Los que no tienen ombligo

 

Para poder vivir fuera del vientre de nuestras madres era necesario cortar el cordón umbilical, y para convertirnos en personas autosuficientes, también es necesario romper esa relación de dependencia, esa unión infantil con las señoras que nos trajeron al mundo. Esto no significa dejar de amarlas o de respetarlas, sino poner en práctica todo lo que nos han enseñado para seguir el camino que decidimos recorrer. Lo mismo pasa con nuestro país, abandonamos el nido para poder sobrevivir, pero sin olvidarnos de dónde está, sin dejar de preocuparnos por lo que le ocurre: si tiene comida, si tiene salud, si duerme seguro, si tiene buenos vecinos y si lo tratan bien. Es exactamente igual que cuando nos independizamos, ya no vivimos con nuestras madres pero seguimos teniéndolas presente, pues vivir bajo otro techo no nos convierte en huérfanos ni vacía nuestras venas.

Tenemos la libertad de llevar la vida que queremos. Sin embargo, una de las cosas en las que coincidimos muchos es en que nadie se fía de una persona capaz de maltratar o ignorar a su propia madre. Hasta para la reproducción esto cuenta: para muchas mujeres, que un hombre sea mal hijo es la garantía de que será mal padre ¿Alguien ha visto  lo contrario?

Durante estos años de éxodo se va notando cómo aumentan los venezolanos descastados, esos que ya no recuerdan dónde nacieron porque ahora son de donde viven. Esos que reniegan del lugar donde dieron sus primeros pasos y donde se educaron para poder permitirse el empleo que los mantiene en su nueva patria. Esos que no saben lo que ocurre ni lo que deja de ocurrir, se enteran de las noticias cuando han dejado de serlo y miran para otro lado cuando alguien menciona aquella lejana tierra a la que no volverán. Normalmente los descastados suelen ser esos que no dejaron en el país ni siquiera un amigo, ya que tuvieron la suerte de irse a tiempo llevándoselo todo excepto los recuerdos. No cortaron su cordón umbilical con nuestra tierra, fueron mucho más allá, se borraron el ombligo.

Es realmente triste ver cuántos venezolanos se han perdido por el camino, aunque es posible que no los hayamos perdido porque nunca lo fueron realmente. Compartir nacionalidad con Luis Aparicio, Andrés Bello, Margot Banacerraf, José Ignacio Cabrujas, Teresa Carreño, Carlos Cruz Diez, Oscar D’León, Asnoldo Devonish, Simón Díaz, Rómulo Gallegos, Carolina Herrera, Henrique Lazo, Pedro León Zapata, Arturo Michelena, Renny Ottolina, Valentina Quintero, Irene Sáez, Braulio Salazar, Arturo Uslar Pietri, Rafael Vidal, Doris Wells… No es sólo una cuestión de suerte, es también un sentimiento. Integrarse y amar al país que ahora los acoge en su seno no es incompatible con el ADN, y probablemente sea necesario hacérselo notar a esos que a los seis meses ya están forzando el acento, y que años después siguen sonando así, forzados.

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No sabemos si quienes se borraron el ombligo que los unía Venezuela lo han hecho como mecanismo de protección para no sentir ese dolor profundo que atraviesa el pecho ante las imágenes de los destrozos que sufre nuestra tierra. No sabemos si es por vergüenza de los delincuentes que están en el poder. No sabemos si es la única forma de seguir viviendo. Alguien dijo por ahí que irse del país es como separarse estando todavía enamorado. Como toda relación en la que el amor abunda mas las circunstancias son adversas, es preciso marcar distancia. No obstante, otros exageran y les da por levantar muros, bordearlos con alambre de púas, abrir zanjas y utilizar todo elemento que impida el paso al arrepentimiento o la nostalgia. Una decisión respetable y con un número de barreras proporcional a las dudas ¿Acaso sirve de algo? ¿Qué somos si no tenemos recuerdos? ¿Qué somos si no tenemos origen? ¿Qué hacemos con lo que hemos aprendido? ¿Qué somos si no tenemos un nombre? ¿Qué somos sin sentimientos? Somos ciudadanos del mundo, con patria nueva, costumbres nuevas, amigos nuevos. Ciudadanos con una vida a estrenar y una memoria a la que aún no le hemos quitado el precinto.

Muchos seguiremos sintiendo algo en las entrañas cuando pensemos en la Venezuela que nos vio nacer, y haremos lo posible para que vuelva a tener la vida que merece: que cada día disfrute al ver crecer sus plantas, se siente a tomar el sol, goce de buena salud, duerma tranquila por las noches y vea cómo su casa se llena de nietos a los que podrá contar algún día la historia de cómo sobrevivió al período más triste y duro que le puede tocar a un país. Muchos seguiremos nuestro camino sin olvidar de dónde salimos, porque lo contrario es ignorar que tenemos ombligo.

Fotos:

myeasytv.com

Otrova Gomas.

buscandoaborja.wordpress.com

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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