Hoy es tu cumpleaños…

Y seguro lo estás festejando en ese lugar que escogiste para vivir tu sueño stereo…

Hoy cumples años y mientras todo el mundo recuerda lo importante que has sido para nosotros, lo que nos enseñaste sin darte cuenta, tú sigues en ese lugar especial al que nunca podremos entrar.

Hoy Buenos Aires se ve tan susceptible como la veías hace tantos años cuando comenzaba a cambiar poco a poco, y por desgracia para peor. Hoy Buenos Aires no es la misma porque tú no sales a recorrerla.

Hoy quiero decirte que te extraño, extraño tu mirada seductora, tu sonrisa sarcástica, tu poesía, tu voz, tus rizos, tu palidez… Extraño tus ganas de vivir, de volar, de permanecer.

Este 11 de agosto quisiera que mi voz llegara hasta allí donde estás, pero que no me ignoraras. Hoy quisiera que me hicieras caso, dejaras de jugar y regresaras. Hoy quisiera ver tus ojos abiertos y llenos de esperanza como los de tu madre, hoy quisiera que volvieras y te quedaras aquí.

Yo no tengo talento para escribir cosas profundas y hermosas como lo haces tú, tampoco quiero aprovecharme más de tus palabras para componer unas nuevas porque por más que las sienta mías, no lo son.

Hoy, Gustavo Adrián Cerati Clark,  quiero desearte feliz cumpleaños y que sea el último que pases escuchándonos en silencio, sonriendo de forma traviesa para ti solo y jugando al escondite…

Hoy como todos los días quiero que vuelvas, y hasta que esto ocurra seguiré esperándote, como muchos, como todos.

Porque sé que un día volverás. Y aunque algunos piensen que será para darnos las gracias y decirnos adiós, yo prefiero que sea para contarnos qué soñaste y cómo te fue por allá…

Continue Reading

Venezuela no es racista

 

Yo nací en un país multicolor… Y no, no escribe ningún personaje animado, escribe una venezolana. Nací en una Venezuela con una impresionante mezcla de razas, con una incalculable cantidad de tonos de piel. Con abuelos, bisabuelos y/o padres europeos que un día se cruzaron en el camino de alguna criolla de buen corazón y ojos aguarapaos, mujeres con ritmo en las caderas, pecho discreto, pelo negro como el petróleo y labios con sabor a ese dulcito en el que se convierte nuestro cacao. Somos hijos de pieles doradas por el sol o los fogones, tenemos sangre esclava, y también de caciques de los de verdad que ya estaban aquí cuando todavía muchos pensaban que la tierra era plana. ¿Somos una raza? ¡Boh! Yo lo único que sé es que somos venezolanos.

Los venezolanos somos sobre todo gente con alegría de vivir, gente que con cualquier excusa se reúne con los amigos para compartir cuatro palos y “lo que haya” hervido en una olla con cilantro, gente capaz de sacarle el chiste hasta a las situaciones más difíciles; gente sin complejos… No sé si crueles a la hora de poner un apodo, eso es mejor preguntárselo a algún “chichón de piso” pero sí muy honestos.  Digo todo esto porque me resulta ajeno, absurdo y ridículo encontrar en algunos lugares públicos el siguiente escrito: “Toda persona tiene derecho a la protección y el respeto de su honor, dignidad, moral y reputación, sin discriminación de su origen étnico, origen nacional o rasgos del fenotipo.  Se prohíbe todo acto de discriminación racial, fascismo, endorracismo y de xenofobia, que tenga por objeto limitar o menoscabar el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos y libertades de la persona o grupo de personas”.  ¿Por qué me resulta raro, absurdo y ridículo? Porque estamos hablando de una ley creada por un “Instituto Nacional Contra la Discriminación Racial” en un país donde hasta que comenzó a sembrarse odio y confrontación en los discursos del gobierno, nadie pensaba en fascismo, por ejemplo… Endorracismo,  y eso con qué se come?

¿De verdad necesitamos en Venezuela una ley que contemple cosas que están ya en  nuestra recontraviolada Constitución? ¿Tenemos un problema de racismo en Venezuela? ¿Este problema es tan grave que ha sido necesario crear un instituto para solucionarlo y una ley para regularlo? ¡No!

En la Venezuela en la que nací y crecí, no vivían “afrodescencientes” “majunches” pitiyankies”  “fascistas” “imperialistas” “escuálidos” “drogadictos” “sifrinitos” “maricones” “patas en el suelo” “oligarcas” “criminales” “imbéciles” “desgraciados” “enfermos”, en fin,  vocabulario común del chavismo para referirse a los que no son de su agrado o creerse políticamente correctos, sí, ellos políticamente correctos (no se rían).  La Venezuela en la que nací y crecí  estaba llena de negros, catiras, gallegos, portus, musiús, chinos, chamos, panas, gringos, goajiros, llaneros, orientales, maracuchos, gochos,  corianos con “i” porque son de Coro, no de Corea, etc. No recuerdo nunca que alguien haya usado ninguno de estos términos para discriminar a nadie, pero sí para identificarlos; y recuerdo al musiú (que podía ser de cualquier parte del mundo) orgulloso de que le llamaran así, sigo llamando “chaval” al único amigo que seguía teniendo acento gallego aunque llevara toda su vida en Valencia,  sigo llamando “negra” a no sé cuántas amigas que tienen la piel de ébano o canela, y ninguna se ha sentido ofendida nunca, obviamente porque nunca he querido hacerlo. No recuerdo a ningún goajiro ofendido porque el mercado donde vendían se llamara “mercado de los goajiros”, nunca escuché ante un “hola chino” que el chino dijera que no le gustaba que lo llamaran así. No recuerdo al portu de la panadería hacerse el loco ante un “epa portu,  un conleche, por favor”. El gocho que vendía helados estaba atento al grito de “gochoooooo” porque sabía que eso significaba un montón de chamitos locos por comprar.  El árabe daba igual si era sirio o libanés, sabías de sobra que era ese chamo bello de pestañas largas y sonrisa cautivadora que vendía cosas en el centro, y entre todos los árabes y todos los negocios, siempre se sabía a cual te estabas refiriendo… El señor del abasto cuando ibas a comprar algo y eran casi las 6pm, te pedía que le dijeras a su hijo que estaba jugando  en la cancha que regresara a casa.  “Dile al peruano que se venga”…

Cuando llegaban las cortas tardes navideñas decías en tu casa que ibas a estar con el chino, el negro, la catira, el chileno y el gocho en la casa del portu, en la del maracucho que hizo sancocho,  en la del nonno de Leonardo que había hecho una spaghettata, o donde el gallego porque su mamá nos había invitado a comer paella.

