Destino: El paraíso

 

Revisar tus papeles, reponer el neceser, confirmar que tienes por lo menos tres bolígrafos, recogerte el pelo en un moño, llenarte de máscara las pestañas, ponerte las perlas después del reloj, pintarte los labios, anudarte el pañuelo, ajustarte la falda, abotonarte la chaqueta, subirte a los tacones, agarrar tu maleta, volver a mirar tus papeles, guiñarte el ojo frente al espejo, dejar los problemas en el cajón de las llaves, cruzar el umbral de la puerta rumbo a tu próximo destino, y ponerte en MODO AVIÓN.

Esta vez podría ser una isla del Caribe, una ciudad cosmopolita o un lugar perdido que no figuraba en tu mapa de pendientes. Tu destino podría comenzar con un interminable embarque bajo el inclemente sol de agosto o una gélida madrugada de enero. Podría complicarse con retrasos imprevistos, o ir como la seda. Sudarás a chorros, se te congelará la nariz, o cambiarás de colores ante el comentario de un pasajero.

Te sentarás en tu sitio y por millonésima vez repasarás lo que debes hacer para salvar al mayor número de personas en la menor cantidad de tiempo posible. Sabes que te juegas la vida en cada despegue, en cada aterrizaje… Y en crucero también… No lo piensas mucho, no quieres pensar en lo que sufrirían tus padres, tu pareja, tus amigos o tus hijos. Tienes asumidos los riesgos de tu vocación pero te repites a ti misma: a mis amigos no, a mis compañeros no. Si acaso a mí, aunque mejor a ninguno.

En ese tubo de acero con alas caminarás más que un perdido. Con tu pesado carro irás de arriba a abajo y siempre cargada de infinita paciencia y una sonrisa. Entre una carrera y otra encontrarás un vasito lleno de agua, de café con espumita,  o de chocolates de colores para recuperar energía. Pero esta vez será diferente, esta vez no te los habrá puesto él.

Cargarás pesados cajones y esta vez él no aparecerá de la nada para ayudarte con una sola mano. Tendrás una charla amena, pero ya no será sobre palabras raras en ruso… Sentirás su presencia, te girarás en el galley porque te parecerá haberlo visto con ese tamañote donde no cabe su corazón, con esa espalda capaz de soportar el peso del mundo entero si con eso ayuda a un amigo,  con esos brazos siempre abiertos cuando la tristeza azotaba o la alegría ameritaba una celebración… Sentirás al ruso rondando por allí aunque ya no tengas la suerte de disfrutar de su compañía.  Te llenarás de valor, retocarás tu maquillaje y de nuevo saldrás al pasillo sonriendo como la última vez que se vieron. Pensarás que lo tienes cerca porque estás volando, mas no tan alto como él.

Tu ruso favorito sin saberlo tomó un vuelo con destino al paraíso. Le gustaba volar, y tú que también lo has hecho te preguntas a quién no.  Eres una mujer afortunada, una aeromoza afortunada, tanto como quienes tuvieron el gusto de conocerle, aprender de él, de contar con su amistad.

Tu ruso favorito una madrugada triste se convirtió en el más bonito de los polvos cósmicos, el cometario, ese que genera las lluvias de estrellas que se ven de cerca cuando atraviesas el Atlántico. Estrellas fugaces que se hacen dueñas de deseos que muchos esperan ver realizados.

Lo que yo deseo en este momento ya no es posible, tendré que adaptarme a las circunstancias. Deseo volver a volar contigo, así que intentaré aliviar este dolor con la esperanza de que alguna vez cuando me mueva con mi carro por el pasillo, sin pensarlo mire por la ventana y allí estés tú, sentadito en un ala sonriéndome mientras juegas con las nubes.

 

Rafa,  mi ruso favorito, nos vemos en el paraíso…

 

 

A Rafael Gasanaliev y a todos los que un día salieron de casa en modo avión y nunca regresaron.

 

Fotos: Gasanaliev y Gaínza.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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3 thoughts on “Destino: El paraíso
  1. M. Elena

    Bellísima reflexión cargada de sensibilidad y sin duda de dolor por una pérdida irreparable. Descanse en paz Rafa, el resto de tripulación y cuantos fueron víctimas del terrible accidente.

     
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