3 de marzo, 2014
El Gobierno de los Mediocres
En el país donde con más o menos esfuerzo muchos hemos poblado las universidades y no precisamente para pasarnos el día encapuchados quemando cauchos o calentando pupitres en vano, es lamentable ver cómo durante estos quince años han desfilado por las instituciones una verdadera legión de reposeros de profesión, ignorantes con cargo, conciencias que cobran en dólares, e hipócritas monumentales. Con un despliegue de nepotismo que haría palidecer a la burguesía del siglo XVIII, el “Socialismo del Siglo XXI” ha demostrado que es y gobierna para un pueblo que debe ser ignorante, que no debe salir nunca de la pobreza para que les permita permanecer en el poder a punta de las limosnas que suelta providencialmente antes de cada parapeto electoral.
Hace unos días mientras era invitada a comer unas arepas cuya harina no costó más que los pasos necesarios para agarrarla en un anaquel llenito, hablaba con un gran amigo sobre las “estrellas” de esta farsa que lo único que ha revolucionado es la forma de saquear un país en tiempo récord. Cantantes de pacotilla, presentadores del mal gusto, ministros de la ignorancia, actores venidos a menos, periodistas tarifados, profesores piratas, televisoras con audiencia obligada, abogados de la trampa, orquestas de la bailanta de la muerte, y un etcétera que revuelve el estómago enumerar pero fácilmente identificable en cualquier rincón del mundo. Sí, porque parte de los mentirosos no predica en cadena nacional, son personajes que viven en las ciudades más cosmopolita alrededor del globo donde se llenan la boca hablando de las bondades de la revolución al tiempo manejan cuentas en francos suizos y silban mirando al techo cuando se les pregunta de dónde salieron esos reales. Y es que hasta las mentes más brillantes del país (formadas en las mejores universidades dentro y fuera de nuestras fronteras) que no estuvieron dispuestas a prostituir su formación y valores, y que por sus ideales creyeron en el disfraz de cordero que mostró Hugo Rafael, tardaron poco en darse cuenta que ese señor no era más que eso, un disfraz, con carisma, pero nada más que un disfraz… Bien hecho, pero un DISFRAZ.
El Gobierno de las Mentiras ataca al imperio pero le aterra quedarse sin visa para ir a comprar en él, despotrica del espionaje pero lo practica contra cualquiera que no se ponga “rodilla en tierra”, expresa asco por todo lo que representa el capitalismo pero da entrevistas desde un ordenador con una manzana que ni siquiera puede ocultar una etiqueta con la cara de Gramsci (que se estará revolcando en la tumba). Esa madriguera de hipócritas ha cobijado a cuanto manco de talento haya estado aguardando alimentándose de la venenosa envidia generada por sus propias limitaciones, la misma que les producía ver que muchos otros sí habían conseguido ser profetas en nuestra grandiosa tierra y que les negaba la oportunidad de llegar lejos no porque fuera imposible, sino porque no tenían lo necesario. Entre otras cosas, ganas de trabajar.
El Gobierno de los Mediocres enseñó a sus ministros, vice ministros, y larga lista de jalamecates a “montarse” a cambio de hablar mucho gamelote, a gritar a los cuatro vientos una ideología tan barata como sus principios y tan cara como los asientos de Primera Clase en los que viajan. Les enseñó que no hacía falta trabajar sino ponerse una franelita y aplaudir cuando se les indicara, les enseñó que si les gustaba la casa del vecino no era necesario deslomarse como él, sino invadirla. Les enseñó que todo eso que criticaban de los corruptos de años anteriores podía repetirse, pero con el puño en alto y un “tenemos Patria” para que sonara bonito y no se les notaran los bolsillos llenos.
El Gobierno de las Mentiras sembró odio, envidia y resentimiento, los engañó a todos y armó hasta los dientes a sus malandros guardianes para que cuando el humo desapareciera y la mentira cayera por su propio peso no fuera posible reclamar lo prometido sin ser parte de un macabro festival de balas y “gas del bueno”. El Gobierno de los Mediocres cree que todos somos como ellos y no nos damos cuenta del larguísimo rabo de paja que tienen. Se inventa arsenales y publica fotos que hasta un niño de doce años con conocimientos elementales de internet puede dejar al desnudo en un momentico. Se queja de la injerencia del “imperio” pero calla cuando sus amigotes ocupan otro país soberano. Tilda de drogadicto a un actor que dedica unos segundos del momento más importante de su carrera a los soñadores venezolanos, pero no al futbolista que tiró por la borda una leyenda de la que solo queda un recuerdo manchado de coca y evasión fiscal. Cita a la Asamblea Nacional al ídolo de una generación, pero se hace el sueco cuando el mediocre de turno cree que los legisladores están para resolver pataletas de adolescente acomplejado.