Nadie era insultado por el origen, el acento, el color de piel, tampoco por el partido en el que militaba, el equipo de béisbol que seguía, el color de la franela que usaba, ni la religión que profesaba. Nunca necesitamos una ley especial que nos protegiera de la discriminación en ningún sentido ni en ninguna parte, porque hasta los porteros de discoteca dejaban de serlo cuando se ponían necios y la gente dejaba de ir en lugar de “jalar mecate” para entrar.  Estúpidos e ignorantes que se creyeran más que los demás siempre hubo, hay y por desgracia siempre habrán en cualquier parte del mundo; pero en esa Venezuela donde yo nací nadie se atrevía a insultar a otro con argumentos racistas o xenófobos, ni siquiera homófobos porque él único que quedaba mal es el que insultaba. Es cierto que sigue siendo un país donde no todo el mundo ha aprendido que cada uno es libre de meterse en la cama con quien quiera sin importar si el sexo es opuesto o no, es cierto que como en muchas otras partes del mundo, muchas personas extraordinariamente inteligentes y talentosas siguen viviendo encerrados en armarios por temor a la persecución, y aunque el problema no es como para crear un instituto, sí que es cierto que en esta ley se intenta proteger contra discriminaciones que no existían y no contra las reales.

Para mí todo esto se resume a que desde 1999 Venezuela ha sido dinamitada con un discurso violento, de odio y confrontación que ha sido tierra fértil para que surgiera la terrible semilla del racismo, la xenofobia, la homofobia; la persecución absurda y despiadada contra el “diferente”, contra todo aquél que el gobierno ha señalado como apátrida, en fin, contra cualquier disidente.

Yo la única discriminación que desgraciadamente tengo que ver ahora en mi país, es la facilidad con la que los hijos del difunto de Sabaneta se mueven por el mundo con dinero que ha salido de nuestras riquezas y por supuesto, abanicos de dólares sin preparar ni una carpetica de CADIVI. Veo cómo  cuando llega al país un venezolano conocido por su oposición al gobierno, es maltratado y humillado incluso en el mismo aeropuerto; veo cómo todo el mundo hace su cola, pero ésta no vale nada si llega el enchufado de turno con su camiseta roja, su gorra del 4F y pasa de largo porque a él no le toca hacerla.  Veo discriminación cuando en un proceso electoral se echan de los centros de votación  a punta de fusil a los testigos de otros partidos políticos. Veo discriminación cuando se me cierra el canal de televisión que veo porque al gobierno no le gusta. También veo discriminación cuando el único argumento para conseguir votos es que el candidato opositor es judío, burgués y homosexual.  Veo discriminación contra todo el que aparece en la Lista Tascón, cuando a un funcionario se le amenaza con despedirlo o directamente se le despide por haber votado por una opción política diferente a la que ahora fraudulentamente preside Venezuela. Veo discriminación cuando los médicos venezolanos son ninguneados ante profesionales con menos preparación,  importados sin necesidad y ganando sueldos más altos.

Hay discriminación en Venezuela cuando al pueblo se le dice que no importa si no tiene comida porque tiene patria, mientras los ministros revolucionarios se encierran en los restaurantes más caros del país y del extranjero para ponerse morados a punta de whisky y caviar… Discriminación hay cuando un enfermo de cáncer se permite los mejores médicos del mundo pagados por nosotros para intentar salvar su vida, mientras sus presos políticos mueren poco a poco encerrados, padeciendo un acoso a veces hasta más despiadado que la misma enfermedad.

Discriminación es que los profesores universitarios reciban un sueldo miserable mientras hay tarifados por el mundo dando clases con argumentos como “hasta que llegó Chávez a la presidencia, en la Universidad Central de Venezuela no estudiaba gente de color” (no se lleven las manos a la cabeza, eso dicen algunos). Discriminación es que se paralicen las calles de Caracas porque hay que encunetarse si es necesario para que pase un carro oficial con sus respectivos enchufados. Discriminación es que no existan voces opositoras en los medios de comunicación del Estado.

Yo no quiero decirle a mis amigos “epa afrodescendiente, cuándo vienes pa´que nos comamos unas cachapas?”. Yo quiero seguir diciéndoles, negros, catires,  panas; y que nadie pretenda hacerme pagar una multa porque considere que estoy insultando a un tercero que ni conoce.

Señores, estamos hablando de Venezuela, la tierra de la gente amable y hospitalaria que siempre ofrece lo mejor de lo poco que tiene. No estamos hablando de esa parte de España que hasta que conoció la crisis maltrataba  a los “sudacas” recriminándoles que no se quedaran en sus países. Nosotros no somos nazis, no tenemos que perseguir judíos; no somos del Ku Klux Klan para andar maltratando a nuestros hermanos, no somos nadie para maltratar a los demás; y tampoco podemos seguir permitiendo que nos maltraten a nosotros o nos laven el cerebro con argumentos que nos son ajenos y lejanos para seguir dividiéndonos como nunca lo estuvimos.

