Precisamente esa gran diáspora generada por el chavismo seguirá gritándole a todos los enchufados lo que son. Seguirá avergonzándolos en cualquier parte del planeta para que sus nuevos vecinos y amigos sepan cómo llegaron a vivir como viven, cuánta sangre se ha derramado para mantenerlos, de dónde sale el dinero para guardaespaldas, vacaciones y compras. Y lo haremos no solamente en perfecto castellano, sino en inglés, italiano, francés, alemán, árabe o cualquier otro idioma del país donde ustedes viven por capricho y los demás por necesidad. Los increparemos hasta que el aire que respiren les huela al gas con el que atacan las protestas, que lo que coman les sepa al agua del Guaire, la imagen de los cadáveres o el eco de las balas invadan sus sueños, hasta que bajen la cabeza por haber parrandeado a costa del sufrimiento de millones de personas y sientan náuseas por llevar en sus venas sangre de asesinos.

Asuman que este es el impuesto por disfrutar de dinero mal habido, que no encontrarán rincón del mundo donde esconderse de la justicia, que no habrá día en el que caminen sin temor a ser repentinamente perseguidos por un venezolano gritándoles lo que son. Sepan que no habrá paz para los enchufados.

Videos y fotos:

@RCTVenlinea

@ReporteYA

@CaterinaV

Web

 

Continue Reading