¿Cómo te lo digo?

Ya sabemos que la vida cada vez es más difícil vivirla, no dormimos, no descansamos, no nos vemos, y con suerte no nos enfermamos.

Cómo hago para decirte otra vez que no queremos verte sufrir. No queremos que hagas infinitas colas para comprar comida, que vivas encerrada por miedo a los malandros, que reces por no enfermarte –no por la enfermedad en sí sino porque no hay medicamentos para combatirla–. Tampoco queremos que sientas tristeza al ver la miseria en las calles, la destrucción de tus cerros, la suciedad en las aceras, los anaqueles vacíos. No queremos que tengas que pagarle a ningún policía para que no te acose, ni que sientas angustia temiendo no volver a vernos cada vez que cruzamos el umbral de la puerta.

Cómo te digo que no queremos que vivas todo lo que vives,  que queremos que descanses, pasees, veas lo que quieras ver en televisión, vayas al parque y camines sin temor a que te den un plomazo para robarte la cartera.

Cómo hago para decirte que tus navidades ya no serán bajo el calor tropical sino en una ciudad helada en la que la nieve te hará gracia sólo la primera vez. Cómo te digo que ya no verás a tus hermanos, a tus amigos, ni a tus vecinos de toda la vida –los que quedan–. Cómo hago para decirte que por aquí no se consiguen los mismos aliñitos para las caraotas, que no hay maíz tierno para hacer cachapas, y que consumir mangos, parchitas y piña es un lujo. Cómo te digo que los aguacates son chiquitos, con la cáscara dura, negra y alguna manchita por dentro. Cómo te digo que ya no verás los cerros llenos de verde al final de tu calle, que no hay espacio suficiente para tus cinco perros, tus cuatro periquitos, ni tus matas de limón, sábila y rosas.  Cómo te digo que tendrás que aprender un idioma nuevo, costumbres nuevas y dejar tu Cruz de Mayo, buñuelos de yuca, arroz con coco, hallacas y chigüire para quién sabe cuándo.

Cómo te diré que durante meses no sabrás lo que es ponerse una franelita, que la playa –sin arena blanca ni agua transparente con peces de colores– está a cientos de kilómetros y que cuando llegue el deseado calor sentirás que te derrites a medida que te mueves.

Cómo convencerte de dejar tu tierra, tu casa, tu vida… Cómo decirte que ya no vuelvo y que ahora se van todos, incluso tú. Que ya no llevarás flores a la tumba de tus muertos, que tu casa ya no será tuya, no cocinarás en los fogones de siempre ni volverás a lavar el patio. Cómo te digo que a tu edad vas a tener que comenzar desde cero, hacer nuevos amigos y olvidarte de regar las matas todas las mañanas.

Qué haré con tu tristeza cuando la nostalgia te ataque incluso antes de haberte ido. En qué maleta cabrá la frustración por dejarlo todo para poder vivir en paz aunque demasiado lejos del lugar que te vio nacer. De dónde saco el coraje para mentirte diciendo que es algo temporal si yo me dije lo mismo y aquí sigo.  ¿Me creerás sabiendo que desde hace quince años se han multiplicado por diez mil los “SE VENDE”, las balas y las despedidas?

Vieja, de qué tamaño será el nudo que se me hará en la garganta cuando algún imbécil te trate de “extranjera”, “sudaca”, o te diga que te vayas a tu país? No es lo más habitual, pero sabemos que imbéciles hay en los cuatro puntos cardinales, y cuando uno está en “su casa” bien que lo hacen notar.

Cómo te digo que te perderás la temporada de béisbol, que no hay perros calientes ni guarapo e´ papelón.

Este lugar está lleno de cosas maravillosas y  gente encantadora. No es tu país, ese que para nosotros es el mejor del mundo y en el que ya no se puede vivir, pero llegarás a quererlo mucho, te acordarás de mí.

No vamos a poder obligarte, por favor,  no te agarres a la puerta como un gato para quedarte.

Mamá, cómo te digo que es hora de partir…

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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