Estoy convencida de que el Instituto Nacional Contra la Discriminación Racial  y la Ley Orgánica de la que he hablado son una fuente más para que enchufados inútiles sigan chupando dinero e inventando excusas para justificar el sueldo. Y si no es así, quiero ver cuántas multas se han impuesto a Chávez, Maduro, Cabello, Varela, Silva y demás personajes de este macabro gobierno que desde que llegó al poder no ha parado de insultar, ofender, perseguir, sembrar odio y discriminar a todo el mundo.

Continue Reading

Si Simón volviera a nacer…

Si Simón volviera a nacer como hace 230 años sería igual un “oligarca” de familia rica, sangre extranjera, piel blanca y profesor particular. Tendría el mismo sentido de la justicia que aprendió leyendo a Voltaire y a Rousseau, pero  igual habría una señora trabajando en su casa, limpiando y haciendo la comida para cuando volviera de cada batalla. Seguiría pensando que tenemos la obligación de ser libres e iguales, sin llegar al ridículo de llamar “afrodescendiente” al Negro Primero. Hablaría varios idiomas, y bien, no machucaos ni para mofarse, sino como parte de su riqueza intelectual. Seguiría luchando por convertir América en la Gran Colombia, no sin antes haber sacado del poder a cuanto traidor, corrupto, ladrón, maleducado, desagradecido e ignorante estuviera señalando, persiguiendo y matando de hambre a los ciudadanos que no estuvieran de acuerdo con ellos.

Simón sería (según el vocabulario chavista) un “pitiyankie” pues, un “majunche”, un “escuálido”… Simón sería objeto de persecución, crítica, difamación y trampas del gobierno actual. Simón sería interrumpido con cadenas nacionales, pero se las arreglaría para hacernos llegar sus mensajes a través de internet. Simón habría sido encarcelado con cualquier excusa; se le criticaría por tener familia en el extranjero o por viajar, aunque el dinero de esos viajes saliera de su bolsillo y no de las arcas del Estado.  Simón sería amenazado constantemente y se le haría el favor de arreglarle una celdita en cualquier cárcel del país a ver si con eso se calla la boca.  Como Simón no creía en ningún Dios, excepto el de sus padres, ninguna religión sería perseguida ni juzgada.

O a lo mejor no, a lo mejor Simón no sería tan pacífico y se rebelaría dando planazos a cuanto indecente osó profanar su tumba con la excusa de descubrir cualquier pendejada para seguir cambiando los libros de historia. A lo mejor desenvainaría su sable para poner en su sitio a cuanto ladrón vivo o muerto haya usado su nombre para hacer lo que nunca un bravo pueblo debió permitir. A lo mejor agarraría su caballo y lo pondría a mirar a donde le diera la gana después de haber pateado bastante cada Hummer en la que pasean los ministros del “poder popular”. Simón agarraría por los testículos a cada militar venezolano que todavía los tenga para recordarles cual es su patria y a cual se deben, y sacaría a punta de machete a todos los intrusos que se mueven en las entrañas de nuestras instituciones.  Simón tendría al día su cédula de identidad y una partida de nacimiento bien grande que dijera que nació en Caracas.

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad no se rodearía de malandros, ni les tendería la mano, los encerraría a toditos en cárceles donde se jugaría fútbol con balones y no con cabezas de reclusos. Simón acabaría con ese rancherío que rodea Caracas, pero no a cambio de que le firmen la asistencia en una marcha ni que sean militantes de su partido. Simón se vestiría de todos los colores, no andaría ataviado de lujosas marcas mientras le dice al pueblo que el imperio o ser rico es malo. Simón sería lo suficientemente digno para aceptar una derrota sin trampear maquinitas ni esconder cuadernitos. Simón no permitiría que el Campo de Carabobo se convirtiera en un circo de mala muerte con prostitutas y todo…  Simón nos pondría a todos en los palitos, a los de dentro y a los de fuera.  Simón se comunicaría con su pueblo aunque fuera por cartas y de herencia nos dejaría sus enseñanzas, no su odio, su resentimiento, ni sus complejos, porque no los habría tenido; tampoco habría dejado cuentas millonarias en Suiza para parásitos que anduvieran por el mundo jactándose de ser sus hijos y poco más.

Si este 24 de julio Simón volviera a nacer, se moriría de nuevo, pero de tristeza, de decepción, de rabia al ver qué han hecho con su Caracas, qué han hecho con su Venezuela, qué han hecho con su ya no tan bravo pueblo que haciendo gala de su bondad se acostumbró a que lo sometan, se acostumbró a pensar en el puente, a hacer cola para comprar comida y a recibir limosnas porque le expropiaron su fortuna.  Si Simón volviera a nacer hoy no reconocería a esta Venezuela gobernada ilegítima y fraudulentamente, no reconocería los retazos que quedan de nuestra Constitución, y arrancaría de un tirón la fajita tricolor del brazo de los militares. Si Simón volviera a nacer se moriría de la vergüenza al ver que tanta ruina se ha hecho bajo su santo nombre, y que toda esta miseria y porquería se llama Revolución Bolivariana.

Querido Simón, mejor quédate allí donde estás, mejor sigue revolcándote en tu profanada tumba, mejor no abras los ojos para ver lo que nos están haciendo y nos estamos dejando…

Continue Reading

¿Qué haré?

Mi mamá se fue de viaje a explorar el centro del mundo con mi hermano y mi cuñada…
Como somos una familia estrictamente desorganizada, no tengo los datos del hotel, apenas sé cuándo vuelan y la aerolínea por la que lo hacen.

Nunca he sufrido de “mamitis”, pero está claro que la distancia potencia las necesidades de atención y cariño que todos los hijos tenemos.

Desde esta mañana quiero hablar con mi mamá, tengo algo que contarle y una duda para aclarar, pero no la encuentro, no tiene activado el roaming y no ha conectado su teléfono a internet; no sé en cuál hotel de esa gran ciudad estará descansando o admirando los muebles que le gustaría poner en casa.

