Los que quedaban

 

 

Con el resultado de las elecciones presidenciales de 1998 muchos decidieron hacer sus maletas, y aunque ninguno pensó que el destierro cumpliría la mayoría de edad,  lo cierto es que cada vez ese lamentable aniversario está más cerca.

Al principio los que partieron pensaban que volverían en unos años, no se les ocurrió que terminarían formando una familia fuera, casándose con un banco firmando una hipoteca, ni hablando tan raro que les costaría que les creyeran dónde habían nacido.

 

Salieron deseando que todo volviera a la normalidad en poco tiempo, intentando aprender lo máximo posible para obtener un empleo mejor al regresar, sabiendo que dejaban familia y amigos pero que cada diciembre que fueran de visita encontrarían a todos los que se quedaron. Sin embargo, la situación fue empeorando cada vez más y cada año que pasaba el inventario de emigrados aumentaba de manera espeluznante.

Los primeros en irse sabían que dejarlo todo no era un paseo en un arcoíris, al contrario, era y sigue siendo duro, por lo que el deseo por la mejora del país no sólo era por la posibilidad de volver, sino por evitar que sus amigos se desparramaran por el mundo padeciendo los mismos momentos desagradables.

Desgraciadamente ninguna de las dos cosas se ha cumplido y los desterrados ahora ven cómo se van los pocos que quedaban. Hermanos, amigos, cada uno a un rincón diferente del mundo, el que ofrezca más oportunidades, el que permita dar un futuro mejor a los hijos, uno en el que no haya que buscar excusas porque no hay suficiente comida en la nevera. Lo que les espera es duro, mucho, pero no hay imposibles para quien ha sobrevivido al chavismo.

El alma se cae al suelo y el alivio por la salvación de uno, y otro, y otro… navega en el llanto por estas partidas. Los nuevos inmigrantes avisan en secreto a sus mejores amigos y piden consejo a los que ya dieron ese paso. Nadie debe saber hasta que falte poco y las maletas estén hechas. Es así como hijos recién nacidos dirán su primera palabra en medio de la ausencia de su padre, abuelos ahogarán su llanto en la esperanza de saber que sus nietos viven mejor y madres aliviarán su dolor sabiendo que sus muchachos  se las arreglarán para estar juntos por lo menos en Navidad.

El país se está quedando vacío, las casas desiertas. Se han ido hasta los que creímos que nunca se irían. La necesidad ha llevado a la desesperación que ya ha hecho zarpar a los primeros balseros venezolanos. Ni la imaginación más pesimista pudo imaginar algo así. Es indescriptible la punzada que se siente al ver en qué se ha convertido nuestra casa, es por eso que fantasear extrañando un país que ya no existe a veces la hace más llevadera.

Cada vez son menos los padres que esperan emocionados un reencuentro en la sala de llegadas de Maiquetía al tiempo que se multiplican los que sienten el desgarro de la despedida en la puerta de salidas. Los que se fueron primero saben perfectamente el grosor de ese nudo en la garganta y nada les habría gustado más que ahorrárselo a sus seres queridos, pero no han podido.

Muchos de los que quedaban también se van, queda la esperanza de volver a verlos algún día, tal vez un domingo cualquiera en Morrocoy, con una bolsita de empanadas recién hechas y la alegría de haber despertado de esta pesadilla.

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Venezuela on the Brink

 

Fotos:

Juan Santamans @jcsantamans

Samuel Hidalgo Futrillé

Gaínza

Caricatura:

Roberto Weil @WEIL_caricatura

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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2 thoughts on “Los que quedaban
  1. Samuel

    Cada vez somos más frágiles cuando «escuchamos» reflexiones de gente tan sensible como tú. Quiero decir, que se nos hace más difícil contener las lágrimas. En esta ocasión con sólo leer el título de tu post, comencé a condicionarme para sacar fortaleza y proseguir la lectura. Pero no es nada facil. Aunque suene cobarde, quizás, cada vez siento que se agota mi dósis de resiliencia. De modo que te confieso que en esta oportunidad me ha brotado un llanto silencioso de principio a fin. Lo que expones, es la auténtica realidad actual en este país. Lo sabemos, pero «escucharlo»de ti dede la distancia es muy diferente a convertirlo en un comentario cotidiano entre amigos. Gracias por compartir tu inquietud que te causa ese amor por este país, tu pais, que tanto clama por un cambio! Nunca dejes de escribir! Se te quiere tan grande como tú amor por Venezuela!

     
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