11 de mayo, 2014
¿Día de las Madres?
Un día para celebrar… Sí, supongo que las señoras que nos dieron la vida estarán festejando que ayer pasaron unas cuatro horas bajo el sol para conseguir la yuca y aguacate de la parrilla – probablemente sin carne – que se comerán hoy.
Seguro se sienten las mujeres más felices del mundo las que no pueden dar a sus hijos un lecho mejor que las cajas de cartón que usan por cunas en los hospitales públicos.
Aquellas que han vaciado sus ahorros, los de familiares, amigos y hasta los de sus vecinos para pagar el rescate de un secuestro exprés sin saber cómo terminará, deben estar bailando en una pata.
Todas esas mujeres que todavía no saben dónde están sus hijos porque la última vez que los vieron iban apretujados entre dos malandros motorizados, las que están día y noche rezando todo lo que se saben para que los muchachos – esos que educaron bien, les salieron buenos y prefirieron quemarse las pestañas con los libros en lugar de matar por cuatro lochas – salgan pronto y sobre todo vivos de las cárceles donde los han recluido por defender nuestra libertad, deben estar en la peluquería tiñéndose las canas y haciéndose la manicura. Sí, seguramente.
Las que no tienen leche porque si consiguen con qué comprarla no la encuentran en los supermercados, las que tienen a sus niños corriendo desnudos por casa porque no hay pañales, las que no consiguen trabajo, las que han reducido el tamaño de las arepas, las que se suben a una camionetica de pasajeros a pedir para comprar un remedio, las que terminan usando lo recaudado para pagar en la funeraria porque medicinas NO HAY. Las que siguen vendiendo “guayoyo” sin azúcar en la autopista, las que hace meses no ven ni el ala de un pollo, las que hacen trueque de aceite por toallas sanitarias. Esas hoy deben estar celebrando a lo grande.
Las que hace años no ven a los que un día agarraron su maleta y se fueron lejos, las que no conocen a sus nietos, las que nunca los tendrán…
Todas las señoras que pasarán este domingo limpiando la tumba de sus muchachos, las que tendrán que abrirse paso entre cadáveres amontonados en el suelo de la morgue para poder recoger los restos de un hijo sentenciado por un arma de fuego, las que no tuvieron dinero para una clínica privada y las que no tienen ni con qué pagar un entierro estarán levitando de la emoción.
Esas, las que han sobrevivido a sus hijos y las que pasan sus horas con el temor de ser las próximas en vestir de luto sus entrañas, son las millones, MILLONES de madres a las que ya no les importa un carajo lo que significa este día. Las demás tienen suerte, aún tienen a quién echarle la bendición todos los días y darle un beso en la frente, precisamente por eso son solidarias son las que ya no.
Hoy no están para bochinche ni parrilla ni sancocho, nuestras viejas tienen ganas de pelear, esa es su fiesta. El año que viene veremos…