Las huellas de la revolución

Cuando nacimos una de las primeras cosas que nos hicieron fue empatucarnos de tinta los pies y plantar nuestras huellas en un cartoncito. Qué bonito, ya éramos parte del mundo. Años después cuando nos sacaron la cédula fue el turno de nuestras manos, nos empatucaron de tinta los dedos y nos dieron un cartoncito con un número que se supone nos metía en la cuenta de ciudadanos con derechos, y como éramos chiquitos, pocos deberes. Con la mayoría de edad uno de nuestros derechos era ir a votar, en la experiencia no podía faltar la empatucadita de tinta indeleble para estampar la huella en el cuaderno.

 

Salvo en el caso de los delincuentes, en pocas oportunidades íbamos a tener la necesidad de dejar nuestro sello de caracol en alguna parte. Y precisamente por la irresponsabilidad de muchos que se fueron a la playa, se quedaron viendo televisión en su casa o abusaron de su poder, diferentes procesos electorales dieron como resultado la República Bolivariana de lo Inverosímil, la misma que no demuestra adónde han ido a parar nuestros votos, pero que pretende hacernos creer que un kilo de harina de maíz dura un mes. En resumen, por la flojera de muchos, la insensatez de otros y la corrupción de muchos más, ahora tenemos un régimen que a punta de lujos no hace más que despilfarrar nuestro dinero, y como si fuera poco se cree con derecho a ir dándonos lecciones sobre cuántas arepas podemos comernos al día –como si nos las regalaran–.

Así pues el país más rico del mundo se convierte en un novedoso campo de concentración donde la gente trabaja duramente para ganar una miseria, se muere de mengua en los hospitales, es mutilada a falta de antibióticos, cumple el toque de queda impuesto por el hampa, se reserva el derecho a abrir la boca para no ser encarcelado, torturado o asesinado, y de paso, peregrina por los cuatro puntos cardinales buscando medicinas y alimentos evitando acercarse a unas fronteras cada vez más infranqueables debido al alambre de púas de la morosidad del Estado que ha ahuyentado a la mayoría de las aerolíneas que antes abundaban en nuestros aeropuertos, y al control horario impuesto por contrabandistas que simulan combatir a sus compinches. Confines que al ser cruzados demostrarían la facilidad de pagar con chapas antes que con nuestra moneda.

Según el régimen de Maduro la fórmula mágica para controlar la vergonzosa escasez que reina en el país es controlar lo que comemos igual que el tirano Castro hace con los cubanos, pero en plan moderno. Es decir, en lugar de solucionar el problema de la escasez en el país, el régimen derrochador pretende esconder las telarañas y los carteles de NO HAY –lo que más abunda en supermercados y farmacias– con máquinas captahuellas que en un año sin elecciones no harán más que aumentar los beneficios del enchufado que en su día también se llenó los bolsillos al ponerlas en los aeropuertos.

 

Venezolanos que quieran comer, pasen por aquí y posen su dedito… Es en este momento cuando me pongo bipolar porque no sé si partirme de risa o cortarme las venas. En un país en el que se va la luz a cada rato y todos los días, me quiere explicar el Comandante en Jefe de este DESASTRE, de dónde piensa sacar el soporte eléctrico para mantener encendidas esas máquinas. ¿Acaso el comandante supremo intergaláctico va a hacer el milagro de mantenerlas operativas encendiendo desde el más allá el dedo como E.T? ¿Vamos a seguir generando desempleo porque los supermercados siguen pelados y el control de lo que se compra o no lo llevan unos energúmenos uniformados de verde o rojo que primero se apartan lo que quieren para ellos? ¿Por qué para comprar harina uno tiene que comprar primero lo que a los supermercados bolivarianos se les antoje? ¿Por qué hay que tener carnet del partido de esta cuerda de incompetentes para poder llevar a casa un kilo de azúcar?  Unos peroles que no son capaces de funcionar correctamente en un proceso electoral, qué van a servir para estar en la línea de cajas de un establecimiento comercial.  Si son tan efectivos los controles ¿por qué no los utilizan para saber quién saca dólares de las arcas del Estado para rumbeárselos?

Utilizarán máquinas para controlarnos porque para el régimen todos los venezolanos (rodillita en tierra o no) somos culpables de cualquier cosa aunque no tenga cómo demostrarlo. Considerando que todos somos iguales, si ya nos catalogan de delincuentes por querer comprar a la vez harina de maíz y mantequilla, supongo que también Maduro y su combo son culpables de que tengamos que hacer cola para conseguirlo. Si para comprar un paquete de pañales tenemos que justificar con una Partida de Nacimiento la existencia de nuestro hijo, ¿dónde están los papelitos que justifican los 125 mil barriles de petróleo refinado que diariamente son regalados a Cuba?

 

Solamente me gustaría saber una cosita más ¿la maquinita estará programada para que podamos hacer “la señal de costumbre”? Es para ir limándonos las uñas porque creo que la del dedo medio es la única huella dactilar que los venezolanos estamos dispuestos a mostrarle a este régimen sinvergüenza.

Este injustificable racionamiento, además de una humillación para el país es una excusa más para seguir exprimiendo el dinero de la nación y repartirlo entre los amigotes de este despropósito sin precedentes.  Me gustaría llenarme los pies de tinta para plantar la huella de la soberana patada que se merece este régimen, pero como no hay jabón ni mucho menos agua en muchos hogares venezolanos, no quisiera generar más frustración entre quienes no podrían hacerlo.

Espero que después de tanto alboroto Venezuela no termine acostumbrándose a pasar por su particular y modernísima cartilla de racionamiento, así como cedió al “se robaron las elecciones”, a las colas, al NO HAY, y a pagar por el derecho a respirar allí donde todo apesta a putrefacción del siglo XXI. No quisiera que la sangre derramada por tantos venezolanos y los días de encierro y torturas que padecen los presos políticos terminen por perderse en una cola de lamentos y resignación. No quisiera que siguiéramos en este letargo infinito para que al final nos quede un país descuartizado como los cuerpos que “el hombre nuevo” ha puesto macabramente de moda en el país, porque esa responsabilidad sí que es indeleble de verdad.

A los que siguen pensando en el “Uh-Ah” y en el “no vale, no creo”, les recuerdo que las únicas huellas que esta «revolución» ha dejado en el país son las de la corrupción, la inseguridad, el fracaso y la miseria. No esperen a que una versión criolla del «ARBEIT MACHT FREI» sustituya al «BIENVENIDOS A VENEZUELA». Piensen cuando les digan “ponga su dedo allí”  y no esperen a que la muerte se convierta en la forma más rápida de escapar de este yugo para reaccionar.

 Imágenes: Web, noticiascentro.com, el periodicovenezolano.com y Reuters.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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