La garza y los cerdos

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Madrid, viernes por la tarde. Caminaba con la inquebrantable vanidad propia de toda mujer recién salida de la peluquería. Sí, porque no hay mejor psicólogo que un peluquero ni mejor antidepresivo que un par de zapatos nuevos.  Ese es el tratamiento para los bajones de ánimo, especialmente los otoñales acentuados por un cielo gris, la lluvia amenazante y el frío inclemente. Soluciones sencillas para problemas sencillos. A fin de cuentas un bajón lo tiene cualquiera. Otra cosa es estar enfermo de depresión, esas son palabras mayores.

Mientras caminaba escuché a dos individuos burlarse de alguien. Hablaban de una garza, de sus largas y delgadas piernas, pero no lo hacían como quien describe a un ave elegante y bonita, lo hacían con desdén. No paraban de reír y seguían haciendo comentarios típicos de esos hombres que tienen la lengua de un tamaño inversamente proporcional al de sus cerebros. En fin, un par de idiotas como todos esos que se sienten muy machotes cuando van en grupo, igualitos a los que se creen los dueños del patio del colegio y pasan sus días atacando al más débil obligándole a seguir un juego donde el miedo de algunos y la negligencia de muchos han originado una plaga que parece no tener fin. Dos tipos que durante su niñez o adolescencia no tuvieron padres o cualquier otro referente de autoridad capaz de ponerlos en su sitio.

Giré un par de veces para hacerles notar con la mirada el asco que me producían, cuando de pronto entró en escena una muchacha alta, bonita, delgada, de pelo oscuro y largo con unas ondas suaves. Se trataba de una muchacha que no habría pasado inadvertida ante los ojos de un cazatalentos que sin pensarlo la catapultaría a las pasarelas más cotizadas del mundo. Su altura (no menos de 1.80m) y su elegancia no podían esconder la indignación que la llevó a increpar a los idiotas que llevaban burlándose de ella varios metros de acera. Ella era “la garza” de la que se burlaban esos acomplejados a los que les sacaba por lo menos una cabeza. No tuvieron lo necesario para responder a las preguntas de la chica, simplemente seguían riéndose como si la situación fuera graciosa. No pude evitar intervenir, no soportaba verla sola y a punto de romper a llorar frente a los dos cerdos que seguían llamándola “garza”.  La gente no sabe el daño que puede hacer con una sola palabra.

La muchacha cedió al llanto, me contó que le había costado salir de casa porque estaba tan deprimida que había adelgazado mucho, y a pesar de llevar unos bonitos pantalones negros (que dejaban al descubierto unos tobillos finos –objeto de deseo de millones de mujeres–) no se sentía lo suficientemente guapa para ir a la terapia que sigue desde que dejó a un hombre que la maltrataba y le hacía pesar su espectacular estatura.

No hace falta que cuente aquí lo que le dije, ojalá hubiera podido acompañarla. Nos despedimos y cada una siguió su camino. Yo con la tranquilidad de tener bajones corrientes, y ella con una sonrisa que había hecho desaparecer las lágrimas. Nunca sabré su nombre, sólo sé que por las calles del mundo se mueven aves maravillosas que a pesar de tener las alas heridas se enfrentan a cuanto depredador las amenace, y aunque rompan a llorar por la impotencia, hacen todo lo posible por proteger su plumaje para que no les salpique la porquería en la que a los cerdos les gusta revolcarse. Y estoy segura de que desde ese día, ella, la muchacha alta de piernas largas, pelo oscuro, mirada dulce y piel suave, verá a las garzas con otros ojos y una gran sonrisa. Estoy segura de que no pasará mucho tiempo hasta que de nuevo extienda sus alas y por fin vuelva a volar.

Fotos: Web, Orlando Leiva y Milagro Villanueva.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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One thought on “La garza y los cerdos
  1. samuel

    Nunca dejes de escribir. Tienes un estilo tan genuino! De esos que despiertan la imaginación e involucran al lector convirtiéndolo en protagonista. Seguía tu narración y te juro, que deseé estar allí en ese escenario para poner de manifiesto mi desprecio hacia esas rarezas. Cómo no volver a felicitarte. Quien te lea con frecuencia jamás podrá evadir la dosis deadmiración que mereces. Recuérdalo: NUNCA DEJES DE CONTARNOS TUS VIVENCIAS

     
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