Los vampiros del siglo XXI

AQUÍ MURIÓ UN INOCENTE

Otra vez la sangre corre por las calles de nuestro país, otra vez el luto embarga nuestras vidas, una madre entierra a un hijo, un pupitre se queda vacío, una multitud de sueños desaparece bajo tres metros de tierra… Todo, otra vez.

Este régimen llamado “Socialismo del Siglo XXI” es la versión más cara y de peor gusto que se ha sacado del infierno descrito por Dante Alighieri en la Divina Comedia. Cara por las vidas que se ha ido cobrando desde que su artífice utilizó a jóvenes inocentes que ignoraban ir camino a la muerte en medio de un intento de golpe de Estado todavía hoy celebrado como una hazaña valiente cuando en realidad fue una masacre que tiñó de rojo nuestra memoria. Cara por la incalculable cantidad de dinero que inexplicablemente ha desaparecido de nuestras arcas, y cara por la destrucción de cientos de miles de familias que se han visto obligadas a abandonar el país para salvarse de las balas que todos los días el régimen bautiza con nuestros nombres. Porque fue así como irrumpió Hugo Chávez en la vida de los venezolanos, llenando de sangre nuestras pantallas, acabando con la vida de muchos, poniendo en peligro la de otros, y de paso siendo compensado con un indulto que cada día que pasa pesa aún más sobre los hombros de los venezolanos que creemos en la justicia y la democracia.

GOLPE 4F

Sangre de inocentes es lo que le ha dejado este régimen al país, derramada por doquier a punta de plomo por algún malandro con chapa o sin ella, sangre que parece no valer nada porque no es la que corre por sus venas, y sobre todo, sangre que no conoce de justicia porque las columnas de este descomunal fraude llamado “la revolución bonita” son la corrupción, la avidez, el cinismo y la impunidad.

Ya no les basta con haber saqueado el Tesoro Nacional o despilfarrado las ganancias del periodo más largo de bonanza que haya experimentado el petróleo. Tampoco les es suficiente haber arruinado la industria, acabado con el prestigio de la que otrora fue la empresa más competitiva del mundo, ni mucho menos haber descendido a unos niveles de indecencia verdaderamente grotescos. No, eso es demasiado poco, también han necesitado callar nuestras voces en todos los medios de comunicación, sembrar odio en largas sesiones de cadena nacional, amenazar, perseguir y acosar a todo el que no haya querido humillarse ante sus botas. Y hasta aquí podríamos pensar que es excesivo, pero no, ellos necesitan más, por eso se hacen las leyes a medida, politizan las instituciones, sonríen al narcotráfico, miman a los delincuentes y llevan una vida de reyes mientras exigen al pueblo sacrificios como dejar de ducharse si no encuentra jabón, o adecuarse a un racionamiento que le obliga a hacer largas colas para comprar la poca comida disponible como si viviéramos encerrados en un gran campo de concentración. Bueno, el “como si” sobra, Venezuela es un gran campo de concentración con asesinos pagados de nuestro propio bolsillo para exterminarnos poco a poco y a través de múltiples métodos. Mientras, nuestros vecinos son incapaces de levantar la voz porque tienen la boca repleta de billetes de esos que nosotros vemos sólo en el asfixiante mercado negro que crece al tiempo que se multiplican las propiedades de decenas testaferros más allá de nuestras fronteras. Pareciera que esto fuera mucho más que demasiado, pero no, el Socialismo del Siglo XXI necesita todavía más: calumniar, burlarse, humillar a sus víctimas.

Basic RGB

Ahora entiendo porqué hablan tanto del “corazón del pueblo”, este régimen necesita de la sangre de los venezolanos para poder latir, el Socialismo del Siglo XXI se alimenta de nuestra sangre. Como todo vampiro la busca fresca, y mientras más joven, mejor. El vampiro mayor sigue presente con su mirada espiando a los aprendices que dejó chupando la yugular de este país. Incluso algunos después de llevarse a su reino de origen los bolsillos colmados –a tasa preferencial– de “agradecimiento revolucionario” intentan copiar el modelo seduciendo con su voz y su vacía verborrea a nuevas presas que en medio de la ignorancia y la desesperación caen rendidas sin notar que tras la sonrisa encantadora esconden los colmillos.

DRACULA PI

El país huele a sangre y pólvora, esa mezcla terrible que desgraciadamente ya forma parte de los olores que reconocemos con la misma facilidad que el de la taza del café cada vez más ausente de nuestros desayunos. No hay salvación, da igual que nuestros niños regresen a pie del colegio o en el carro con su familia, las ilusiones se escapan por el orificio de una bala en la cabeza. Se acaba todo, la sangre corroe nuestras calles y la impotencia da paso a la rabia de ver cómo poco a poco esa corrosión marchita nuestras vidas dejando una marca indeleble, la marca de la vida que se perdió para alimentar con su sangre a los vampiros del siglo XXI. Basta ver cómo están de gordos con la barriga llena de carne joven y la cuenta corriente  con incalculables ceros  a la derecha.

BASSIL DA COSTA

En Venezuela la mortandad y el dolor abundan más que las flores de Araguaney, los derechos humanos son una utopía y la separación de poderes un mito. Damos tanta lástima que el mundo comienza a mirarnos con preocupación, pero sólo durante los minutos suficientes que rellenan espacios en los noticieros. Para cuando esté seco el charco en el asfalto pocos se acordarán de nosotros, volverán a ignorarnos hasta que otra muerte no muy diferente de las que colapsan las morgues los fines de semana vuelva a repetir el círculo que llevamos viendo girar hace tanto tiempo.

Nicolás Maduro: tal vez no te hayas dado cuenta aún, pero la sangre no es agua, el agua no es infinita y la paciencia tampoco. No creo que las mujeres de este país estén dispuestas a seguir perdiendo a sus hijos para que tú y tus compinches sigan bebiendo sangre o bañándose en ella como si de un macabro carnaval se tratase. Quiero pensar que la pérdida de una vida no es motivo de alegría para nadie, no creo que el valor de la vida de un niño dependa de lo que piense entre sus ilusiones ni de lo que voten sus padres. Ni siquiera imagino a las madres de ninguno de esos muchachos empuñando un arma contra tus hijos o tus nietos. Pero claro, estamos hablando de gente decente, no de cobardes como tú o esos que ni siquiera ante la súplica de una criatura dejan de apretar el gatillo.

Caricatura

Si Hugo Rafael Chávez Frías quiso lavarle el cerebro a un país ofreciéndole “patria, socialismo o muerte” les recuerdo que lo primero nunca lo consiguieron porque ya teníamos una, lo segundo fue una estafa, y lo único que han dejado a su paso es la muerte. La muerte no puede ser la esencia de ningún gobierno, ni mucho menos la única salida para un pueblo. Admitan que esa mentira fracasó y dejen a este país vivir en la paz que merece y salir de una vez por todas de la putrefacción que ustedes han creado.

Si quieren seguir chupando sangre, usen la de sus propios hijos y nietos a ver si es verdad que están dispuestos a darle a este país la lealtad que tanto le piden. Ojalá me equivoque y no lo hagan, aunque tampoco sería la primera vez que algún malviviente sacrifica a su propia familia con tal de mantenerse en el poder y seguir sorbiendo el flujo que le da la vida.

BANDERA DE LUTO

Dedico estas líneas a todos esos jóvenes cuya sangre bañó nuestras calles, a esos muchachos que fueron forzados a dejar este mundo sin hacer realidad sus sueños.

Fotos: Web.

Caricatura «La raíz»: Daniel Bastidas Peña.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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