Las hallacas de la nostalgia

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Cada país tiene sus tradiciones navideñas: ravioli, cordero, cochinillo, pavo, langostinos… Los venezolanos tenemos un poco de todo, pero en Navidad reinan las hallacas.

Como podrán imaginar aquí no cabe la excepción, todos decimos: “la mejor hallaca la hace mi mamá”, eso no vamos a discutirlo.

Una hallaca es un plato muy elaborado que requiere de mucho trabajo hasta que por fin llega al paladar de nuestros seres más queridos, pues cuando se hacen tienen un nombre: el de cada una de las personas que nos importan y con quienes deseamos compartirlas aunque para conseguirlo tengamos que meterlas durante meses en el congelador.

Preparar hallacas es un evento especial que permite a las familias reunirse una vez al año para colaborar en la preparación. Cada uno tiene una labor determinada en una alegre cadena de montaje: picar aliños, cuidar el fogón, envolver, amarrar, hervir; hacer el guiso (una sola mano para que no se dañe),  lo más fastidioso: cortar, limpiar y aceitar las rebeldes, delicadas e imprescindibles hojas de plátano, y lo más sabroso: probarlas. La receta de familia pasa de generación en generación, las mujeres aprendemos de nuestras madres y abuelas, ayudamos en lo que podemos siempre bajo la supervisión de la matriarca de la cocina hasta que nos toca el terrible momento de ocupar ese lugar. Una mujer toma la batuta del guiso cuando se queda huérfana (o cuando el destierro la lleva más allá de nuestras fronteras).

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En este fin de semana, mientras las afortunadas familias venezolanas que han conseguido los ingredientes necesarios para el preciado plato se reúnen al ritmo de gaitas y bajo la sombra del árbol en el patio donde el sol tropical coquetea con la refrescante brisa navideña, en muchos rincones del mundo los desterrados hacemos lo que podemos para conseguir ají dulce y hojas de plátano que nos hagan sentir menos solos e imaginarnos que pronto llegará el día en el que junto a nuestras madres volveremos a comernos esas hallacas que siempre nos guardan esperando nuestro regreso.

Hoy muchos estamos preparando el guiso peleándonos con la vitrocerámica que no da para una gran cacerola, luchando contra la calefacción para que no nos seque las hojas, o contra el frío para hervirlas antes de ser víctimas de una neumonía. Hoy muchos aquí y allá además de pasitas, carne y onoto, estamos aliñando el guiso con un ingrediente nuevo: la nostalgia. Es imposible hacer hallacas sin que una lágrima se nos escape por estar tan lejos de nuestra tierra, es imposible que nuestras madres no salen la masa con el llanto por los hijos y nietos que una Navidad más están lejos de casa. Es imposible no sentirse un poco huérfano por tomar el mando de una cocina solitaria donde el guiso hierve a fuego lento como cuecen nuestras esperanzas.

Hoy muchos estamos poco a poco y a nuestra manera intentando levantar un país con los ingredientes que tenemos, empezando desde cero, refugiándonos en nuestras raíces y experimentando sabores sustitutos, amarrándonos a la vida con doble vuelta y doble nudo para no deshacernos en el agua hirviendo de la inmigración por más que nos dejen sin vigilancia. Hoy estamos aprendiendo a saborear la nostalgia que llega con la Navidad y que no entiende de idiomas, nieve, ni distancia.

Las hallacas de la nostalgia están listas para una nueva generación de exiliados que fuimos echados de nuestra Venezuela por un gobierno corrupto y mentiroso que exprimió hasta la última gota de nuestras riquezas para llenarse los bolsillos durante los mejores años de nuestra economía. Y también para una generación de madres que se sienten tan huérfanas como nosotros al verse rodeadas por la soledad que una despedida les dejó a cambio de un  futuro mejor para hijos y nietos.

El año que viene será diferente. Mientras, subamos el volumen a las gaitas, sequémonos las lágrimas y sigamos dándole paleta al guiso.

 

 

 

 

Fotos:

1.-  Mercado Libre.

2.- Rebecca Rincón.

 

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “Las hallacas de la nostalgia
  1. VeneAstur

    Excelente Reflexión que nos llega a todos los que hemos visto partir un familiar buscando una vida mejor esa misma vida que quizás la subieron pero lo perdieron todo o quizás la vida de muchos jóvenes que solo han visto esta parte de la historia y no se ven con futuro en su tierra. Sea de la forma que sea solo espero el pronto regreso y la pronta unión de los Venezolanos en el País Soñado donde la hoja sea de Barlovento la carne del ganado Apureño o del sur del lago la masa de maiz de mi tierra y el guiso con ajices de margarita. Feliz navidad y que el 2015 sea de logros y Unión Familiar.

     
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