El Gobierno de las Mentiras se cae a cachos, ya nadie le cree, ya el país se cansó de verlo bailar sobre la tumba de sus muertos, ya se hartó de la negligencia, de la burla, de la ineptitud y de tanto blablablá. El Gobierno de los Mediocres no ha entendido que en Venezuela hay casi treinta millones de personas bastante lejos de ser unos vagos dispuestos a sacrificar su libertad por una fiesta de Carnaval. Cree que todos están locos por enchufarse a cualquier carguito con tal de sacar billete no importa si mal habido, cree que ellos son los únicos que tienen derecho a vivir bien. Quiere hacernos creer que ser pobre es chévere, que lo mejor que puede pasarnos es seguir siéndolo, esperar las sobras en forma de casas mal hechas y sentirnos afortunados si después de cuatro horas de cola conseguimos un kilo de leche y un litro de aceite, porque podrían haber sido seis y conseguir sólo una de las dos cosas. Quiere echarle la culpa del hampa, la escasez, la inflación, el desempleo y hasta de los cortes de luz a cualquiera que les pase por la cabeza, porque según su lógica hasta una iguana podría ser la responsable de tanta ineficiencia… ¡Hasta una iguana!
El Gobierno de los Saqueadores no quiere que soñemos ni que pensemos en grande, quiere que nos conformemos con las migajas, que sigamos creyendo en pajaritos preñaos y muertos vivientes que cantan el himno nacional. Porque mientras estemos inmersos en esa comiquita ellos pueden seguir chupando petróleo e intercambiarlo por el conveniente silencio de otros tan corruptos como ellos. No quiere que estudiemos, prefiere adoctrinarnos para que vivamos en la miseria. Quiere que aplaudamos como focas cuando nos tiren un pedazo de pan. Mata estudiantes porque sabe que esos jóvenes con sus libros son lo más peligroso para un sistema que se nutre de la ignorancia y la delincuencia.
El Gobierno de las Balas se acaba, ya no hay vuelta atrás. Y no se acaba porque quienes reclamamos seguridad, libertad de expresión, sanidad, educación, empleo, vivienda, electricidad, o simplemente un tubo de pasta dental en el supermercado, seamos unos golpistas, no señor. Aquí el único que se ha montado en el poder violando la Constitución a costillas de la sangre de muchos venezolanos es el señor Hugo Rafael y su combo que sigue coleteando totalitarismo. Esto se acaba porque las mentiras tienen las patas cortas y ya no hay dólares con qué pagar los desgastados implantes que se les han ido poniendo durante estos quince años. Se acaba porque el país está pelando, porque ya se lo robaron y repartieron todo, porque no hay balas ni cárceles suficientes para matarnos o meternos a todos, porque en este Carnaval que tanto deseaban se les ha caído la máscara y ha quedado claro ante los ojos de quienes no tienen puesta la venda de billete, que lo único que les importa es el poder, que quien manda es la violencia en sus versiones con y sin uniforme, que la vida de los venezolanos no vale más que la utilidad de los votos que le puedan exprimir por las buenas o por las malas. Se acaba porque han hecho de los Derechos Humanos unas palabritas escritas en un papel que vale lo mismo que la Constitución con la que se limpian la porquería. Esto se acaba porque Venezuela nos duele a muchos que cada día desde sus calles luchan por una vida mejor, y por otros que desde lejos estamos listos para volver con nuestras siete estrellas como capa. Venezuela es un país grande lleno de gente con talento que se hartó de las mentiras de este parapeto que pasará a la historia no como el gobierno de las palabras que se soltaron durante largas horas de insultos, amenazas y aburrimiento en cadena nacional, sino como El Gobierno de las Mentiras, o peor aún, El Gobierno de los Mediocres.