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Un día…

Despertarás y te darás cuenta de que es demasiado tarde, que ya no importa si se te olvida mi cumpleaños, si no me pagas los estudios, si he mudado los dientes. Ya no importa que no sepas cómo se llaman mis amigos, qué quiero hacer cuando crezca, si me porto bien o no, si hago las tareas fácilmente o si la flojera me invade por las tardes.

Ya no importa que fuera la única con una sola silla reservada en los actos de fin de curso, la única con una sola familia, un solo par de abuelos. Ya no importa que no reconozcas mi voz porque dejaste de llamar por teléfono, que no sepas cómo huelo, cómo es mi letra, qué me gustaba jugar, comer, ver en televisión, cuántas veces tuve fiebre, si miraba para los dos lados antes de cruzar la calle o me arriesgaba compitiendo con el color de los semáforos.

Ya no importa que vivas postergando una y otra vez tus visitas, que inventes excusas para no estar en navidad, que me dejes vestida, peinadita y con una sonrisa marchita por la desilusión. Ya no importa que no sepa qué responder cuando alguien me pregunta por ti, que recibiera regalos que nunca mandaste, que otra persona me enseñara a andar en bicicleta…

Ya no importa que critiques la forma en que me han criado, que no te guste el deporte que practico o las canciones que canto. No importa que no hayas estado en mi primer día de colegio, cuando gané mi primer trofeo ni en mi primera derrota. Ya no importa que  no me vieras sonrojarme con mi primer novio, llegar a casa emocionada después de mi primer beso o el día en el que dejé de usar uniforme y entré en la Universidad.

Ya no importa que no me defendieras de alguna agresión, que no te trasnocharas esperando que llegara de una fiesta, que estuvieras sólo en las fotos viejas, que no me vieras llorar por mi primer amor…

Ya no es necesario, no hace falta de verdad. No te molestes en querer conocerme, no intentes llenarte la boca con halagos vacíos, no le digas al mundo quien soy, pero sobre todo no le digas a nadie quien eres; porque a pesar de todo el arrepentimiento, ya no tienes tiempo, es tarde…

Ya crecí, soy feliz, he hecho todo lo que he querido y los sueños siguen formando parte de mi vida. Te extrañé, te lloré, pero hace tiempo que no y a falta de uno tuve muchos. Me acostumbré a tu ausencia, no necesito tu cariño, no te espero, no te sueño, no me acuerdo de tu cara, de tus ojos, no recuerdo un beso, ni siquiera un “te quiero”…

Papá, todos tenían razón,  llegó el día de cargar con el peso de tus decisiones, ese que llevé por ti durante todo este tiempo… Aquí te lo dejo.

                                                                                                                                      Para Gala (de adulta).

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Caja mágica.

A pesar de todo lo que ocurre, hoy no tengo ganas de hablar de lo mismo. Hoy tengo ganas de cosas bonitas y entre las cosas bonitas de la vida de muchos está la radio.

Recuerdo que la radio siempre estaba encendida, mi abuela preparaba el desayuno con el noticiero de fondo y luego la casa se subía a un Satélite que llenaba de humor y música cada rincón. Era la época del uno por uno, es decir, una canción de un artista nacional por cada extranjero. Ese proteccionismo musical trajo la época dorada de la canción venezolana, Franco De Vita, Guillermo Dávila, Yordano, Carlos Mata, Karina, Melissa, Daiquirí, Guillermo Carrasco, Frank Quintero, Aditus, y muchos más. Era también la época de esas voces imponentes que en la mayoría de los casos proyectaban a una especie de James Dean con audífonos que en realidad era más feo que un carro por debajo. ¿Hay algo  mejor para soñar que la imaginación?

La televisión también me atraía, supongo que era normal en una niña de cuatro o cinco años. Me pegaba a la pantalla intentando ver a dónde iban los actores cuando desaparecían de la misma, prefería ver las comiquitas en blanco y negro en un televisor con patas cuyas pulgadas superaban notablemente a las del moderno a todo color.  Sin embargo,  no me atrapaba, no tenía misterios…  La radio era mi objetivo.