No puedo hablar con mi mamá y siento un hueco en el estómago, me siento perdida… Acaba de venirme una fea sensación al cuerpo… ¿Qué haré cuando ya no reciba correos electrónicos sin texto porque todo me lo pone en el “asunto”? ¿Qué haré cuando algo me preocupe y ella no pueda decirme aunque sea por teléfono que todo va a salir bien? ¿Qué haré cuando vaya a Caracas y no la vea? ¿Qué haré cuando salga a la calle y quiera comprar algo pensando en ella? ¿Qué haré cuando ya mi teléfono no suene a las 3AM porque se le olvide la diferencia horaria? ¿Qué haré cuando esté conduciendo y no la vea sujetarse como un gato a todas las asas del carro porque crea que a 80Km/h estoy desafiando a la muerte?
¿Qué haré cuando ya no tenga que disimular el llanto o la gripe para que no sepa lo que me está pasando? ¿Qué haré cuando ya no me cuente la rabia que pasó en el supermercado porque pasó esto o lo otro? ¿Qué haré cuando ya no reciba llamadas sorpresa con la participación de primos o vecinos que no veo desde el año de la pera? ¿Qué haré cuando ante mi “Dios no existe” nadie me indique lo contrario? ¿Qué haré cuando ya no tenga que sentirme miserable por esconderle la caja de bombones para evitar que se coma uno por minuto? Sí, uno por minuto!!!

¿Qué haré cuando ya no tenga quien con una sola frase precedida por mi nombre completo me ponga en mi sitio? ¿Qué haré cuando ya no tenga que poner la calefacción a toda mecha para que su humanidad tropical aguante el invierno europeo? ¿Qué haré cuando ya aunque sea de forma subliminal nadie me diga lo mucho que le gustaría que me casara o jugar con mis hijos? ¿Qué haré cuando ya nadie me cuelgue el teléfono porque se ha enojado conmigo? ¿Qué haré cuando ya nadie me pida que le planche la ropa? ¿Qué haré cuando haya helado de vainilla y no un hueco que separe al de fresa del de chocolate? ¿Qué haré cuando a la hora de un problema burocrático ya no encuentre la solución firmada, sellada, registrada, legalizada y apostillada en la mesa? ¿Qué haré cada cumpleaños cuando ya nadie vuelva a contarme a las 5:30AM cómo vine al mundo y las 12 horas anteriores? ¿Qué haré cuando ya no tenga que explicarle a nadie cómo usar un aparato “moderno”?

¿Qué haré cuando haya llegado el famoso “cuando yo me muera”? ¿Qué voy a hacer cuando no tenga la certeza de su regreso como la tengo hoy? ¿Qué voy a hacer cuando de verdad mi vieja no esté?

¿Cómo se vive cuando te cortan de raíz? ¿Cómo se camina con semejante vacío por dentro? ¿Qué haré, qué haré, qué haré?!!!

A pesar de haber experimentado otras muy dolorosas, creo que nunca estaré preparada para “la pérdida”, da igual cuántos años tenga y las circunstancias en las que se dé; no estaré lista y punto. Sólo sé que ese día seguro me van a pesar aún más todos los cumpleaños por teléfono, los días de las madres, las navidades y años nuevos, todos los domingos, todas las consultas médicas a las que no la acompañé, todas las lágrimas que habrá derramado por tenerme lejos, todas las veces que algún malagradecido se ha aprovechado de su infinita bondad sin que yo pudiera defenderla. Ese día me pesará mucho más haber dejado mi casa, mi país para irme a un lugar tan lejano como la profundidad del hueco que le cavé en el alma. Incluso me pesará aún más no haber tenido más peleas tontas…


Acabo de hablar con mi mamá, no le dije la pesadilla que acabo de escribir y que por más que no quiera me tocará vivir en un futuro muy lejano en el que no quiero volver a pensar, no le hablé de mis temores, ni siquiera le dije que estaba escribiendo. Simplemente hablamos como cualquier otro día y una vez más le di las gracias por ayudarme tanto, por estar allí… Y le dije que la quiero…

¿Regresas en agosto, tanto? ¡Hasta mañana mami!

Continue Reading

Volver a la Ciudad de la Furia

Dicen que el primer amor nunca se olvida, y que el primer novio tampoco (no tiene que coincidir una cosa con la otra, ya lo sabemos). Y si hablo de todo lo conocido después de Valencia, mi primer amor fue Buenos Aires, fue en esa ciudad donde estrené mi flamante pasaporte de aquélla dorada República de Venezuela, el pasaporte que abría todas las puertas y mucho más si quien lo presentaba era una mujer; este es un recuerdo que guardo con la misma nostalgia que siento cuando veo que ese país ya no existe, y que por supuesto, muchas puertas se nos cierran en la cara sin siquiera preguntar.

A Buenos Aires llegué de la mano del amor que me llenó de rosas durante el rojo de un semáforo (sí, vendían impresionantes ramos de rosas en los semáforos), del que me vio bailar tango con un artista callejero en Florida, pasear por la Recoleta,  y que por nada del mundo quiso llevarme a la Bombonera para que regresara enterita a mi casa… ¿Exageraciones? ¡Boh! Ir a Buenos Aires fue unos de mis primeros sueños convertidos en realidad. Una ciudad cosmopolita, enorme, llena de todo lo que podía seducir a una jovencita.

Cuando mis amigos me preguntaron qué pensaba de la ciudad de la furia que Soda Stereo nos había incrustado en el cerebro, yo simplemente dije: “Buenos Aires es una París gigante con italianos divinos que hablan español”…  “Buenos Aires huele a nostalgia y a rock”. Porque eso fue lo que encontré, una ciudad monumental con todo hecho a lo grande, la 9 de julio con su obelisco, sus cúpulas europeas, el magnetismo en la mirada de los porteños, el orgullo de no pasar desapercibida para el mundo; la banda sonora que retumbaba en las habitaciones de muchos latinoamericanos: Fito Páez, Charlie García, Andrés Calamaro y Soda Stereo si tenías menos de cuarenta años, y los tangos del elegante Gardel si tenías más de cincuenta o abuelos muy cultos.

