Cerati, me equivoqué

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Anoche cuando me vencía el sueño aparecías tú con tu mirada seductora y tu enigmática sonrisa. Yo quería quedarme durmiendo para seguir viéndote y olvidar la realidad que me despertaba por la presión de muchas lágrimas atascadas en el pecho. Alguna rebelde se escapa a ratos, pero las demás siguen allí acumulándose mientras yo sigo sin saber cuándo van a estallar.

Soy una egoísta y esta vez tengo las pruebas. Yo que en algún momento hasta deseé que te fueras de una vez, ahora no soporto saber que ha ocurrido de verdad. Buenos Aires ahora no sólo se ve, sino que es más susceptible porque su león más guerrero, su más divino porteño decidió quedarse a mirarla desde lo más alto.

 Te pedí que me llevaras con vos, pero no me hiciste caso, y te entiendo, allí donde estás hay lugar para pocos.

Desde hace un par de meses tengo un hueco que no he sido capaz de llenar con tus canciones a las que cada vez les subía más el volumen para no escuchar mis miedos. Desde ayer el hueco es más grande, y sé que será imposible llenarlo. Ahora te escucho sin miedos que ahuyentar, te escucho y nada más.

Hermoso, me equivoqué en todo, al desear que te fueras, al desear que volvieras, al desear lo que tal vez tú ya no deseabas. Creí que estaba preparada, que sería más fácil, que lo tenía asumido. Ningún esquema me sirve, ninguna palabra me consuela. Me equivoqué en todo, ni estaba lista, ni lo tenía asumido, ni es nada fácil. Contra toda racionalidad creí que algún día todos podríamos saber qué era eso que tanto te entretenía en tu sueño. ¿A quién quise engañar? Cuando uno ama, por más que lo intente no es racional.

 

Después de una larga siesta decidiste que era mejor seguir durmiendo, estabas cansado de tanto hacer… Te fuiste para que dejáramos de esperarte, y no sé cómo hacer para poder ir a buscarte.

Yo que siempre he dicho que no tengo corazón aquí sigo sintiendo el pecho apretado. Supongo que son sentimientos buscando escapar a falta de un lugar donde poder alojarse. ¿Dónde meto todo eso Gustavo Adrián? ¿Te lo llevo para que te lo lleves? En mi cuerpo hay un tsunami de tristeza porque se apagó esa pequeña lucecita que yo no miraba para no reconocer que estaba encendida, esa lucecita que se llamaba esperanza. Me tocará buscarte entre la multitud desde donde verás cuánto nos diste a tantos. Hermoso monstruo, no lo podés imaginar.

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Donde estoy hoy el sol brilla más que nunca pero no hay sombra que besar, todo es gris. Los colores santos y también los paganos te acompañan en tu viaje, cuando llegues a destino mándame alguno (mejor si es el de tus ojos).

Hoy es uno de esos días en los que odio la distancia, ni siquiera puedo ir a despedirte. A lo mejor la misma distancia me está compensando con tiempo porque ambos saben que lo necesito.

Creí que había crecido y sabía decir adiós, creí que podría hacerlo, pero en eso querido Gustavo Cerati, en eso también me equivoqué.

 

 

Fotos: cerati.com, web y La Nación.

Yedzenia Gainza

http://www.yedzeniagainza.com

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