Me asomaba por la parte de atrás del aparato y veía perolitos de colores ordenados como si se tratara de una ciudad en miniatura. Pensaba que los cantantes eran más pequeños que mis dedos y aunque no lo veía me imaginaba a Guillermo Dávila en su moto yendo de una estación a otra para cantar. Creía que todo era en vivo y que los discos eran para que los escucháramos en casa porque los cantantes eran de otro mundo, de ese mundo pequeñito. Allí comenzó la magia, porque la radio es principalmente magia. Aunque ha evolucionado, ahora se deja ver la cara, han desaparecido los grandes estudios con su parafernalia y muy pocos la escuchan desde un aparato con antena retráctil,  no ha perdido su encanto.

Gracias a esas dosis de música, noticias y publicidad que acompañaron mi infancia junto con la curiosidad que me caracteriza, un día me decidí, me acerqué, toqué a su puerta y la radio me abrió… Aprendí muchísimas cosas, hice grandes amigos, consumí música como nunca, me llené de canciones incluso mientras dormía… Y fui feliz. Sólo quien ha vivido esa experiencia sabe que la radio alimenta, enriquece y hace crecer.

He ido a muchísimos lugares y una de las primeras cosas que hago es pasearme por el dial buscando una emisora que me dé nota; que me haga subir el volumen y cantar como si no hubiera un mañana. Pero no, nada que ver. Bueno, debo hacer un par de excepciones en Italia y Argentina donde encontré lo más parecido a la que me gusta en estilo, sentido del humor, y por supuesto música.

La ventaja de esta era es poder escuchar desde cualquier parte del mundo la radio que te gusta, la desventaja es que con la diferencia de husos cuesta mantener el vínculo con esa voz que antes conocías tan bien que considerabas tu amiga; no porque ya no lo sea, sino porque terminas viviendo vidas paralelas, estás pero no estás… Como ya no aguanto ciertos trotes intento no volverme loca y aunque la sigo desde lejos, no hay nada como llegar a Venezuela, encender la radio y darme el gusto de escucharla a la hora que es y en el mismo lugar.

Este es mi humilde homenaje a todas y cada una de esas voces que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas, nos han hecho reír tanto que fuimos objeto de miradas raras, han servido para montar un bochinche, cantar jonrones,  soportar una cola, hacernos menos amarga la tristeza o gritar contentos “felizaaaaaañoooo”.

A ti querida radio que has sobrevivido a multas, acoso, cadenas, obligaciones absurdas y abusivas, a ti y a todos los que valientemente siguen aferrados a tus micrófonos para acompañarnos en medio de tanta confusión e injusticia, gracias, muchísimas gracias y que sigan emitiendo… Ojalá en libertad.

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Balas para todos

Oswaldo era un joven y talentoso estilista, de pelo envidiable, mirada expresiva color miel, ocurrente sentido del humor y muchas ganas de vivir… Encontró la muerte el 13 de febrero del 2000 cuando durante un atraco el terror le hizo huir para intentar salvar una vida que cegaron las balas al alcanzar su espalda.

Orlandito era un chamo humilde cuyo padre nunca se ocupó de él ni de su hermana. Dejó de estudiar para trabajar y ayudar a su madre para que los tres salieran adelante. Una tarde un policía le disparó por la espalda. Tuvieron que salir los vecinos del barrio a defender el honor del muchacho porque para justificar el crimen el asesino quiso acusarlo de delincuente.

Miguel es uno de esos hombres que por donde camina deja una estela de paz, tranquilidad y armonía con el universo. Su concepto de la libertad y modesto sueldo de profesor universitario le impedían poner rejas a su casa. Todo iba bien hasta que un día unos tipos entraron sometiéndolo junto a su mujer haciéndole sentir cada minuto que sería el último y que su hija lo encontraría en el suelo del baño amarrado y rodeado de un charco de sangre. Se lo llevaron todo y después de unos minutos de silencio Miguel dio gracias por no estar rodeado del charco de sangre que se imaginaba… Tardó dos días en poner rejas.

Juanito es un niño que a los 7 años junto a su hermanita de 3 se colaba en la cama de sus padres. Ambos tuvieron que ver cómo una madrugada sus padres que intentaban cerrar la puerta de la habitación se rindieron ante una mano que se asomaba empuñando una 9mm. Vio el hueco en el techo por donde entraron  los ladrones y cómo destrozaban su casa mientras a él le apuntaban en la cabeza. Pasado el ataque ayudó a sus padres a desatarse… Ya tiene 8 años y cada vez que escucha un ruido se tapa los oídos y sale corriendo a esconderse.