En mis primeros años la ingenuidad infantil me llevaba a pensar que en ese rincón remoto del mundo no vivía nadie porque todos caminaban de cabeza o se caían al espacio; luego entendí que si allí vivía Mafalda con sus amigos tenía que ser un lugar extraordinario capaz de desafiar todo, incluso a la gravedad. Esa curiosidad por conocer la que como vi ayer en la autopista hacia Ezeiza es “la ciudad de todos” se acentuó gracias a Gustavo, Zeta y Charlie… Mi hermano mayor los metió en casa escondidos en una cinta y  ya no los dejé ir… De hecho, me fui yo y  me llevé a Cerati conmigo…

La Buenos Aires que yo conocí era mucho mejor de lo que podía imaginar una muchacha que no llegaba a los veinte y vivía en un país tropical. No me decepcionó, tampoco lo hizo Mar del Plata ni sus edificios que me recordaban a Montecarlo.  Argentina era tan  grande que no cabía en toda la extensión de sus nueve letras.

Mi pasión por Buenos Aires es producto de su vino perfumado, esa carne que se disuelve en la boca y que hace pensar en ganado pastando albahaca genovesa,  es producto de la morriña gallega o italiana de los inmigrantes. Mi pasión por Buenos Aires se sonroja ante la mirada celeste de un porteño encorbatado, se deja caer en sus acogedoras librerías, o comer la oreja por ese acento de Federico Luppi o Héctor Alterio, se rebela como la niña a la que no le gusta la sopa, siente el hervor en la sangre de un hincha de fútbol,  se desgarra en el dolor de un tango, mira con nostalgia las luces del puerto, y suda en el Luna Park ante sus estrellas del rock.

Pero como dice la canción “veinte años no es nada”…  En menos de veinte años han destrozado a mi Buenos Aires Querido… La corrupción no es propiedad exclusiva de los venezolanos y las calles porteñas son prueba de ello. Menem, Cavallo y sus famosos “sobresueldos” que hasta hace poco eran una realidad lejana para los españoles que ignoraban la porquería que se escondía en el seno del Partido Popular, ya habían creado escuela en el fin del mundo; y De la Rúa huyendo en un helicóptero a falta de las pelotas que le sobraron para perpetuar el negocio que Cavallo llevaba tiempo montado como Ministro de Economía, allanaron el camino para que el populismo, la mentira y la corrupción pudieran no sólo mirar a dos lados al mismo tiempo y acaparar más, sino convertir a Argentina en la casita de muñecas o más bien la ruleta de la señora que quiere continuar forrándose como su difunto marido con el permiso de las instituciones partidistas que cree puede montarse a la medida como su otro difunto amigote que le regalaba plata. Sí, porque los “presidentes del pueblo” son así de espléndidos cuando los billetes no salen de sus bolsillos.

La Plaza de Mayo está blindada, la inquilina de la Casa Rosada dedica más tiempo a las sesiones de botox que a escuchar a los “descamisados” de lo que queda de Evita Perón revolcándose en la tumba, la 9 de julio es una cantera afeada por unos andenes que la encogen, Corrientes está sucia, Florida, Sarmiento, y Bolívar también… La miseria ya no tiene la cara de peruanos o bolivianos en busca de una vida mejor, la miseria se ha apoderado de los nacidos en la entera nación. La hipocresía reina en los discursos de la “viuda alegre de América” a quien cada vez se le hace más difícil justificar qué ha hecho con la plata de los argentinos, incluso la de los venezolanos… El peso cada vez vale menos, y si lo consigues en el mercado negro, que en Argentina se le llama “blue” porque hasta para eso son elegantes, mejor ni hablar. Los típicos asados de fin de semana comienzan a ser quincenales o mensuales porque la carne está por las nubes y cada vez es más difícil estirar el sueldo para llevar los fideos a casa. Ya no se camina por las calles bonaerenses pensando en cual será el piropo más bonito que te dirán, ahora vas con cuidado para que no te arranquen el bolso, el certero golpe de un pibe en bicicleta no te quite lo que llevas en la mano, o atenta porque esos secuestros y  muertos por armas de fuego los fines de semana son el nuevo estilo de vida importado de Venezuela, pues las telenovelas ya no son lo que eran. Si decides huir de las calles, te adentras en el subte rezando lo que te sabes (aunque no seas creyente) para no subir al tren de la muerte, no sólo por aferrarte a la vida, sino porque si la pierdes, nadie responderá por ella.

Buenos Aires se ve tan susceptible porque la veo transitar el camino que Venezuela ya ha recorrido y la ha llevado al barranco en el que vivimos, ese barranco del que parece no podemos salir porque ni terminamos de decidirnos, ni nadie nos echa un cable, pues quienes podrían o deberían hacerlo están muy ocupados contando los petrodólares con los que el chavismo les calla la boca.

Este fin de semana, una vez más pude “volver”, y como han pasado los años, sí que encontré en el espejo la frente marchita, especialmente después de correr para arriba y para abajo en los pasillos de un avión cargado de argentinos que también han decidido volver,  bien por vacaciones, o porque no encontraron en la vieja Europa la misma hospitalidad u oportunidades que el maravilloso Sur abrió a tantos barcos cuando en el otro lado del charco la cosa estaba fea.  Una vez más saboreé un vino delicioso, me comí poquito a poco un bife de chorizo que no quería que acabara nunca, desayuné medias lunas, me quité el antojo de empanada; me hice amiga de un taxista que me llevó a visitar a ese que siento como un gran amigo, sentí el frío del viento, y otra vez la nostalgia por esa ciudad de la furia  que mata a pobres corazones y que han convertido en  ciudad de la miseria y rabia contenida…

Ciudadanos del mundo, Argentina no es cuna de ladrones, contadores de milongas, estafadores del amor, futbolistas evasores, viudas calientes con afán de protagonismo, suciedad, irresponsables con aerolínea privada, corruptos con ganas de regresar a la Rosada (como si no la ocuparan ya otros de su misma calaña), militares asesinos, oportunistas y demás escoria… Todos esos cayeron allí por accidente, por desgracia.  Argentina es cuna de gente honesta, trabajadora, con ganas de laburar y disfrutar de las cosas buenas y simples de la vida; un disco, un libro, una Quilmes, un derby en la tele o el estadio, un asado con los amigos; una bella mujer a quien llamar “diosa”. Argentina es cuna de poetas de la prosa, del tango, el comic y  del rock; de genios en el arte de crear cosas buenas, y no trampas para hacerse con lo de los demás.  Más allá de quién lo haya dicho, Buenos Aires  es la ciudad de todos, porque en la ciudad de la furia cualquiera podría encontrar su lugar…

Mi Buenos Aires Querido, me verás volver, pero quisiera hacerlo a esa que conocí, a la que Jorge Luis, Gustavo, Fito, Carlos y Quino tienen talento para adorar. Quisiera profundamente volver  y que al hacerlo también pueda hacer cosas imposibles, quisiera volver y despertar a mi querido Cerati para decirle que ya ha pasado el temblor…

Continue Reading

Los abuelos son eternos e invisibles

Esta mañana leí un mensaje que me sacudió, lo escribió alguien con la misma suerte que ha tocado la vida de todos los que hemos tenido y disfrutado de una abuela. El mensaje decía: “Los ABUELOS no se mueren NUNCA, sólo se hacen invisibles”.  A esta maravillosa perla, una gran amiga añadió: “Los abuelos deberían ser ETERNOS”. Tengo que decir que una tiene razón, y la otra no, pero lo importante es lo que las ha llevado expresar eso que guardamos en lo más profundo de nuestros sentimientos, allí donde viven los recuerdos que nos acompañarán el  resto de nuestras vidas.

Mi abuela, era sencillamente la mujer más extraordinaria del mundo, ya sé que todos pensarán lo mismo de la propia y que todos pensarán que el resto se queda corto de la misma forma que lo hacen con las hallacas, lasañas, asados o paellas que nadie prepara mejor que nuestras madres… Y me parece perfecto, porque todos tenemos razón al decir “la mía es la mejor”. Los abuelos suelen corregir con los nietos los errores que han cometido como padres de la misma manera que somos mucho más respetuosos y cariñosos como nietos que como hijos y más estrictos como padres que como tíos. ¿Por qué? Porque la experiencia es un grado.

Tener una abuela es lo mejor que puede pasarte en la vida, es la versión mejorada de nuestras madres. Desde la que te enseña a hacer papagayos, cómo se injertan rosas o cruzar la calle,  pasando por la que te espera a la salida del colegio, te dice el secreto del guiso perfecto, te prepara la ensaladita de la dieta, está en primera fila en tus desfiles, te deja dormir hasta tarde, se ríe de tus gustos musicales porque rock era lo que ella escuchaba y no esas pendejadas que ponen en la radio, te mira de reojito para que ni se te ocurra soltarle la mentira que estás pensando, te da las mejores clases de historia contemporánea, te deja saquear su armario  en busca de trapos fabulosos o te da sus joyas,  hasta la que pone en los palitos a sus hijos porque ser abuela le ha reafirmado su autoridad como madre…

Una en mil facetas o mil facetas en una,  una abuela es un regalo que no nos cansamos de disfrutar y una relación así de especial no se rompe nunca. Por eso mi amiga se equivoca cuando dice que los abuelos deberían ser eternos, y es afortunada al equivocarse, porque sólo después de la desgarradora pérdida de una abuela puedes saber que definitivamente lo son… Se quedan allí, en tus venas, en mucho de lo que sabes, en tu carácter, en todo el amor que rediriges a tu madre, en tu forma de amarrarte los zapatos o picar los aliñitos. Los abuelos en su condición de superhéroes se vuelven invisibles, pero sólo eso, porque puedes sentir su presencia en la brisa que te acaricia la cara, en el asiento de copiloto, detrás cuando te miras en el espejo, y si eres sumamente afortunado a veces incluso sientes su perfume…

Somos egoístas y cuesta mucho evitarlo por eso cuando una abuela se va, hasta te enojas con ella por haberse permitido dejar el pelero así sin más, sin despedidas, sin un último beso o abrazo; y si la vida te da la oportunidad de hacerlo, no nos engañemos, tampoco es suficiente. Queda el consuelo del olor a café que cada mañana servía de despertador,  la suavidad del pelo con el que jugaste tantas veces, las canas que intentabas contar, las manos que con una caricia te quitaban cualquier dolor, la alegría de encontrártela en el hotel de Margarita cuando creías que se había quedado en casa, la tranquilidad de que eres lo que ella habría querido, y la esperanza de encontrarla de vez cuando en tus sueños.   A veces sientes ganas de que venga a buscarte y te lleve con ella, pero enseguida imaginas el trancazo que te habría dado por semejante tontería y todo vuelve a su lugar. Porque es innegable el temor a que la abuela nos soltara un “coquito” aunque nunca nos lo haya dado.

A ti mi querida y eternamente invisible…

Continue Reading

A los valientes:

Ser estudiante en Venezuela no es como serlo en cualquier otra parte del mundo. Para ser estudiante en Venezuela, además de voluntad, hace falta suerte y partirse el lomo.

Para estudiar en Venezuela no hay que pagar un realero en inscripción como ocurre en otras partes del mundo, pero  hay que empeñar un riñón para comprar libros porque las bibliotecas están peladas, las fotocopias se pagan, al transporte hay que montarle cacería para poder subir sin que te maldigan porque pagas menos pasaje o directamente no pagas.