Mary es una mujer joven, bella y felizmente casada con un gran hombre. Hace mes y medio cuando por la tardecita regresaban a su casa, unos tipos los interceptaron en la entrada del garaje, los “acompañaron” hasta adentro y se llevaron todo lo que tenían encima. De nada sirvió andar en un carro blindado y manteniendo un “perfil bajo”. Mary y su marido están buscando casa fuera del país.

Anaís es una joven médico a la que no le gusta que le pongan el título en femenino. Tiene una atractiva piel morena y una fortaleza envidiable. En agosto del 2011, cuatro semanas antes de graduarse perdió a una compañera de promoción en un ataque a tiros a los residentes que acababan de terminar la guardia en el Hospital Carabobo. Anaís siempre lleva dos mochilas cuando va a trabajar, una con comida y la otra con medicinas y material médico, pues más de una vez ha tenido que suturar heridas de bala mientras le apuntan en la cabeza para que lo haga bien aunque no tenga recursos.

Rosa es una profesora de Historia del Arte extraordinariamente generosa que durante toda su vida ha sembrado bondad y dulzura. Hace años enviudó y casi todos sus hijos (los de sangre y sus ex alumnos) emigraron. Vive sin lujos, lo poco que tiene lo da, probablemente por eso nunca le falta nada. Un día llegó del colegio y la habían mudado. Rosa alberga tristezas en su mirada, una de ellas es haber ido al funeral de un ex alumno al que con 20 años mataron por resistirse a un atraco no muy lejos de donde meses antes moría Oswaldo el peluquero.

Patricia era una mujer valiente, trabajadora con una familia muy unida, tenía 39 años y tres hijos. Fue enterrada hace pocos días, le dieron un tiro en la cabeza y otros 15 en el resto del cuerpo mientras estaba estacionando su carro frente al lugar donde llevaba años viviendo. La amiga que la acompañaba y también sufrió heridas de bala (una de ellas en la cara) ahora se juega la vida en la UCI.

Según un artículo publicado el 3 de junio del 2012 en el diario venezolano El Universal, en Venezuela se habían producido 155788 asesinatos desde 1999, si a eso le sumamos los del resto del año y los más de 3400 muertos del primer trimestre del 2013 no es de extrañar que me quede corta señalando sólo algunas historias de gente que conozco y/o conocí. Aquí no están todos los difuntos de los pésames que he tenido que dar, ni todas las horas de angustia durante secuestros. Tampoco los atracos en los semáforos, centros comerciales, autopistas; etc. Esto es simplemente una pincelada de lo que cada venezolano tiene que contar. Porque detrás de cada asesinato por parte del hampa que es quien verdaderamente manda en el país, hay hijos, nietos, padres, hermanos, maridos, mujeres, tíos, sobrinos, primos y amigos…  Las balas no preguntan dónde vives ni por quién votas y son muy pocos los venezolanos que pueden decir que no han sido tocados por la sombra de la muerte o el olor a pólvora que dejan. En Venezuela hay para todos…

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No somos traidores

Somos muchos los que por diferentes motivos un día decidimos dejar nuestra casa, familia, amigos y amores para irnos a otra tierra a empezar de nuevo. Sin ventajas, sin enchufes, sin apoyo, sólo con la maleta llena de trapos inadecuados para el invierno, ilusiones, un título enrolladito (que sigue enrolladito y sin homologar) un paquete de Toronto y una lata de pirulín para aguantar hasta que el primer valiente se uniera o viniera a visitarnos. Un bolsillo lleno del  dinero reunido durante el proceso de indecisión,  y por si acaso con las groserías bien aprendidas en todos los idiomas posibles, para por lo menos saber cuándo nos estaban insultando.