En Venezuela un estudiante no se queja porque no haya papel sanitario en el baño, porque lo normal es que cargue una caleta en la mochila, no se queja porque no haya agua, se sorprende cuando hay, no se queja de que no hayan pupitres para zurdos, se alegra si consigue uno que no esté roto. Un estudiante en Venezuela no se queja del calor, se aguanta, y cuando llueve se aparta para seguir viendo clase sin que las goteras  le mojen los apuntes.  Un estudiante venezolano no lucha contra el sistema, lucha contra la corrupción, los delincuentes que se caen a plomo dentro de la facultad, los vagos que no paran de quemar todo lo que se les antoje, los enchufados que amenazan cuando hay elecciones en los centros de estudiantes, los sueldos miserables de profesores de verdad, no de tarifados piratas que hablan y hablan a ver si aumentan las ventas de sus libros.

Allá donde nació el Bolívar que desde años los patriotas de pacotilla no han hecho más que arrastrar, los estudiantes no aspiran a becas con una nota que supera el “aprobado”,  se queman las pestañas por la máxima a ver si le dan una aunque sea para sacar fotocopias.

En las universidades públicas venezolanas falta agua, pintura en las paredes, iluminación en los pasillos y alrededores, ascensores en funcionamiento, libros en las bibliotecas, presupuesto para cubrir sueldos decentes, instrumental en los laboratorios,  seguridad, y una larga lista de cosas que en el resto del mundo son imperceptibles.  Pero lo que no falta en esas universidades es valentía, buena voluntad, ganas de estudiar, talento, profesores y alumnos brillantes, horas de sacrificio, gente con un pie dentro y otro fuera del autobús para no llegar tarde a clase, vendedores de rifas para pagarse la toga y el birrete, una enorme necesidad de democracia de la de verdad, no de la que amenaza, manda pistoleros o hace trampa. En las universidades venezolanas sobran los malandros, los encapuchados, los piratas que previo pago llegan de todas partes del mundo a engordar el currículum hablando bien del gobierno. Sobran los “revolucionarios” que secuestran, amenazan y destruyen lo poco que queda.  Sobran los parásitos que se están criando para llegar a ministerios con un título que no vale más que las estampillas que pagaron para obtenerlo.

El alma máter venezolana es esa que ayer recorrió sin miedo las calles de Caracas y otras ciudades. Los estudiantes y profesores de verdad son esos que no quieren una huelga pero deben recurrir a ella para defender la UNIVERSIDAD, para recuperar la libertad. Y todo lo demás, ministros incapaces, jueces mediocres, miembros de asociaciones de enchufados, medios de comunicación prostituidos y otros alcahuetes SOBRAN.

Muchachos, desde un sistema educativo que sufre las consecuencias de las malas decisiones de otros, desde la nostalgia que añora profesores universitarios de los que enseñan sin querer imponer sus ideas y estudiantes que vayan más allá de escribir bobadas en las paredes, los apoyo orgullosa de lo que han hecho y deseando que muy pronto todos salgamos de este hueco.

Continue Reading

Por si acaso…

Creo que decidí ser aeromoza cuando todavía no había comenzado la escuela primaria… La culpa de todo la tuvo Viasa y su maravillosa publicidad…

Desde hace años cuando llega el momento, me levanto, me arreglo sin olvidarme de la crema hidratante, de revisar una y otra vez que no haya arrugas en el uniforme, que los zapatos estén brillantes, el moño en su sitio, y que llevo en el bolso el pasaporte, la licencia y la máscara de pestañas.

Desde hace años cada vez que me pongo mi uniforme, siento que de verdad tengo alas, porque de verdad las tengo aunque sean de acero…

Pienso en la cantidad de personas que me cruzaré por el camino, llenos de ilusión por volver a su tierra, disfrutar con sus amigos, comenzar una nueva vida, despedirse de lo que ya no quieren, e incluso encontrar el amor… Porque muchos se suben a un avión sabiendo que será la primera o deseando que sea la última vez.

Saco mi mejor sonrisa incluso a esos maleducados que no saben decir “buenos días”, “por favor”, y mucho menos “gracias”. Camino por las pasarelas de ese tubo que surca los cielos  y soy feliz…

Antes de despegar me repito una y otra vez todo lo que debo hacer, decir y llevarme en caso de tener que pegar la carrera al tiempo que deseo profundamente que nunca tenga que hacerlo. No es algo que me perturbe, pero cuando lo piensas bien te vienen muchas cosas a la cabeza, las mismas cosas que ninguno de nosotros piensa cuando salimos de casa, o más bien no quiere pensar: Y si no vuelvo???

Hoy mientras me arreglaba ilusionada con volver al cielo, quise escribir esto… Por si acaso…

Si no volviera (que volveré) ya le he dicho a todas las personas importantes cuánto los quiero, he ido mucho más lejos de donde habría podido imaginar, he cumplido muchos de mis sueños, he tenido una familia fantásticamente imperfecta (como la de todos), amigos maravillosos, he dormido en los brazos del amor de mi vida (aunque todas las noches del mundo no serán suficientes) he llorado de tanto reír, he reído por no llorar… He hecho lo posible por convertir en realidad los sueños de otros, y hacerlo ha sido parte de los míos. He luchado por mi país, por lo que quiero. He dado lo mejor de mí sin dejarme nada en el tintero.

He sentido la hierba acariciar mis pies al caminar y he bailado sobre vertiginosos tacones.

He conocido la amargura de la traición. He comenzado de nuevo una y otra vez, y seguiré haciéndolo cuantas veces sea necesario.

En resumen, a pesar de los momentos duros he tenido muchísima suerte y he aprendido muchísimo. Aún tengo muchísimas cosas pendientes, me quedan muchos besos por dar, pero hoy estuve pensando en esto y necesitaba decirlo … Por si acaso…

Continue Reading

Más allá de las nubes

 

Hace días llueve sin parar y esta primavera se ha disfrazado de un largo noviembre. Lejos está nuestro querido calorcito, ese del que nos quejamos cuando estamos en el lugar donde siempre hay sol, ese que tanto extrañamos cuando el frío y el viento nos azotan. Llueve tanto que es necesario cerrar las ventanas y encerrarnos en una burbuja que no nos deja disfrutar del maravilloso olor a  tierra mojada, porque ni es la misma lluvia, ni es la misma tierra, y por supuesto, tampoco es el mismo olor. Nuestra tierra huele diferente, tiene un cálido perfume a mango, infancia, mar, a amor… Y esta que nos rodea, si acaso huele a nostalgia.

Pasan las horas y las luces se esconden mientras nos preguntamos cuánto durará esta tristeza, cuándo se abrirá el cielo y volveremos a sonreír.

Cuesta mucho acostumbrarse a esta vida gris, lleva tiempo cambiarla y pintarla de esperanza como dice la canción.  A veces parece que ese momento nunca llegará, la incertidumbre y la impaciencia nos invaden. Sin embargo, una voz nos susurra que no falta demasiado para que despertemos de pronto, el viento sople a favor, la sonrisa se apodere de nuestro rostro, el brillo reaparezca en nuestros ojos, el cielo vuelva a ser azul. Esa voz nos recuerda que más allá de las nubes y aunque la lluvia no nos deje ver, siempre hay un sol… Y una luna también…

Continue Reading

De aquellos polvos vienen estos lodos

 

Anoche estaba pensando en qué iba a publicar antes de que se acabara la semana. Mientras escogía un tema supe que en Venezuela se iba a anunciar algo IMPORTANTE. Me acosté como a las dos de la mañana  y a cada rato revisaba a ver si se había dicho algo ya…  Me ilusiona pensar que Henrique Capriles tuvo piedad de sus compatriotas de este lado del charco y nos dejó dormir tranquilos sabiendo que a una hora normal tendríamos acceso a la esperada comunicación. Lo de dormir tranquilos tiene una doble lectura. La primera, esa sensación que nos permite conciliar el sueño a quienes tenemos la conciencia en paz, y la segunda, esa curiosidad digna de cualquier niño que se acuesta la Nochebuena deseando que amanezca y ya sea Navidad. Así dormí, con mi conciencia tranquila y esperando un regalito.

 Hoy tuve que contener las náuseas al oír a uno de los personajes más despreciables de mi país hablar de corrupción, fusiles, sangre, conspiración, corrupción, traiciones, revoluciones, dinero, corrupción, mentiras, chismes, fraude, corrupción, manipulación, miedo, basura, corrupción, más basura, más corrupción, y más basura como si se tratara de un juego de chapitas. ¿Se acuerdan cuando de pequeños en nuestras calles se jugaba béisbol con chapitas? Pues en Venezuela el gobierno de turno se revuelca en un chiquero con mucha más facilidad que hacer un hit con una chapita.

La confusión se apodera de algunos y la certeza nos sonríe a muchos otros,  los mismos que sabíamos desde hace tiempo lo que hoy salió de esa boca. No hubo sorpresa porque nada proveniente de este lodazal que lleva años acumulando estiércol puede sorprendernos excepto la ligereza con la que se habla de la vida de muchos venezolanos que parecen ser una personificación de “El Coco” digna de recibir plomazos por salir a la calle a cacerolear. Porque al gobierno no le gusta el ruido de las cacerolas, prefiere el de los fusiles disparando.

Por primera vez no me preocupaba la “providencial” intervención de una “cadena nacional” porque estaba segura de que a los involucrados les interesaba más que al mismo pueblo saber lo que se dice cuando dan la espalda. Los amigotes de toda la vida resulta que no son tan amigotes, lo que se catalogaba de inventos de un periodista resulta ser el chivatazo de uno de la casa, las denuncias de la oposición que se han descalificado por todos los medios resulta que tienen fundamento, el fraude electoral no sólo es posible sino mucho más que evidente. Las arcas venezolanas ya no aguantan más saqueos y los enchufados ya tienen asegurado el futuro propio, el de sus hijos, nietos, mujeres y barraganas.  Por primera vez escuchaba una confesión tan asquerosa como indignante, y por primera vez tenía la sensación de que POR FIN esos venezolanos que siguen creyendo en pajaritos preñados van a abrir los ojos y a entender que no podemos seguir viviendo bajo este régimen de hambre, inseguridad, represión, corrupción, hipocresía, ineficiencia e injusticia. El chavismo se hunde en su propias heces, pero da sus últimas patadas de ahogado tirando al ejército a la calle para que “controle” el hampa que ha propiciado con su discurso de odio, su pasividad y alcahuetería.

Después de casi doscientas mil muertes violentas en catorce años en los que los cuerpos de las morgues han sido catalogados de “sensación”, después de continuar con el show cuando les ha parecido conveniente, después de  despreciar a unos muertos sobre otros porque parece que sólo los que llevan el 4F en el brazo tienen dolientes. Después de prostituir  a las Fuerzas Armadas, resulta que ahora el gobierno va a imponer la seguridad soltando a un gentío armado a la calle, ese mismo gentío que hace poco más de un mes disparaba indiscriminadamente con la certeza de no responder sobre sus actos y mucho menos sobre sus víctimas. Después de todo este berenjenal el gobierno militariza las calles, pero no se engañen, aquí la única seguridad que se protege es la del mismo gobierno para que siga generando miseria, corrupción, escoria.

Termino de escribir esto para irme a dormir con la esperanza de que el mundo nos haga caso, con la preocupación por las consecuencias de la confesión que ha puesto en jaque al gobierno ilegítimo que pinta las calles de un verde militar dispuesto a teñirse de sangre. Me voy a soñar con el fin de esta pesadilla, con la libertad y la unión de los venezolanos… Me voy a dormir con la conciencia tranquila, no como la de quienes han convertido sus polvos en lodo…

 

 

 

Continue Reading