Muchos quisimos tirar la toalla más de una vez y mandar a donde se merecía al ignorante de turno,  agarrar el primer avión cuando no teníamos cerca a nadie que nos hiciera un caldo para pasar la gripe. Muchos gastamos todo lo que nos sobraba del sueldo en tarjetas, facturas, cibercafés, estampillas, y cuanto medio nos permitiera seguir en contacto con los que se quedaron en casa o con los otros que estaban desparramados por el mundo. Muchos tuvimos que autocantarnos cumpleaños, cenar solos en Navidad, trabajar en Año Nuevo para que el trago fuera menos amargo. Muchos nos perdimos los momentos importantes en la vida de nuestros seres queridos, no sólo la cotidianidad, sino esos memorables. Somos los eternos ausentes en las bodas, nacimientos, graduaciones, incluso de los funerales. Nos hemos convertido en facebooktwitterskypewhatsappviberfacetimedependientes, y eso después de haber superado la era de la icqmessengerpostalelectrónicafaxdependencia.

Hemos hecho nuevos amigos, formado una familia o hemos sido adoptados por la de otros. Nos hemos acostumbrado al frío, al trasporte público porque por estos lares nadie da la cola, a caminar sin aferrar la cartera como si se tratara de la vida, a usar los hospitales públicos, a no dejar la luz encendida, a abrir las ventanas antes que encender el aire acondicionado, a dejar las frutas tropicales para los momentos especiales y atiborrarnos de fresas grandotas que sólo comíamos en la Colonia Tovar. Hemos aprendido a cruzar por donde se debe, conducir como se debe, bajar y subir donde se debe, a sentarnos en el autobús o ir apretados pero nunca colgando en la puerta, al silencio, a los parques con los columpios puestos, a la basura en las basureros, a la radio maaaaaaala y sin humor, al acento de Los Simpson, a cargar muchas moneditas en el bolsillo y reírnos solos pensando que rompimos el cochinito. Hemos aprendido a explicar a un carnicero cuál es el pedazo de carne que queremos para hacernos una carne mechada, y a que nos mire raro si le encargamos un pernil. Hemos llorado amargamente cuando al caminar por una calle lejana un artista callejero toca “Moliendo café”. Hemos sido hormiguitas ahorradoras para organizarnos una vacaciones en nuestra casa.

Nosotros no somos millonarios porque ganemos en dólares, euros o libras, no somos extranjeros porque tengamos doble nacionalidad, no somos sudacas, ni canarios.   Somos un montón de gente que le ha echado pichón, tanto como en nuestro propio país, pero con las oportunidades que allí no nos deparaban estos catorce años. Nosotros somos testigos del cambio porque para poder ver la totalidad de las cosas, hay que tomar distancia. Somos unos nostálgicos permanentes que añoramos el lugar donde nacimos y crecimos, pero ese, incluso como era cuando nos fuimos, no el que ya no reconocemos.

Nosotros criticamos al gobierno de nuestro país, pero también al del que nos acoge. Nos quejamos de lo que va mal allí y aquí. Buscamos soluciones para los dos lados, queremos mejoras en los dos lados porque tenemos derecho a ellas. En el primero porque aunque estemos lejos nunca hemos dejado de ser venezolanos, y en el segundo porque somos ciudadanos pagadores de impuestos y eso nos da derecho a exigir.  Nosotros somos los que con las tripas revueltas le reclamamos a los que ni siquiera saben cómo se hace un papelón con limón que ponga de ejemplo lo indefendible. Sí, porque por aquí abundan los que ponen a Venezuela como modelo de no sé qué, pero ni a palo se desprenden de sus beneficios y se van con sus macundales a vivir todo aquello de lo que nosotros salimos huyendo.

Nosotros somos esos con amigos en todo el mundo que siempre tenemos visita en casa, que cargamos y pedimos encargos, esos mismos que sufrimos paranoias nocturnas preguntándonos si nuestros seres queridos están en casa sanos y salvos, que aunque estemos pasando el peor trago de nuestras vidas siempre le decimos a nuestras madres que “estamos finos”. Nosotros somos los que hacemos reír a nuestros nuevos amigos, los que les decimos que tienen que conocer el mejor país del mundo, pero que no vayan solos. Nosotros somos los que dejamos “el pelero”, sí, es verdad, pero somos venezolanos, amamos a nuestra patria, la extrañamos y siempre pensamos que aunque sea viejitos vamos a regresar.  Nosotros somos los que aguantamos el chaparrón  solos y desde lejos, nos fuimos y merecemos el mismo respeto que los que se quedaron, pero mucho cuidado, no se equivoquen,  estamos lejos pero no somos traidores!!!

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Para muestra un botón…

¨Je suis diplomatique, je suis diplomatique!!!!!! ¨ gritaba groseramente en un francés que daba más vergüenza que lástima y viceversa, un hombre con una prepotencia típica de aquél que se cree el ombligo del mundo, con aires de Primera Clase, pero que viaja bien arrinconado en Turista…

Así comenzaba una tarde más en el Aeropuerto de Barajas, donde un vuelo con destino a la cosmopolita, fascinante y tristemente peligrosa Caracas, estaba por despegar…

Todo el mundo aguardaba su turno y seguía las instrucciones de los empleados de la línea aérea que paciente, educada y justamente, pusieron en su sitio al grosero que ventilaba su carnet de funcionario consular… ¨Espere su turno, seguimos un orden y la profesión no es una prioridad¨.

El lamentable espectáculo causaba estupor entre los pasajeros que no sólo se sentían ofendidos por el ¨vivo de turno¨, sino también por saber que ese ¨vivo¨es quien nos representa desempeñando quién sabe qué labor diplomática, obviamente de la misma vergonzosa, corrupta y ridícula manera que se hacía notar entre el resto…

Esos venezolanos que pagan impuestos, hacen sus carpeticas para pedir permiso al gobierno venezolano para gastar su propio dinero, y aguantan infinitas colas para comprar harina de maíz, pollo, leche, azúcar… Esos venezolanos afortunados que se pueden permitir darle uso al pasaporte, aunque sientan ganas de esconderlo cuando personajes de tercera arrastran el gentilicio de una manera tan deprimente, esos mismos personajes que van por la vida ventilando ¨la chapa¨ mientras viven a costillas de todos…

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Declaración de intenciones

A veces la cabeza se te llena de tantas palabras que cualquier modo de expresarlas se te hace pequeño… Son ideas que quieres contar al mundo, entendiendo como tal a todo aquél que con seguridad me leería (porque para eso están los amigos) y a todo el que sienta curiosidad sin más.

A veces pasan cosas tan importantes que tal vez son demasiado material para comprimirlo una notita, otras tan sencillas que ni acumulando un bojote darían para una edición de cuentos cortos en formato bolsillo.

El hecho es que un día me decidí y dije a uno de mis amigos de esos que saben de teclas, nodos y dominios ¨ayúdame a crear mi propia página web… No te rompas la cabeza, sólo necesito un lugar con nombre y apellido, unas nubecitas, y que estés pendiente cada vez que pegue un grito¨.

Mi amigo se movió con una agilidad ejemplar, tanto, que esta página existe desde hace casi seis meses, y no había tenido tiempo material ni brazo derecho para dedicarle ¨ un ratico¨.

Lo que acabo de comenzar es lo más parecido a un matrimonio (aparte de ese al que de forma masoquista me someto con mi compañía telefónica). Esto es un compromiso, y veremos si sale bien o si dentro de poco quiero divorciarme. Ilusión hay, mucha, pero como en todo matrimonio, hace falta mucho más que ilusión para que tenga una vida larga y feliz.

Más de una vez los acontecimientos que me rodean han tenido la virtud de revolverme la sangre y empujarme a escribir sin parar… No obstante, las lesiones, el tiempo y los asuntos urgentes me han sujetado fuerte dejando al empujón sin efecto.

En adelante si quieren acompañarme en esto, sólo tendrán que tener claro lo siguiente:

Declaración de intenciones:

Lo que escribo, muchas veces lo contaré como cuando vuelvo a encontrarme con mis amigos y dejo lo mejor para el momento en el que estemos todos juntos; otras como cuando le hablo al oído a mi mayor confidente, y muchas otras como cuando desde la propia butaca le pregunto cosas a eso que no me gusta, me afecta o me cuesta entender.

Esto no es la verdad absoluta, como tampoco lo es la de ningún otro (por más que nos digan lo contrario). No es un espacio para pelear, agredir, ni irrespetar a nadie… Es simplemente una hojita llena de reflexiones, quejas, preguntas y mucha buena intención. Dicho esto, la ventana queda abierta para que se asomen cuando quieran, y a quien no le guste, cabe recordarle que en un ángulo de la pantalla hay una ¨x¨pequeñita a la que puede dar click y olvidarse de mí…

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